Juan y Ana nacieran con 9 horas de diferencia en el Hospital Italiano. Sus padres, ambos de apellido Fernandez, los anotaron el mismo día en el Registro Civil. Juan era el ciudadano n° 24.159.485 y Ana la número 24.159.486.
Los dos pasaron su infancia en el barrio de Colegiales. Jugaban en la misma plaza y hasta iban al mismo colegio, pero en turnos diferentes.
Al terminar el secundario se anotaron en la misma carrera pero le salieron sedes diferentes. Juan se tomaba el 42 para ir hasta Ciudad Universitaria y Ana el 152 para cursar en Uriburu.
Un error en los padrones de la facultad fue la excusa que el destino eligió para que al fin pudieran conocerse.
Estuvieron amándose unos meses y queriéndose unos años. Después se separaron. Ellos pensaban que no estaban destinados.
Me hace acordar a una pelicula que vi en el Malba... :p
Escrito por Lexo a las Junio 8, 2005 04:52 PMes que las historias de amor son todas parecidas, pocas terminan bien ;)
Escrito por xime a las Junio 8, 2005 06:46 PMfrase de Lacan: “Amor es dar lo que no se tiene a quien no es”. Efectivamente, si "estaban destinados" hubiesen terminado juntos.
Gracias por tus comments en mi blog, los valoro mucho.
terminar bien? que contradiccion... :p
Escrito por Lexo a las Junio 9, 2005 05:20 PMbien pensado, todas las historias de amor terminan. o a los golpes o con la vejez o con la muerte. a lo único que uno está destinado es a estirar la pata. perdón, me deprimí.
Escrito por yo a las Junio 11, 2005 04:04 PM