Ha llegado la hora de pasar a un siguiente capítulo de mi historia de ridículos inconfesables que al final acaban confesándose, ya que, por el número de comentarios que obtuvo el primer post sobre el tema, parece que ustedes se divierten con mis desdichas. Les deseo una feliz estancia en el infierno. El tema de hoy es: Hacer el ridículo en el trabajo.
Ridículo Número 1
Protagonista: Yo mismo
Edad: 29 años
Lugar: Reunión informal de trabajadores para tomar un café
Magnitud: 2/10
Intensidad de las Secuelas: Baja
Relato del Suceso: Un ex-jefe y sin embargo amigo fue nombrado Director General de una importante empresa industrial. Me ofreció un puesto en el organigrama que yo acepté gustoso. Al incorporarme en el trabajo me comentó que el ambiente en el trabajo estaba muy enrarecido ya que existía una terrible pugna entre él y otro Director General por hacerse con la confianza del Presidente. El puesto para el que me habían designado era también pretendido por la mano derecha del otro aspirante, por lo que mi llegada había supuesto un peldaño más en el grado de confrontación interna.
Mi jefe comentó la necesidad de que hiciera buenas migas con el otro contendiente a mi puesto, para así apaciguar un poco los ánimos con vistas a trazar una estrategia más de largo plazo. Esta otra persona era ya veterana en la empresa y tenía gran popularidad entre los trabajadores, en especial entre los del sexo femenino ya que a su buen físico se le añadía una preocupación estética de primer nivel que contrastaba con mi desgarbado porte y arrugada vestimenta. Así que me puse manos a la obra para hacer buenas migas con el casanova. Me autoinvité a una reunión informal que se celebraba todos los días a la que asistían prácticamente todas las mujeres jóvenes del departamento de administración, un par de apolillados jefes de sección y el amigo del porte impecable. Estaban criticando a determinado personaje público y notorio, natural de X (léase una ciudad sin relumbrón de la geografía española). Yo, como siempre tengo que aportar el matiz jocoso y picante a cualquier tema solté haciéndome el gracioso: "Pero qué se puede esperar de un tipo nacido en X". Como X estaba bastante alejado de Y (el lugar en que nos encontrábamos) supuse que nadie se sentiría ofendido por mi comentario. Por el silencio sepulcral que siguió a mis palabras, la cara de desaprobación de las chicas, el movimiento lateral de cabeza de los apolillados y el rictus de furia contenida del poseedor de las rayban de última generación, deduje que había supuesto erróneamente, como pude comprobar más tarde en el parking de la empresa donde su Toyota Celica llevaba adosados en la parte trasera una par de pegatinas, una con el escudo de la ciudad X y otra con un palito, un corazón rojo y X.
Ni qué decir tiene que lo que siguió fue una guerra sin cuartel de la que afortunadamente salimos victoriosos pero con la que perdí la fe ciega que mi amigo y jefe tenía en mis dotes profesionales. Asimismo mis intentos de entablar amistad con las jóvenes del lugar sufrieron un importunado revés.
Ridículo Número 2
Protagonista: Yo mismo
Edad: 31 años
Lugar: Mi despacho. Reunión con el socio de Auditoría
Magnitud: 6/10
Intensidad de las Secuelas: Media
Relato del Suceso: Tras varias semanas de arduo trabajo de los ínclitos auditores, el informe ya estaba preparado así que me reuní con el socio de la firma para charlar sobre diversos temas y solucionar los últimos problemas surgidos durante su estancia. El socio era una persona a la que conocía de antaño, buen amigo y que podría ser definido como una persona alegre, socarrona, voceras, locuaz y muy dada al chismorreo.
Así que estábamos charlando animadamente en mi despacho cuando entra una administrativa de exportación, alta y rubia y me entrega con gran sigilo una nota doblada. Abro la nota, pensando que es algo de gran importancia y me encuentro con el siguiente comentario:
"Mi marido está de viaje. No me gusta dormir sola. Podrías venir a casa a pasar la noche?"
Y abandonó el despacho no sin girarse en la puerta sonreírme turbadoramente con un aleteo de pestañas. Antes de que se hagan una idea equivocada del tema déjenme que siga con la descripción de la chica. He dicho que era alta y rubia. De pelo lacio. Frente amplia. Dientes de camello. Expresión de murciélago. Piernas jónicas. Curvas inexistentes.
Así que la expresión de sonrojo de mi cara era más bien una muestra de asco, pero mi contertulio la interpretó mal. Me comentó: "No me jodas que te estás tirando a esta chica" A lo que yo dije "Yo no jodo, y menos con eso" La chica volvió al cabo de un rato y desde la puerta me espetó "No me has contestado todavía. Vienes o no?" Yo, intentando mantener la compostura, le hice un gesto firme para que nos dejara solos. Pero el daño ya estaba hecho.
Ni qué decir tiene que, a partir de ese día, cada vez que me encontraba a un auditor, notaba cierta sonrisilla pícara de complicidad. Ustedes creerán que desde entonces mantengo una gran fijación contra los miembros de tan respetable actividad pero no es cierto: viene de mucho antes.
Ridículo Número 3
Protagonista: Yo mismo
Edad: 27 años
Lugar: Ministerio de Agricultura. Conferencia sobre ayudas comunitarias
Magnitud: 8/10
Intensidad de las Secuelas: Media-Alta
Relato del Suceso:En uno de mis primeros trabajos, era el chico para todo. Lo mismo arreglaba la fuente del agua, que rellenaba los impresos para cobrar las subvenciones de la comunidad europea. Y sobre éste último trabajo versa mi siguiente ridículo. La empresa recibía muy cuantiosas cantidades por utilizar en su proceso productivo una materia prima subvencionada. Yo era el encargado de las relaciones con el Ministerio de Agricultura para cobrar el dinero aunque desconocía por completo las características del producto, su modo de empleo y para qué se utilizaba.
Un inolvidable día, mi jefe me envió una vez más al Ministerio. Esta vez era para asistir a una conferencia para la cual venía un miembro de la CEE. El invitado era él, pero como urgentes asuntos le reclamaban, me envió a mi en su lugar. Yo, incautamente, me acerqué al lugar convenido. Ante mí se presentó el funcionario con el que despachaba habitualmente, que me presentó a una docena de vejestorios funcionarios de alto rango a los que no había visto en mi vida puesto que siempre que acudía al Ministerio se encontraban tomando café. Asimismo me presentó al representante de la comisión, un alemán con cara de alemán. Lo que no me gustó fue que al hacer las presentaciones, se refiriera a mi con las siguientes palabras: "Aquí, el Señor P. de la Empresa B. que es el que va a dar la conferencia"
Como??? Que voy a dar que??? En ese momento se me nubló la vista, perdí el habla y me acordé de toda la familia, perro excluido, de mi jefe el cabrón. Así que yo, que apenas llevaba un año en la empresa cuadrando presupuestos, mirando balances y estudiando la evolución de las divisas, me ví de pronto, sin comerlo no beberlo, dando una charla sobre "La utilización de la materia prima X en el proceso productivo Y". Por supuesto, yo ignoraba que la tal materia, y mucho menos su prima, estuvieran envueltas en cualquier proceso.
Ni qué decir tiene que a las pocas semanas cambié de trabajo porque otra encerrona de estas y acababa recluido en un sanatorio.
Juas juas juas juas,
La tercera es la peor!!!!! me ha entrado sudor frío sólo de pensar que me pueda pasar a mi.
Pero podía haber sido peor, imagina que nadie te dice nada y te sientas en las butacas de espectadores esperando a que entre el conferenciante, y alguien te dice "el conferenciante eres tú"
Que horror cogno!.
SC
P.
Escrito por Pródigo a las Junio 21, 2004 10:37 AMMoraleja: no te fíes de ningún jefe; sé tu propio jefe ergo no te fíes ni de tu sombra.
Salut e força...
jajajajajaja..
Escrito por krida a las Junio 21, 2004 11:50 AMSi me pasa a mi lo de la conferencia me largo de allí por patas....no hay sueldo para pagar semejante encerrona....
Q cabron de jefe...
Escrito por RoGGeR a las Junio 21, 2004 03:18 PMYa que veo que todos os habeis detenido en el mismo punto, os voy a comentar que la cosa fue bastante parecida a lo que ha dicho Prodigo. Más que una sala de conferencias era una sala de juntas, una gran mesa rectangular alrededor de la cual nos sentamos los asistentes, toma la palabra el jefazo del Ministerio que dice más o menos: "Bueno días a todos. Saludamos especialmente al representante de la Comisión Europea. Nos hemos reunido aquí para estudiar la utilización de la mat. prima x y analizar el destino y utilización de las subvenciones de la CEE. Para ello, hemos invitado a un representante de una de las empresas que más utilizan dicho producto y que nos va a disertar sobre el tema"
Y acto seguido, ante mi sorpresa, me pasaron el micrófono...
Escrito por hallofon a las Junio 21, 2004 03:36 PMSi me pasa a mi hubiese aprovechado para saludar a mis padres que me quieren mucho o algo.
Escrito por Pródigo a las Junio 21, 2004 04:46 PMjajaja, pródigo, yo también y a lo mejor hasta me canto algo y todo..
Escrito por krida a las Junio 21, 2004 04:52 PMMadre del amor hermoso... No me extrañaría nada que, visto lo acontecido en tu vida, tuvieras paranoia, manía persecutoria, estados depresivos, obviaras en tu vocabulario habitual cualquier palabra que contuviera las letras "jef", estuvieras lleno de ticks y te comieses las uñas hasta el muñón... aunque veo que lo has superado (en la medida de lo posible, se entiende)
Escrito por Moet a las Junio 22, 2004 07:28 PMLo de la manía al jefe tiene su cura... en cuanto te nombran jefe, el propio instinto de conservación te hace cambiar de opinión. Pero sí, fue una experiencia de lo más enriquecedora. Después de aquello todo me parece relativamente fácil
Escrito por hallofon a las Junio 23, 2004 12:17 AMPero... ¿qué pasó al final con la conferencia, la diste? ?=¿??=
Escrito por rit a las Junio 24, 2004 03:00 AMquiero decir cuanto pasaron el micro
Escrito por rit a las Junio 24, 2004 03:02 AMCon lo que yo soy, que lo paso faltal de los nervios que me entran,vamos seguro que me caigo redonda del susto!! Valor tienes.
Saludos
Escrito por Ginebra a las Julio 4, 2004 09:03 PM