Junio 08, 2004

Mi primer trabajo

Hurgando una vez más en los recuerdos de la mente, les voy a relatar mis primeras andanzas en el mundo laboral. Terminada la Universidad, tenía claro que hiciese lo que hiciese, era obligatorio pasar una temporada en una gran capital. Elegí Madrid porque era donde mayores oportunidades tenía de vivir del cuento ya que ofrecía numerosas posibilidades académicas en forma de Masters, cursos y oposiciones, con los que alargar al menos un par de años más la vida de estudiante que tan bien me había ido hasta entonces.

Así que, un caluroso día de Agosto de allá por la mitad de los años 80, me presenté en Madrid en casa de una prima de mi madre, con el fin de buscar acomodo y matricularme en una academia para preparar oposiciones. La prima resultó ser una mujer extremadamente agradable, de cincuenta y muchos años, que se había quedado soltera para cuidar a su madre, que había muerto unos pocos años antes. Me acogió estupendamente durante un par de meses hasta que encontré acomodo en un piso junto a dos ex-compañeros de Universidad. Así pasaron dos años, en los que abandoné las oposiciones por falta de disciplina en el estudio y me matriculé en un Master.

Finalizado éste, y ante la alternativa de seguir explotando a mis padres, o ponerme en serio a trabajar, la voz de la conciencia, que hasta entonces había permanecido totalmente muda incluso en mis actos más abyectos, me conminó a dejar de sangrar la cuenta corriente familiar y buscarme un sustento.

Encontré sin problemas un trabajo en una multinacional conocida por pagar poco, exigir mucho y despedir a la gente al más mínimo fallo. Me asignaron un trabajo muy especial, como no podía tratarse de otra forma tratándose de mi persona: supervisar y controlar la construcción de la nueva sede de la empresa en un barrio periférico de la capital. Por ello, me ubicaron en las nuevas oficinas, ya construidas y me dieron un casco homologado para que me desplazara entre las obras de las plantas industriales en curso. Lo curioso del caso es que a las nuevas oficinas sólo se había desplazado un departamento, unas doce personas, con lo que, en un complejo diseñado para dar cabida a alrededor de 1000 trabajadores, sólo una docena ocupábamos el lugar. Y lo peor era de noche, cuando, por razones de mi trabajo, me tenía que quedar diariamente hasta bien esparcida la oscuridad, siendo el único habitante de aquellos fantasmales edificios. Desplazarse por el interior de ellos, a oscuras, y con las paredes reverberando mis acongojados pasos, fue algo inusual y poco divertido.

Finalmente, unos meses después se produjo el esperado traslado. Aquello se llenó de gente, de caras nuevas, y de trajín incesante por los pasillos. Como yo era el que mejor conocía el edificio, me asignaron la responsabilidad de ocuparme de diversas instalaciones: teléfonos, mesas, sillas, luces, etc. Y allí iba yo, seguido por unos cuantos operarios, de oficina en oficina, atendiendo las múltiples demandas de los recién instalados. Supongo que trasladarse desde las cómodas oficinas del centro, a un frío edificio de las afueras no le había sentado muy bien a la gente por lo que tuve que lidiar con numerosas imprecaciones y quejas. Además, como las cosas nunca funcionan a la primera, los problemas se multiplicaban y no daba a basto. Eso sí, esto me permitió codearme con toda la plantilla de la empresa, desde el consejero delegado hasta el guarda de seguridad. Mi presencia se hacía prácticamente indispensable en los despachos de los jefazos ya que era continuamente requerido para solucionar los más variados contratiempos. Desde entonces, siempre he tenido especial animadversión hacia los jefes altivos y condescendientes, ya que no cuesta nada pedir las cosas con educación y simpatía y es un gesto que se agradece. Tengo en especial recuerdo al jefe supremo, una persona a la que veía continuamente en las noticias, y que, con perdón de la expresión, era (y seguirá siendo) un gilipollas de tomo y lomo.

Tras superar con buena nota esta etapa, no sólo se me renovó el contrato sino que se me incrementó el sueldo y se me otorgaron nuevas responsabilidades. En mi nuevo trabajo, mantenía el contacto prácticamente constante con todos los directores. Acababa todos los días no antes de las diez de la noche (entraba a las 7:30 de la mañana y sólo paraba 30 minutos para comer). A esa hora, mi jefe, otro director y yo, nos íbamos a un bar gallego que había en las cercanías donde nos poníamos morados todas las noches a pulpo, marisco y combinados diversos compuestos por ginebra y otro refresco. Y salíamos una hora más tarde, cenados y con una castaña bastante importante. Pronto se hizo famosa esta costumbre entre los miembros del comité de dirección y al final se apuntaron unos cuantos.

Recuerdo una vez que se unió a nosotros una ejecutiva especialmente borde pero a la cual ya le había echado yo el ojo por otras características de su persona que ahora no procede relatar aquí. Ese día hubo aún mayor profusión de bebidas de lo normal y al final estábamos todos bastante borrachos. Me disponía a dirigirme a la estación de metro, como todas las noches, cuando mi jefe le comentó a la chica que me llevase en coche ya que éramos prácticamente vecinos. La chica, mirándome con desdén por tener que compartir su vehículo con un simple licenciado en prácticas, aceptó a regañadientes. Pero mis objeciones eran aún mayores ya que:

1.- La tipa me caía fatal
2.- Estaba como una cuba
3.- El coche era un 600 (*)
4.- La chica en su estado natural no veía tres montados en un burro, pero era lo suficientemente presumida como para no llevar gafas

Así que encomendándome a mi ángel de la guarda, a mi santo patrón y a San Cristóbal, me monté en el vehículo y, sin muchos incidentes, llegamos salvos y salvos a casa. Podría adornar el relato diciendo que al llegar, se lanzó de improviso sobre la cremallera de mi pantalón y tal y tal, pero ya he mentido lo suficiente estos últimos meses sobre mis proezas sexuales así que no contaré nada más que la verdad. Al día siguiente fue un "si te he visto no me acuerdo" y todo siguió su curso normal hasta que mi jefe y yo abandonamos la empresa al unísono para afrontar nuevos retos

Pero eso es ya otra historia.

(*) Se preguntarán que hacía una señora directora de una multinacional con un 600. Bueno, para redondear el perfil de la susodicha les diré que a sus aproximadamente 35 años y siendo una persona de buen ver, seguía viviendo con sus padres. Y por qué no un 600?

Escrito por Hallofon a las Junio 8, 2004 09:40 AM | TrackBack
Comentarios

Era del OPUS, fijo.
Saludos, compañero.

Escrito por Odyseo a las Junio 8, 2004 09:59 AM

jajajaja Odyseo, pensé lo mismo..

Escrito por krida a las Junio 8, 2004 10:30 AM

ajjajajajaajaja.....yo venía a decirte que la chica era del OPUS, pero se me han adelantado dos.

Escrito por toya a las Junio 8, 2004 11:06 AM

Aparte de lo del OPUS lo que dejas ver en tu escrito me gusta y además, como siempre, me he divertido leyendo.

Escrito por krida a las Junio 8, 2004 11:24 AM

Pero es que sólo os fijáis en el detalle de la chica??

Y yo que pensaba que era el único obseso sexual del barrio

Escrito por hallofon a las Junio 8, 2004 11:25 AM

Si es que a mí me gustan todas, hasta las del Opus..., perdona querido amigo...

Escrito por odyseo a las Junio 8, 2004 12:22 PM

Las que han expuldado del opus el primer o segundo curso, esas si que son buenas...

Escrito por araya a las Junio 8, 2004 12:48 PM

Seguro que era del OPUS. O ya lo habías pensado??. Alguien se ha dado cuenta o soy el único?? XDDD

Por cierto, en el OPUS hay de todo, sus lo digo yo... y hasta ahi puedo leer (mae mia que cosas me vienen a la memoria... buff)

Escrito por Alfred a las Junio 8, 2004 01:28 PM

Aunque mayormente PIJAS REPRIMIDAS, que todo hay que decirlo, hombre ya...

Escrito por Alfred a las Junio 8, 2004 01:29 PM

Deduzco Alfred, por las palabras que no dices, que le has dado un significado nuevo a la expresión "Manos a la Obra"

Por mi parte, entre esas mujeres y yo hay imcompatibilidad de caracteres

Escrito por hallofon a las Junio 8, 2004 01:39 PM

Releo la historia y lo que más me llama la atención sigue siendo la ejecutiva del OPUS (porque al final hemos quedado en que era del OPUS, no?)
Te diré hallofon que en el OPUS hay de todo, como en botica, y a es@s chic@s sometid@s a tanta presión durante toda su vida, creyendo que todo es pecado. Cuando son capaces de comprender que todo lo que les han dicho es mentira, que el sexo no es malo ni te deja ciego si lo practicas fuera del matrimonio, ni hay que fustigarse.....les pasa como a cualquier cuerpo sometido a una presión superior a la atmosférica. Una vez que dejas de aplicarla eso no hay quien lo pare...

Escrito por toya a las Junio 8, 2004 02:18 PM

Solo puedo decir: Santos Monseñores Embalsamados!!! Que fuerte!!!

Escrito por krida a las Junio 8, 2004 02:39 PM

Dos cosas:

1.- No tengo ni idea de si era del Opus o no. No intimamos lo suficiente para preguntárselo.

2. En el opus no hay de todo. Al menos, de lo que a mí me interesa, no hay nada

Escrito por hallofon a las Junio 8, 2004 04:11 PM

Dos cosas:
1.- OK, dejemoslo en una suposición.
2.- En el OPUS no hay de todo, vale. Pero algunos consiguen salir de ahí y probar los placeres de la vida terrenal.

Escrito por toya a las Junio 8, 2004 04:23 PM

Toya, no estoy de acuerdo contigo. No conozco a nadie que haya salido del Opus y que disfrute de la vida o de los placeres terrenales. Igual solo los prueban, como afirmas.

Escrito por krida a las Junio 8, 2004 05:01 PM

Pues yo conozco gente que ha sido educada en sus costumbres por sus padres y que una vez han crecido han visto que no era eso lo que querían, afortunadamente.

Escrito por toya a las Junio 8, 2004 05:23 PM

Yo estoy de acuerdo con krida, pero aunque lo estuviera con toya, estamos en las mismas: DENTRO del Opus, no hay más que un sólo tipo de gente.

Por otro lado, Dos Cosas:

1.- Tengo sed. Me muero por una Heineken

2.- Aute tiene pinta de ser del Opus

Escrito por hallofon a las Junio 8, 2004 05:37 PM

jajajaajjajajaja....vale, hallofon, dentro del Opus solo hay un tipo de gente, pero confiemos en la reinserción. Por otro lado, dos cosas más:
1.- Yo también me tomaría una Heineken, inclusive dos o tres...es más, me voy a ir a tomarmelas. La primera a tu salud, hallofon.
2.- No lo creo, pero cosas más raras he visto.

Escrito por toya a las Junio 8, 2004 08:22 PM

Pues yo me quedo con la costumbre del vinocho y el marisco....... que supongo serán gastos de representación. La del OPUS no me mola y del personal masculino no dices nada..........
Donde esté un buen pulpo!!!

Escrito por duende a las Junio 8, 2004 11:43 PM

Y, para mi que esta pobre muchacha con 35 añitos ya,viviendo con sus padres y conservando un 600 que adquirio vete a saber cuando y posiblemente por capricho(joder estoy prejuzgando mucho no??)tiene que tener algun problemilla con su vida social.
No se algo rarito la veo yo.

Saludos

Escrito por Ginebra a las Junio 29, 2004 11:16 PM
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