Esta noche me siento triste. Una conversación teléfonica de esas que no terminan como deben, de esas en las que cuesta sacarle el beso de buenas noches... Cuando he empezado a escribir no sabía muy bien por qué lo hacía. Tres horas después, tras mucho teclear sin detenerme a leer (como hace tiempo acostumbraba a hacer) lo veo todo un poco más claro.
En los últimos meses me he sentido triste algunos días sin saber por qué, y no se lo he contado a nadie, ni siquiera a ella. Supongo que porque no he querido preocuparla en la distancia, pero sobretodo porque no encontraba el motivo de mi tristeza, y decirle que no me encontraba bien sin decirle la razón, solo hubiera conseguido entristecernos a los dos y hacernos buscar por qués equivocados.
Al principio lo achacaba a los exámenes de junio, que me salieron fatal; pero cuando estudiaba para septiembre me daba cuenta de que no eran los exámenes lo que me hacían sentirme así. Tampoco el hecho de irme a vivir con ella a Valencia (porque sé que lo deseo de verdad), ni el estress del trabajo, ni mi familia.
Esta noche he descubierto que estoy triste porque me callo muchas cosas. Me he dado cuenta de que a veces, inconscientemente, tengo miedo de expresarle mi opinión tal y como la siento por temor a su reacción, por miedo a que se ponga triste por lo que yo diga y el resto de la conversación no sean más que silencios. Por eso continuamente estudio la forma de construir mis frases y me esfuerzo en moldear lo que quiero decir para que se preocupe menos por cualquier cosa, para hacerle los problemas más sencillos, para intentar no decirle no a nada.
Cierto es que soy una persona que me suelo adaptar a todo, pero si hay un día en que, por ejemplo, la veo ilusionada por salir a cenar con sus amigos y a mí me apetece más que nos quedemos en casa los dos juntos, no soy capaz de decírselo, porque si sé que ella prefiere salir, le entristecerá mi opinión; porque pienso que nunca me sonreirá y me dirá convencida: Ok, cariño, no pasa nada, nos quedamos en casa tranquilamente si te apetece, da igual que hayamos quedado. Ni tampoco me dirá: Venga, anímate, que ya verás como lo pasamos muy bien. Simplemente nos quedaremos en casa los dos si le digo que no me apetece salir, pero ella se quedará triste, y por consiguiente yo también. Por ese motivo prefiero no decir nada, porque prefiero hacer algo aunque no me apetezca por tal de verla feliz.
Pero me preocupa que esto llegue a quemarme y quiero arreglarlo. Hay días en que hablo con ella y he tenido un mal día. Empiezo a contárselo y noto que ella me oye pero desea que termine porque quiere contarme cosas suyas y me da la impresión de que no le da mucha importancia a lo que le cuento. Muchas veces comienza a hablarme antes de que yo haya terminado, entusiasmada sobre cualquier tema, y me encanta escucharla así. Pero por otro lado me siento triste porque pienso que no intenta hacer suyos mis problemas, como intento hacer yo con los suyos, y no soy capaz de decirle que me ha dejado a medias cuando le estaba contando algo, porque entonces ella dirá lo siento y me pedirá que continúe, pero ya solo hayaré silencios de culpabilidad por haberme cortado al otro lado...
A veces necesito decir simplemente que no. Que no me apetece esto o que no quiero aquello. Simplemente eso, sin miedo a lo que pueda pensar o sentir. Tal y como lo hace ella: espontánea y naturalmente, sin pensar en las consecuencias, solo porque lo siente así y le apetece decirlo. Pero no siempre soy capaz de hacerlo, a veces no puedo porque intuyo que se pondrá triste. Me gustaría ser como ella. Bueno, siendo sincero, esta noche me he dado cuenta de que yo era como ella antes de conocerla. Quizás por eso le parecí un borde la primera vez. Quizás por eso se enamoró de mí...
Pero ahora he cambiado y no me veo con fuerzas para volver atrás. Sé que leerá esto, y cuando lo he escrito he pensado en no postearlo nunca, porque cuando lo lea sé que se pondrá triste y eso es lo que menos quiero, más aún porque nos vemos hoy. Pero necesitaba soltarlo, y tras reflexionar me he dado cuenta que necesitaba que ella lo supiera.
Y no quiero culparla, porque no ser yo mismo es solo culpa mía. Ella es ella misma, con sus defectos y sus virtudes, y yo solo tengo que intentar serlo también. Quizás mi yo sea tan complejo que nunca me parece serlo del todo. Quizás me rallo demasiado, no lo sé. Supongo que será porque estoy enamorado de ella, no veo otra explicación :)
Me voy a dormir, que me levanto en poco más de un par de horas y mañana será un día muy largo. Hacía mucho tiempo que no posteaba un Pasaje que me hiciese dormir mejor :) He aprendido más de mí mismo en unas horas que en el último año. Definitivamente necesito volver a escribir.
PD: Cariño, te quiero ;)
Para arder la rama
las estrellas ardieron también,
y una vez en calma
me largué.
Quiero amanecer mañana
como un loco después de las seis,
en un hotel sin dramas
esta vez.
Vidas que dejé cruzadas vienen encendiéndose,
vidas que dejé cruzadas vienen persiguiéndome.
Llevo todo el día en cama
con el volumen de la tele al tres,
viendo caras largas
eso es.
Vidas que dejé cruzadas vienen encendiéndose,
vidas que dejé cruzadas vienen persiguiéndome.
Lucha con un movimiento
una luciérnaga azul
y tu para ya
no ves que hay una luz
en el fondo de mi corazón.
Vidas que dejé cruzadas vienen encendiéndose,
vidas que dejé cruzadas vienen persiguiéndome.
Lucha con un movimiento
una luciérnaga azul
y tu para ya
no ves que hay una luz
en el fondo de mi corazón.
Quique Gonzalez & Ivan Ferreiro
Melodía sencilla para un día en el que todo ha salido bien :)