Mayo 12, 2005

Es predicar en el desierto...

Es predicar en el desierto... pero no importa.

Con estas palabras termina Los abajo firmantes, una película española que gira en torno a las protestas que el sector de la cultura, y más concretamente el del cine español, dirigió a principios de 2003 contra el entonces gobierno popular, pidiendo el NO a la guerra contra Irak.

En mi opinión la película no es gran cosa, aunque sus últimos 15 minutos valen la pena por sí solos por el derroche interpretativo del reparto.

Pero no es de la película de lo que quiero hablar, ni de la guerra de Irak, de la que ahora todos conocemos los motivos y hemos sufrido sus consecuencias. Es de esa última frase con la que he comenzado a escribir y en definitiva de la moraleja amarga de la película. Del sentido de nuestras palabras... si es que existe.

Es predicar en el desierto... pero no importa.

¿Realmente no importa? ¿Realmente sirve de algo hablar si nadie nos escucha? ¿Si nadie cambia aunque sea un ápice de su ser, de su pensamiento o de su conducta tras oir nuestras palabras?

A veces sentimos que predicamos en el desierto cuando hablamos, como comentábamos ayer en nuestro último pasaje. Dejemos a un lado la impotencia que vivimos en esos momentos y centrémonos en el sentido. El sentido es el alma del predicar... aunque lo que prediquemos sea polvo.

Si un árbol cae en un bosque y nadie lo oye caer... ¿hará ruído? Quizás no, no lo sé. Pero lo que sí sé es que si no lo hace nadie podrá oirlo.

¡Habla! Aunque sea al silencio... porque nunca sabes si te estará escuchando.

Vivo en la esperanza de que al hablarle al viento, él lleve a alguien mis palabras.

Escrito por Eydrom a las Mayo 12, 2005 03:36 AM

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