Mayo 26, 2004

El viernes pasado

El lunes hice la radiografía de un viernes rutinario. Hoy voy a hablarles de un viernes el concreto, éste pasado, día 21 de mayo de 2.004

Por la mañana recibí la sorpresa de una llamada de mi hermano mayor comunicándome que venía a pasar el fin de semana junto a su nueva novia y a una amiga de esta, así que, si me era posible, podría ir a recogerles al aeropuerto. Como no tenía ningún plan previsto, accedí gustoso, ya que hacía tiempo que no le veía. Conociéndole, el hecho de que viniese con una mujer adicional, lo englobé más en su interés por adentrarse en el mundo del ménage à trois que en el socorrer a un familiar desvalido y necesitado. Así que sobre esta cuestión no me hice ninguna ilusión. Y eso que no tenía ninguna duda de que las chicas iban a ser de rompe y rasga dado el historial pasado del miembro más afortunado de mi familia.

Por una vez el avión llegó a su hora. Allí apareció mi hermano acompañado de las dos mujeres. Como había previsto eran dos bombones. Nos montamos todos en mi coche y nos dirigimos a su hotel a descargar el equipaje. Posteriormente quedamos en ir a cenar por ahí.

Durante la cena me dediqué a una de mis aficiones favoritas, observar, analizar y criticar a la gente que acabo de conocer. De mi hermano, sólo les diré que parece mentira que de una misma familia, con una educación idéntica, mismos padres, mismo colegio y sólo un año de diferencia, hayan salido dos personas tan distintas. El no bebe, nunca ha fumado un canuto y se ha acostado con decenas de mujeres.

Su novia era una chica alta, rubia, de pelo rizado. Pocas veces había estado con alguien tan chulo y despreciativo. Muchos dirían que exhibía una gran seguridad en si misma pero a mí me parecía chulería y altivez. Hablaba como si las palabras, por el hecho de salir de su boca, tenían vida en sí mismas y necesitaban de toda nuestra atención y disfrute. Estaba todo el rato echándose la melena hacia atrás y poniendo cara de necesitar un flash.

A mi derecha estaba la de las grandes tetas, perdón, la amiga. Era una especie de fotocopia pero en morena. Y poco más les puedo sobre ella decir porque no saben lo agobiante que es cenar al lado de unas tetas que te miran fijamente y no te quitan ojo. Yo intentaba desviar su mirada de ellas, tan redondeadas y perfectas, tan accesibles tras el generoso escote. Miraba a los ojos de su propietaria, a los demás comensales, incluso fingía ser entendido en vinos y me dedicaba a leer la etiqueta de la botella. Todo con tal de apartar la vista. Y sudaba. En cierto momento estuve a punto de dirigirme a ellas directamente suplicándoles que miraran para otro lado, que me estaba sentando mal la cena sintiéndome observado de esa manera, pero hubiese hecho el ridículo. Así que, a riesgo de padecer tortícolis, fijé un punto en el horizonte y me pasé el resto de la velada con la mirada fija en él.

Y luego estaba la conversación. Allí sentado, rodeado de tres personas levitando por encima de nuestras cabezas, tal parecía su superioridad sobre el resto de los mortales, me sentía empequeñecido e irrelevante. Además, cada vez que enumeraba alguna de mis múltiples cualidades, para demostrar que yo tampoco era un don nadie, mi hermano acudía en mi ayuda. Si yo hablaba de aquellas facetas de mi personalidad que resultan únicas, él comentaba: "Sí, éste siempre ha sido un bicho raro". Si hacía mención de mi boyante situación económica, tema que siempre he considerado que atrae mucho a las mujeres, su comentario era: "Sí, éste siempre ha sido muy mirado con el dinero. A mí, en cambio, nunca me ha preocupado gastar más de la cuenta". Y, de paso se pedía el plato más caro de la carta del restaurante. Yo, que acababa de pedir un escalope con patatas, porque tenía antojo de escalope con patatas, quedaba como el miserable ahorrador incapaz de saber disfrutar de la vida. Ante semejante panorama, toda esperanza de contemplar ese par de mamas mencionado anteriormente más de cerca y liberado de su corsé, desapareció como azucarillo que se disuelve en el agua.

Al terminar la cena, en un último movimiento desesperado de recuperar mi prestigio, insistí en pagar la cuenta. Tampoco opusieron mucha resistencia. Incluso di una propina a todas luces exagerada. Una vez en el exterior, llegó el momento de la verdad. Les propuse ir a tomar una copa. La novia de mi hermano dijo que estaba muy cansada y que se retiraba al hotel. El dijo que también estaba cansado. Y la tetona, ante mi mirada de cordero degollado, se unió al grupo de los fatigados y también optó por una retirada. Estuve a punto de preguntarles si habían reservado una habitación o dos pero me retuve en el último momento.

Así que tras despedirme con dos fríos besos a cada una de las chicas, y un apretón de manos al cabrón de mi hermano, me dirigí al coche. Y volví a casa decepcionado, calentito y con la cartera aligerada en un par de centenares de euros.

Escrito por Hallofon a las Mayo 26, 2004 01:19 PM | TrackBack
Comentarios

Bonita y entretenida velada. Jejejeje..

Escrito por krida a las Mayo 26, 2004 01:37 PM

jejeje, pobrecillo, que me has dado pena y to!

Escrito por jasp a las Mayo 26, 2004 02:10 PM

El tiempo pone a cad uno en su lugar. La amiga tenfrá problemas de espalda, obviamente, y tendrá que pagar para que alguien se acueste con un engendro chepudo con pechos por la rodilla. La novia de tu hermano, tras cientos de estiramientos de la piel, se verá con 50 años, un cutis de 25, acostándose con niñatos insustanciales, tan vacíos como su propia vida (y su cartera), no habrá flashes cuando la encuentren muerta a manos de un grupo de veinteañeros en un motel de mala muerte donde la habrán llevado con la excusa de tener una fiesta como aquellas de su juventud a las que ya no la invitaban. En cuanto a tu hermano, me parece de mala educación meterme con la familia de los demás, seguramente tú lo sabrás mejor.

Mejor será que olvides el pasaje del viernes (y mi comentario) a más no tardar, tras leer esto.

Escrito por Moet a las Mayo 26, 2004 02:15 PM

Qué mal lo debiste pasar con aquellos enormes y voluptuosos pechos mirandote toda la cena....no?
Pobrecito.

Escrito por toya a las Mayo 26, 2004 02:24 PM

MOET: Me has dejado en blanco y sin vista con tu comentario. Nunca más volveré a acostarme con alguien 10 años menor que yo, aunque insista, lo juro. jejejeje..

Escrito por krida a las Mayo 26, 2004 02:33 PM

Tener hermanos para eso... hay que joderse...

Escrito por Felipe a las Mayo 26, 2004 03:05 PM

Moet: Imposible olvidar un comentario así. Jajaja. Hasta, por un minuto, me han dado pena las pobres chicas. Espero por el bien de ellas que no te ganes el pan como agorero. En cuanto a mi hermano, como diría mi madre: "Es un buen chico, pero las malas compañías..."

Para los demás (varones) una moraleja: cuando en un restaurante veaís a dos chicos con dos tías despampanantes, no sintáis envidia, las apariencias engañan.

Escrito por hallofon a las Mayo 26, 2004 03:56 PM

Jur, menuda pesadilla...

Menos mal que había pechos (o lo has puesto para atraer mi atención?? eh? eh?)

Escrito por Alfred a las Mayo 27, 2004 01:38 AM
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