En el año 1897, el ingeniero holandés Pietr Von Rajjjenskolf, que de pequeño había sufrido continuos y angustiosos resfriados, hecho al que sus historiógrafos parecen atribuir su familiaridad con la manipulación de sustancias de índole pegajosa, comenzó sus estudios acerca de las propiedades adhesivas de la lana de oveja. Pietr estaba convencido de que las sustancias inductoras del estado alfa o de sueño derivadas de este ganado deberían manifestar una acción secundaria de tipo adherente. Fundaba sus estudios en resultados empíricos obtenidos en un amplio muestreo de personas que aseguraban que contar ovejas favorece la unión, al menos temporal, de los párpados.
Pietr fue internado en una clínica psiquiátrica cuando su investigación aún no estaba concluida, con un diagnóstico de trastornos severos del sueño e insomnius gravis y brotes esquizoideorradiculares. Dos años más tarde, el joven Hans Von Rajjjenskolf, hijo del anterior, continuó los trabajos de su padre. En 1905 fue concluido un primer y único modelo de caucho animal derivado de la lana de oveja virgen que se lanzó al mercado con el nombre comercial de pegasomnia, entre cuyas virtudes se promocionaban la de favorecer las uniones difíciles, crear tejidos elásticos y abrigados y poseer la rara cualidad de servir para pegar los trozos de sueño extraviados a orillas de la cama.
Sin embargo, el avance de las técnicas de tejido mecánico tornaron excesivamente gravoso el uso del pegasomnia en la industria textil, al tiempo que el atraso de las técnicas de reciclado de sueños volvieron su aplicación en esta rama inútil y dispendiosa. El pegasomnia se utilizó aún durante algunos años como remedio contra los amores contrariados, pero como es bien sabido, la superchería intrínsecamente asociada a estas prácticas cayó en desuso ya unos cuantos años antes de la Primera Gran Guerra, y el pegasomnia fue reemplazado, en los pocos casos en que aún podía ser requerido, por jarabe de pasionaria, cuya extracción se tornó más rentable en tanto siguió siendo igualmente apta para consumo humano (si no más, ya que no presentaba los efectos secundarios de balidos aislados nocturnos que fueron reportados en algunos casos a dosis regulares y constantes de jarabe de pegasomnia).
La fórmula de este singular adhesivo se perdió en el olvido. Una corriente afirma que fue conservado un original manuscrito con las instrucciones para su elaboración hasta la Segunda Gran Guerra, pero esto no ha sido suficientemente demostrado. En cualquier caso, no ha sobrevivido a nuestros días.
Durante los escasos meses en que el brebaje adherente fue comercializado en su país de patentamiento, se sabe que algunos insomnes lo han utilizado a fin de adherir las esquirlas de sus sueños en pequeños objetos de uso exclusivamente decorativo que competían y superaban en calidad y distinción a los famosos cristales Tiffany's. Estos objetos parecen misteriosamente desaparecidos de la faz de la tierra a partir de los primeros años de la década de 1910 (se habla de disolución espontánea y caducidad de los sueños que le dieron origen), a excepción del único ejemplar que hoy en día se conserva en la Catedral de Todos los Secretos de Praga. No se exhibe al público, y forma parte del tesoro nacional de Chequia. Los crónicas refieren, algo confusamente, que fue formado con los sueños de una doncella que murió de pena por la pérdida de un amor que no llegó a consumarse. Se afirma también que el carácter de los sueños adheridos al pegasomnia determinaba las propiedades finales de color, textura y densidad del objeto resultante. El único objeto (denominado pegasomnia por extensión) conservado hasta nuestros días, sería entonces de un color azul intenso, como la fuente del azul más puro del mundo, y absolutamente filigranado, como si en un objeto de delicadeza suprema se pudiera condensar toda la transparencia del amor perdido. Hay quien sostiene que la contemplación abierta de los sueños ajenos fue actividad condenada por la Iglesia y que de esto resulta la misteriosa desaparición de todos los pegasomnia existentes a principios de siglo menos este último ejemplar. Tampoco esto es seguro.
Lo cierto es que quienes han osado asomarse al pegasomnia existente, han presentado trastornos graves de la personalidad y severas inclinaciones suicidas. Todos refieren haber contemplado una belleza suprema, digna de un universo por completo diferente en cuanto a pureza y elevación espiritual en relación con éste.
Ni siquiera sabemos si es verdad o sólo mera leyenda la invención del pegasomnia. Aún cuando pudiera reconstruirse la fórmula, no podría empleársela hasta no hallarse un contrantídoto a las consecuencias que traería aparejado su uso. Por otra parte, y a la luz de estas creencias, los objetos resultantes no podrían ser exhibidos a la visión directa de mortal alguno sin riesgo para su vida. Con el único pegasomnia existente en el mundo, hoy por hoy, tampoco se sabe qué rumbo tomar. Si es real su conservación, duerme el sueño eterno y oculto de los mártires.
Los sueños rotos no parecen ser, en estos tiempos, negocio para nadie.
Ni siquiera sabríamos qué hacer con ellos si lográramos volver a unirlos nuevamente alguna vez.
Fue Laura, y era Junio 02, 2004
A ustedes, por leer.
Gracias.
Fue l'obscurité y era Junio 3, 2004 08:56 PMMis sueños rotos van por el mar encima de caracolas con la promesa hecha de nunca volver a encontrarse... yo, por si acaso, siempre me baño en agua dulce.
Y yo me acabo de levantar con mucho sueño. ¡Qué paradojas!
Fue Bo Peep y era Junio 3, 2004 05:48 AM
El día que logre dormir a las cuatro de la mañana o no tenga amores quebrados o por quebrarse en el tintero, verdaderamente no sé sobre qué voy a escribir.
(Va dedicado a todos los sueños rotos, como diría Sabina, justamente. Lo pongo acá porque allá ya ocupa demasiado lugar mi vida, real o figurada.)
Besos a todos, me voy a dormir sin sueños.
Fue L* y era Junio 2, 2004 06:30 AM