Si leen atentamente mi blog sabrán que este fin de semana he estado en la muy acogedora ciudad de Pamplona, que estos días celebra sus conocidas fiestas de San Fermín.
Al final hubo un cambio de última hora y uno de mis acompañantes no pudo venir y fue sustituido por mi hermano pequeño. Así que en lugar de un compañero de borracheras desde hace 25 años, una especie de alter-ego que tiene los mismos gustos que yo, el mismo sentido del humor y, por qué no decirlo, el mismo éxito con las mujeres (es decir, ninguno), vino un chaval al que conozco desde pequeño (faltaría más), más raro que un perro a cuadros, ejecutivo de una multinacional americana, que vive en Barcelona y trabaja en Madrid y que se define a sí mismo como "Nacionalista radical de extrema derecha" Díganme Ustedes a dónde voy yo con semejante individuo. El tercer componente de la expedición ha sido otro ejecutivo, esta vez de una empresa nacional, conservador, padre de familia numerosa y que acudía por primera vez al evento en cuestión.
Así que con un sólo cambio en al alineación, las perspectivas variaban por completo. En lugar de hablar de temas como las suecas, los tangas o recordar épicas partidas de tute que duraban toda la noche, hablamos de asuntos como Boadilla del Monte, el Puente Aéreo o la implantación en España de los Hedge Funds.
La jornada empezó con una cita el sábado 10 a las 3 de la tarde en un asador cercano al hotel donde nos alojábamos. Pedimos Tortilla de Bacalao y Chuletón de Buey, que fueron convenientemente regados con unas cuantas botellas de sidra. Una vez concluido el ágape, nos dirigimos a las habitaciones a disfrutar de una pequeña siesta con el fin de estar en forma para la dura noche que se dibujaba en el horizonte.
Tras dormir convenientemente, y ataviados todos con ropa sanferminera: en mi caso unos pantalones vaqueros desgastados y llenos de parches y roturas, una camiseta blanca con amplio historial en ocasiones similares y el obligatorio pañuelo rojo atado al cuello, nos dirigimos a la vorágine de la fiesta. Nuestra primera parada fue la reformada Plaza del castillo y el bar Txoko, un histórico lugar donde hace 50 años, mi abuelo, una celebridad local, compartía charla y terraza con gente como Orson Welles o Ernest Hemingway. Allí, unas Heinekens bien frías nos dieron la bienvenida a la fiesta.
La noche no trajo ningún tipo de sorpresas. Recorrimos los lugares de siempre, calles San Nicolás, Estafeta, Jarauta, el café Iruña, El Casino, etc. Por primera vez que yo recuerde, no me tropecé con nadie conocido, aunque dado el gentío que había, tampoco me extrañó en demasía. Para no beber siempre lo mismo alternábamos las Heinekens con cañas de barril. Como todos los bares estaban abarrotados de gente cantando y brincando, era muy normal esparcir parte del contenido de las bebidas sobre los cuerpos de los asistentes así como ser convenientemente regado por otros aspirantes a bebedores en las mismas circunstancias.
Por fin, tras muchas horas de fiesta, de beber y de conversar con gente desconocida, decidimos que lo mejor era retirarse ya que lo que teníamos que hacer ya estaba hecho, habíamos pasado un gran día y podíamos retirarnos a descansar con la satisfacción del deber cumplido y la promesa de que el año próximo volveremos a por más. Así que a eso de las mil horas emprendimos el camino de regreso al hotel, y tras un sueño no muy reparador que digamos, amanecimos al día siguiente, bastante resacosos y nos despedimos hasta la próxima vez.
Por último, no podían faltar las siguientes conclusiones:
- A pesar de que no me gustan las concentraciones de gente, en Pamplona disfruto como un crío con los empujones, olas humanas y brincos colectivos que siempre acompañan a estas fiestas.
- Cada pocos metros encontrabas a alguien o bien dormido o bien orinando contra una pared. Signo inequívoco de que mientras el cuerpo aguante allí no se retira a casa ni Cristo
- Los franceses continúan con la fea costumbre de creer que nadie más habla su idioma
- O bien me hago ilusiones de cuarentón en retirada o bien un par de veces alguna chica me tiró los tejos con disimulo. Yo no estaba para cortejos así que me hice el sueco como buenamente pude pero me quedó la duda. Es posible que todavía me encuentren atractivo? O es que estaban muy borrachas?
- El año que viene... MAS!
Envidia me das..
Escrito por krida a las Julio 12, 2004 01:51 PMLástima la lluvia que nos inkordió...pero weno kreo k nadie se daba cuenta de ella,porque sería?xD
Escrito por Kors0 a las Julio 12, 2004 03:04 PMLluvia??.. Qué lluvia??? jejeje. Sí, lo de la lluvia fue un pequeño incordio, pero normalmente siempre me sorprendía a buen recaudo dentro de algún bar.
Escrito por hallofon a las Julio 12, 2004 03:33 PMLástima no haber podido ir, especialmente por el suculento menú.
No me cabe ninguna duda: Te tiraron los tejos y seguramente más de un par (y eso que no te han leído)..
Yo soy catalán y tb he ido, era la primera vez y la verdad es que me ha gustado mucho, hay muchisima fiesta..
Los problemas es que yo no estaba tan comodo como tu en un hotel, sino durmiendo entre los dos coches con que venimos y eramos 10.. y por alli en un parque de nombre muy similar a los Tamgotchis xD así que acabe medio muerto..
Y lo peor de todo.. es q tuve que ír al hospital, estabamos haciendo "castillos catalanes" en el parque.. y yo estava en el segundo piso, cuando me subia una chica y caimos.. con lo que me cai de cabeza en el suelo y el chico que estava en el mismo piso que yo, se cayo encima de mi cabeza también por si me faltaba algun golpe más.. me tuvieron que llevar a lospital y hacerme 6 radiografias en la cabeza xDDD por suerte es el golpe solo.. y toda la parte izkierda de la cara morada..
pero genial estos 3 días, el año que viene repetiremos :D