Mayo 25, 2004

Una historia de amor

El tenía 17 años. Su vida sentimental se había limitado a un par de amores platónicos que resultaban ser las novias de sus mejores amigos. Así que se conformaba con observar y sufrir en silencio. Nunca había tenido la suerte de ser correspondido. Ella, en cambio, era un poco mayor y desde los 15 años había navegado por diferentes brazos siempre maduros, de chicos uniformes de gran atractivo físico pero de escasa imaginación.

Y el destino les unió una noche de verano, cuando, por algún motivo que escapa de toda razón, él se transformó en un torbellino incontenible de seducción, desparpajo y encanto. Todo lo que había estado ocultando, incluso a sí mismo, durante tantos años, brotó aquella noche de forma milagrosa y casual. Ella se sintió hechizada por la actuación de aquel jovencito imberbe, de increíble gracia, bello de cara y corazón y totalmente irresistible. Por ello, accedió a verle los días sucesivos y pronto se convirtieron en novios.

Para él era su primera experiencia. Estaba en una nube. Sus pensamientos tenían una única destinataria. No podía dormir de la felicidad que le embargaba y estaba dispuesto a todo con tal de seguir disfrutando de la compañía.

Ella se sentía fatal. El recuerdo de que estaba saliendo con un chico más joven, inexperto y totalmente dependiente le ponía fuera de sí. Pero no podía dejar de sentirse atraída por su inocencia, su enorme personalidad escondida, por su amor incondicional. Pero tenía que encontrar alguna forma de acallar su parte más cerebral, aquella que le decía que estaba perdiendo el tiempo, que iba a malgastar sus mejores años, que dejaría escapar una oportunidad mejor. Sus amigas, todas con novios que superaban con creces la veintena, le habían abandonado. Se encontró en una encrucijada y decidió continuar con su joven admirador, aunque éste pagaría caro todo el mal que indirectamente le estaba causando.

Y se dedicó a mortificarle, a hacerle sufrir. Llegaba siempre más de una hora tarde, aunque él nunca dejó de llegar puntual a la cita. Descolgaba el teléfono varias horas cuando sabía que él iba a llamar. La mitad de las veces que quedaban, fingía un enfado y se marchaba a casa. Otras veces, anulaba citas de gran importancia para él. Pero no podía ignorar que, durante los momentos que pasaban juntos, se sentía feliz, maravillada por una persona imposible de no querer. El, por su parte, aguantaba los desplantes, las esperas con una paciencia que cada día iba desgastándose. No comprendía por qué su ser amado, la persona más importante de su vida, se comportara así. Vivía en un continuo desasosiego, sin saber lo que le depararía el minuto siguiente, incapaz de rebelarse contra un destino a la vez tan maravilloso y tan cruel.

Y fueron pasando los meses, y los años. Ella acentuaba sus crueles tratos, consciente de que cuanto más tiempo durara aquella relación, más alejada del mundo que había idealizado se iba a encontrar. El cada vez sufría más, y rezaba por algún acontecimiento que cambiara los destinos de ambos. Y esto es lo que ocurió exactamente, en Enero, dos años y medio después de su primer encuentro. Una chica, compañera de clase, se cruzó en el camino de él y cambió el rumbo para siempre. Era una chica preciosa, la más popular entre sus compañeros, que había sido solicitada por casi todos ellos pero siempre se había mantenido al margen. Pero algo vio también esta chica en él y le sedujo. El, que no esperaba otra cosa, aprovechó la ocasión para cortar definitivamente los lazos con su primer amor, y, sin ni siquiera una explicación o un comentario, dejó de llamarla.

La primera reacción de ella fue de alivio. No intentó ponerse en contacto para averiguar los motivos de su repentina desaparición. Simplemente aprovechó el momento para volver a su anterior vida, conocer nuevos hombres, más maduros y reencontrarse con sus amigas de siempre.

6 meses después se encontraron fortuitamente. Su nueva novia se hallaba de viaje y él se encontraba de copas con un amigo. Ella estrenaba chico. En cuanto le vio, hizo todo lo posible para llamar su atención, besando con frenesí a su acompañante, intentando provocar los celos de su antiguo amor. Este, seguro de su actual situación, no le hizo ni caso. La indiferencia, el desdén con el que le miró, produjo en ella un efecto totalmente inesperado. Se derrumbó. Hecha un mar de lágrimas corrió hacia él y le pidió hablar a solas. Una vez conseguido esto, ella se confesó. Lo que dijo era lo que se había estado ocultando todos estos años. Estaba perdidamente enamorada y fue una estúpida por tratarle tan mal. Ahora comprendía su error y le rogaba que le volviese a aceptar, que nunca más se comportaría de igual forma, que le perdonase. El, sintiendo pena, le contó que tenía una novia y que era muy feliz con ella. Que lo sentía pero ya era demasiado tarde.

Dos años más tarde, se volvieron a encontrar. El ya no vivía en la ciudad. Aquella segunda novia le había provocado de nuevo mucho dolor, y, desde entonces, aunque había tenido aventuras, su corazón había dejado de latir. Ella, en cambio, tenía novio formal, aunque ello no fue obstáculo para que pasaran la noche juntos. Y así estuvieron durante varios años. Seguía con su novio, pero cada vez que él llegaba a pasar unos días, ella se escapaba y se dedicaba por completo a él. Para éste, era una forma sencilla de obtener los placeres de la vida y se sentía feliz al no tener que comprometerse.

Pero un día, hablando por teléfono, ella le comentó que se casaba. Esto le dejó perplejo. El novio era claramente inferior, tanto física como intelectualmente a él. Acaso ella no le despreciaba cada vez que pasaban una noche juntos? Lo que él consideraba una situación idónea, una chica guapa a su disposición y sin nada que pagar a cambio, de repente se convirtió en un desaire, en una afrenta y dejó de llamarla.

Y no volvieron a encontrarse ni llamarse nunca más..... hasta el sábado pasado, 17 años después de la boda de ella.

El estaba una vez más de visita en la ciudad. Tomaba una copa junto a un amigo cuando la vio entrar. Su corazón dio un vuelco. Apenas había cambiado. Estaba igual de resplandeciente y atractiva. Con las piernas temblando se acercó a saludarla. A ella también se le cambió la cara al verle. Había dejado a su marido al cuidado de la casa y de los hijos mientras celebraban el cumpleaños de una amiga. Tras los saludos de rigor, las preguntas acerca de los paréntesis de sus respectivas vidas, volvió a surgir ese entendimiento, esa sensación de intimidad, de que no hay mundo más allá de la presencia del otro. Tras unas horas de conversación, que a ellos les parecieron unos pocos minutos, él le propuso alquilar una habitación en un hotel cercano y pasar unos momentos más a solas. Ella, inconscientemente, aceptó. Se dirigieron discretamente al hotel. El subió primero. Y se sentó a esperar.

Cuando ella llamó a la puerta, él acudió raudo a abrirla. Y lo que sucedió después, nadie hubiese sido capaz de adivinarlo. Cuando vio su figura, ese contorno que tan bien conocía y que no había podido olvidar, acudieron a él, de forma avasalladora, más de veinte años de sentimientos reprimidos. Comenzó a llorar de forma incontenible. Eran tantas las emociones, las lágrimas, que apenas podía respirar. Se ahogaba. El cuerpo se convulsionaba y la garganta se deshacía en desgarradores sonidos. De repente, sin ningún tipo de aviso, sin estar prevenido en absoluto, se había dado cuenta de que había desperdiciado la mayor parte de su vida, que hubiera podido ser el hombre más feliz del mundo de no haber tomado una decisión equivocada. Una decisión promovida por su vanidad, por un afán de venganza estéril, por creerse más listo que nadie cuando ella le ofreció la oportunidad de volver a ser una pareja feliz. Había basado toda su vida de adulto en una segunda opción, cuando la primera había estado tan cerca y tan factible. Allí mismo, tomó conciencia de que había sido un infeliz toda su existencia y de que seguiría siéndolo el resto de sus días. Y todo esto se lo decía a su amada, a su amor verdadero y eterno, que, con los ojos también llorosos, le acariciaba la cabeza.

Tantas emociones y tantos lloros hicieron efecto sobre su derrotada mente y se quedó dormido. Ella, se incorporó con sumo cuidado para no despertarle, cogió el bolso y se fue en silencio. Su marido le estaba esperando.

Escrito por Hallofon a las Mayo 25, 2004 08:56 AM | TrackBack
Comentarios

Preciosa historia real. Lo siento por los protagonistas (sobre todo por él). En ese terreno nada está escrito y nada se puede dar por bueno o por malo. Quien sabe cuál es la elección correcta en cada momento, con cada persona. Sin embargo, dejar de oir al corazón suele ser un gran error.
Un saludo (hoy te has puesto irremediablemente serio?)

Escrito por odyseo a las Mayo 25, 2004 09:31 AM

Triste historia...

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 09:45 AM

Si es triste si pero tambien me parece una historia de amor preciosa. Lo que han vivido ha sido para los dos algo maravilloso, han compartido mucho y eso siempre quedara en su recuerdo.

Saludos

Escrito por Ginebra a las Mayo 25, 2004 10:11 AM

Me ha encantado....sin palabras me has dejado, oye.

Escrito por toya a las Mayo 25, 2004 10:12 AM

No me parece bonita, es trágica...

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 10:36 AM

Este post es de prueba. Saber si soy capaz de escribir algo sin hacer uso del humor y la ironía. Ni qué decir tiene que estoy encantado de que os haya gustado.

Cada uno que interprete la historia como quiera. Yo, particularmente, estoy de acuerdo con krida

Escrito por hallofon a las Mayo 25, 2004 11:37 AM

:( Creo que no me conviene leer este tipo de cosas... voy a echarme a llorar

Escrito por Alfred a las Mayo 25, 2004 12:07 PM

Que no digo yo que no sea trágica la historia, que lo es, sin duda.....pero que la has contado de una forma muy bonita también. Lo cortés no quita lo valiente.

Escrito por toya a las Mayo 25, 2004 01:35 PM

A mí también me ha gustado

Escrito por prôx a las Mayo 25, 2004 01:43 PM

Hallofon, solo espero que ya no sea la tuya

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 01:43 PM

Yo creo que es trágica, el orgullo les perdio a los dos

Muy buena Hallofon

Escrito por Iñaki a las Mayo 25, 2004 03:26 PM

El amor no tiene porque doler y el corazón también se equivoca.

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 03:49 PM

Yo creo que si no duele, no es verdadero amor. Aunque eso sí, el amor tiene los mecanismos suficientes para eliminar el dolor.

El corazón también se equivoca pero siempre tomará una decisión mejor que el orgullo, el recelo, el despecho o el afán de venganza

Por último, recalcar lo importante que es no arrepentirse nunca de las decisiones tomadas, aunque fueran erróneas. Nada nos garantiza que la vida nos habría ido mejor si hubiéramos tomado el camino contrario

Escrito por hallofon a las Mayo 25, 2004 05:06 PM

Hay corazones pachuchos y algo sado-maso por ahí, cuidadin

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 06:45 PM

Otros son autónomos y mutantes, llegando a tomar las formas más caprichosas e insospechadas para seguir latiendo y sobrevivir sanos y salvos...

Escrito por krida a las Mayo 25, 2004 07:12 PM

Totalmente de acuerdo contigo en no arrepentirse nunca de una decisión tomada....y ya es la segunda vez que te doy hoy la razón...no te acostumbres.

Escrito por toya a las Mayo 25, 2004 07:12 PM

Me parece triste y hermoso a la vez. Al fin y al cabo es mi propia historia. Y, sí, a veces sientes que has tirado tu vida por la borda...

Escrito por Anakinet a las Junio 1, 2004 05:30 PM

Una historia muy conmovedora... ke partikularmente me hizo reflexionar sobre las desiciones ke a veces uno toma sin meditarlo bien y ke generalmente kuando t das kuenta de tu error... ya s tarde.... ^-^ spero ke sto no le haya pasado a ninguno de ustedes ...

Escrito por Helen a las Agosto 29, 2005 05:38 PM

esta es una historia acada de algun libro o es de un independinte que la sibio aqui a internet??? si es de libro cual es? jeje

Escrito por carlos a las Marzo 1, 2006 12:15 AM
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