Abril 16, 2004

Un día en la cumbre

Hoy me he planteado un reto francamente difícil. Se trata de hurgar en el baúl de los recuerdos para buscar una historia divertida y amena pero que no incluya como ingredientes el sexo, las drogas y el alcohol. Y, por suerte o por desgracia, estas tres cosas han sido el sustento de lo más interesante que he hecho a lo largo de todos estos años. Porque supongo que no estarán interesados en mis primeros pasos en bicicleta, de mis notas en el colegio o en la universidad o de cómo hice la comunión de marinerito. Por ello he buscado y rebuscado en la memoria, y cuando ya estaba a punto de arrojar la toalla, me ha venido al recuerdo una anécdota que me ocurrió hace unos 15 años y que cumple con todos los requisitos establecidos: incluye la práctica de deportes de alto riesgo, se desarrolla en horario de mañana, hay incluso una hazaña heroica y ninguna huella de mujeres ni de cervezas. Además está protagonizado por un servidor y es 100% verídica.

El caso es que siendo yo un prepúber mis padres nos apuntaron a mis hermanos y a mí a unos cursos de esquí los domingos de invierno. A pesar de que el esquí me parece un deporte muy agradable, el hecho de madrugar, pasar frío, viajar en autobús y comer unos bocadillos ya entonces me parecía un sacrificio excesivo. Así que, unos años más tarde, cuando empecer a tomar mis primeras decisiones sobre mi propia vida, cogí los esquíes y las botas y los metí en el armario más recóndito de la casa, junto al kimono de judo y las partituras de Bellini, Czerny, Cramer y demás genocidas del piano.

Aproximadamente diez años más tarde, unos amigos organizaron un viaje cultural a la ciudad de Haro (La Rioja) que incluía, sin posibilidad de escape, una excursión a la cercana estación de esquí de Valdeazcaray. Por ello, desempolvé aquéllos esquís y botas que languidecían en el armario y me dispuse con buen ánimo a recordar viejos tiempos, aunque huelga decir que mi motivación al apuntarme al viaje era otra.

Y aquélla mañana de sábado, llegamos a Valdezcaray, nos pusimos los esquís y nos montamos en el telearrastre que sube al pico más alto de la estación. A mitad de camino noté un leve crujir de mi bota derecha pero no le di mayor importancia. Hacía un día bastante chungo, por lo que apenas había gente. Una vez llegados a la cima, iniciamos el descenso. Yo adopté la prudente actitud de ir el último. Al dar el primer viraje oí un curioso sonido y me fui de bruces al suelo. Cuando conseguí incorporarme vi, con cierta sorpresa y algo de horror, que lo que antes eran mis botas habían desaparecido en mil pedazos. Al parecer, al estar tanto tiempo en un armario cerrado se habían podrido. Mis amigos, como buenos camaradas, eran ya pequeños puntos en el horizonte y mis gritos se perdían en la inmensidad del paisaje. Así que ahí estaba yo, a 1500 metros de altitud, en medio de la nada, con la nieve que me cubría hasta más arriba de la rodilla, y con la única protección para mis pies de unos calcetines no muy gruesos.

Y qué podía hacer yo... esquí-stop? Llamar a la cruz roja y ser el hazmerreír de toda la estación? Darle un mandoble a uno y quitarle sus botas y allá él? Al final, en un arranque de heroicidad que hubiera admirado el propio Juanito Oyarzábal decidí descender el monte con los esquís en una mano y los bastones en otra y con paso firme me dirigí cuesta abajo. Me encontré con algunos esquiadores que me miraban un tanto atónitos ante lo que parecía una nueva práctica llamada calcetín-board. Pero yo seguía como si no pasara nada, firme y decidido, a pesar de que no sentía los pies y ya me estaba imaginando cual sería mi preparación para los próximos juegos Paralímpicos.

Tardé hora y cuarto en bajar el monte. Cada poco tiempo me paraba a descansar y a dar unas cuantas patadas a las rocas para que se me ablandaran un poco los pies. De mis amigos, ni rastro. Probablemente estarían ya en el bar de la estación poniéndose tibios a cervezas e intentando ligar con alguna de esas pijas de pantalones chillones apretados y botas apres-ski de plumas. Yo, mientras, emulando a los Hillary y Tengsing, a Peary, Amudsen y Scott, sufría en silencio mi terrible destino. Nunca me rendí, ignoré las señales de cansancio, hice caso omiso de los cantos de sirena que llegaban desde la cumbre, y, al final, mi perseverancia fue recompensada cuando a lo lejos divisé la silueta del bar de la estación.

Pero como hemos dicho nada de alcohol, me tomé un café con leche y un cruasán. Para mujeres no tenía ánimo así que eso fue fácil obviarlo. Me dirigí al telesilla que me llevaría al aparcamiento. El encargado del telesilla me miró con cara extraña y me preguntó qué había pasado con mis botas. Agotado por el esfuerzo, con apenas un hilillo de voz, y ante la perspectiva de tener que contar toda la historia completa, me limité a mascullar: "Es que me lo ha recomendado mi podólogo"

Cómo recuperé milagrosamente las fuerzas y lo que sucedió el resto del fin de semana no se ajusta a este post tolerado a menores, así que se quedarán con las ganas de saberlo.

Escrito por Hallofon a las Abril 16, 2004 08:53 AM
Comentarios

El hecho de que Valdezcaray tenga algo parecido a nieve y se esquie, no la convierte automaticamente en una estacion de eski...

¿No se te ocurrió ponerte el anorak en el culo y dejarte caer en plan trineo?

Escrito por xabe a las Abril 16, 2004 09:25 AM

Y qué hago con los esquíes de 2 metros. Los utilizo de remos? Y los bastones? me los pongo en la boca?

Escrito por hallofon a las Abril 16, 2004 10:45 AM

Si tuviera que elegir entre mis único par de pies y unos esquies... a los esquies les iban a dar mucho por culo...

Escrito por xabe a las Abril 16, 2004 01:12 PM

Con todos mis respetos, pense que ese tipo de cosas solo me pasaban a mi jejejej.Miralo por el lado bueno,nos has ofrecido un momento agradable con tu historia.

Saludos.

Escrito por Ginebra a las Abril 16, 2004 01:19 PM

Jajajajaa, eres un crack, en una mañana llena de llamadas, declaraciones, papeles y más papeles un oasis de humor como el tuyo, me hace sonreir. Sigue así.

Escrito por jasp a las Abril 16, 2004 01:43 PM

xDDDD q weno no te tuvieron q amputar los pies? yo lo q habría hecho es ponerme los esquis en el culo y tirar pa bajo haciendo culo-board xD

Escrito por gorkamorka a las Abril 16, 2004 02:25 PM

Está bien echarse unas risas de vez en cuando.

Escrito por odyseo a las Abril 16, 2004 09:57 PM
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