Julio 23, 2004

Historia de Amor 3

No había tenido excesiva suerte en la vida. No era guapa. Ni siquiera atractiva, demasiado baja, delgada de huesos marcados, nariz grande, pelo áspero y piernas cortas que se separaban a partir de la rodilla. Tampoco era muy inteligente ni de personalidad arrolladora. Su familia pertenecía a la clase media de un endogámico pueblo pesquero de difícil acceso, donde todo el mundo se conocía y del que escaparse para no volver era tarea al alcance de muy pocos.

Consciente de sus limitaciones y del monótono futuro que le esperaba, decidió que, al menos una temporada, viviría a tope, sin responsabilidades ni ataduras. Para ello, nada más cumplir los 18 años, ella y otras dos amigas se trasladaron a una ciudad industrial en pleno declive, a una hora de camino, y se matricularon en unos cursos que sabían que nunca terminarían.

Sus padres, para evitar las tentaciones que podrían acabar con su buen nombre a ojos de todo el pueblo, las obligaron a alojarse en un Colegio Mayor, compartiendo residencia con muchachas de carácter cosmopolita y urbano, risueñas y pizpiretas y dispuestas a comerse el mundo. La llegada de tres pueblerinas de rudos modales y ningún cuidado por la imagen, apenas les despertó el interés de una molestia pasajera a la que se acostumbrarían rápido.

Pronto comprendió que allí la gente, al igual que ella, no había ido a estudiar, sino a pasárselo bien. Las fiestas eran continuas. Las chicas más guapas revoloteaban alrededor de atractivos estudiantes de una universidad contigua. Mientras tanto, ella y sus amigas se limitaban a asistir como comparsas a los pocos lugares donde eran invitadas.

Las clases eran monótonas pero pronto algo le hizo cambiar de parecer. Era aquel chico guapo, estudiante universitario que, para ganarse ese dinero extra que sus acaudalados padres le negaban por su afición a la bebida y las juergas, daba clases de inglés en aquella academia. Pronto se inscribió en la citada asignatura para poder observar de más de cerca a aquel chico tan atractivo.

A las pocas semanas, los alumnos de su clase decidieron celebrar una cena de confraternización, a la que se apuntó el joven sin mucha convicción. La cena fue seguida por una frenética excursión de bar en bar, por lo que a eso de las cuatro de la mañana sólo quedaban en pie, aunque en equilibrio precario, el profesor y su admiradora/alumna. El la llevó a su apartamento, a su cama y tras una sesión de sexo sin compromiso ella se vistió y se volvió a la residencia. La semana siguiente el profesor parecía no recordar lo sucedido aquella noche pues apenas se limitaba a saludarla con la habitual cordialidad. A ella esto le hizo mucho daño porque el chico le gustaba de verdad.

A los pocos días coincidieron en otra fiesta. El estaba hablando con una preciosidad rubia, asimismo habitante de la misma residencia femenina. Una componente del grupo que las miraba con desdén y las consideraba seres de segunda categoría. Y allí estaba con él, su idolatrado caballero, riéndose los dos de tonterías, seguro. Al pasar a su lado él le había saludado con un escueto hola mientras ella ni siquiera había hecho el más mínimo ademán. Tras una horrible noche y justo cuando ya de madrugada se disponía a volver a casa, él se le acercó. Tenía una borrachera considerable.

- Hola, bonita, qué tal lo estás pasando?
- Tú no estabas con la rubia esa?
- Bah.. son todas unas estrechas

Y de nuevo acabó la noche en su apartamento, en su cama y bajo el fuerte olor a alcohol que salía de su boca.

Esta situación siguió sucediéndose varias veces más. Para él, ella sólo parecía existir al final de la noche. Ella se conformaba con eso, porque, al menos conseguía estar en su compañía. Hasta que una noche, en la que él, demasiado borracho como para acercarse a ella, se había ido a su casa, y cansada de ser un simple recurso de última hora, decidió lanzarse en los brazos de su mejor amigo, otro estudiante mucho más serio e introvertido, que dormía la mona en un sillón del bar donde se encontraban. Había oído hablar de él porque una de las niñas bien de la residencia estaba loca por sus huesos aunque éste poco caso parecía hacerla. A pesar de su pequeño tamaño consiguió cargarle sobre sus hombros, le llevó a su casa (la de él) y terminó por meterse en su cama, a pesar de su lamentable estado físico. Ni siquiera pudo cumplir con una pequeña ración de sexo pues se quedó dormido después de la segunda embestida.

Esta vez decidió quedarse a dormir para que al día siguiente el chico contemplara lo que había hecho y se lo contara a su amigo. De una forma insospechada y que a ella le pilló por sorpresa, al despertarse él no sólo recordaba lo sucedido, sino que se deshizo en excusas por haber sido una carga inútil y pesada, le preparó un buen desayuno, que le llevó a la cama, y, tras esperar a que se vistiera, le acompañó a la residencia.

La siguiente vez que se volvieron a encontrar, al contrario que su compañero de fatigas, se acercó a saludarla, se tomó algo con ella y estuvo simpático, amable y divertido. Pronto, en su mente comprobó que la imagen del apuesto profesor se iba desvaneciendo y su lugar era ocupado por este chico tan sorprendente y educado. Tras desaparecer unas horas con su cuadrilla de amigos, volvieron a coincidir en un bar, volvió a acercarse con ella, y ya permanecieron juntos hasta la mañana siguiente, cuando después de despertarse con la satisfacción de tener una presencia cariñosa a su lado y compartir una excelente noche de sexo a dos, él tuvo que irse corriendo a clase después de despedirse con un sonoro beso.

Y estuvieron saliendo durante varios meses. El momento culminante fue en la fiesta de final de curso de la residencia cuando él, de forma evidentemente consciente, se pasó toda la noche besándola y abrazándola delante de aquella niñas que tanto desprecio habían mostrado por ella.

Los caprichos del destino acabaron por separarlos pero ella siempre guardará en su recuerdo un lugar especial e insustituible para ese chico que surgió del lugar más inesperado y que convirtió durante un tiempo su monótona y gris existencia en algo feliz y maravilloso

Escrito por Hallofon a las Julio 23, 2004 08:44 AM | TrackBack
Comentarios

Y por qué eso no me pasa a mi?

Segundo jueves que salgo y las niñas en Sevilla son muy poco educadas.

Seguiré contando.

Saludos

P.

Escrito por Pródigo a las Julio 23, 2004 09:51 AM

Enternecedora historia la de hoy, amigo hallofon..

Escrito por krida a las Julio 23, 2004 10:13 AM

Mi experiencia me dice que la guapa no siempre es la mejor compañía, más bien casi nunca... será por eso que ya no se me acercan...
Saludos

Escrito por odyseo a las Julio 23, 2004 12:13 PM

Algunas tienen la suerte de conocer un chico asi..... y a algunas tambien les dura. preciosa historia.

Escrito por duende a las Julio 23, 2004 08:47 PM

Tío eres el puto amo escribiendo me encanta no solo la historia sino como está redactada admiro tu manera de escribir, está debuti

Escrito por gorkamorka a las Julio 24, 2004 05:56 PM

Da igual ser la guapa o la fea, el popular o no, al final como en tu historia cada cual con quien debe ni mas ni menos.

Enhorabuena de nuevo por la narracion.

Saludos

Escrito por Ginebra a las Julio 25, 2004 12:28 AM

ME ENCANTO ESTA HISTORIA DE AMOR ...OJALA Y YO ENCUENTRE MI PRINCIPE...AUNQUE SOLO SEA EN SUEÑOS

ME ENCANTO LA NARRACION...
SALUDOS

Escrito por dalia L. a las Agosto 13, 2004 04:18 AM


se me olvidaba gracias por dejar espresar nuestra opinion ....cuidense

Escrito por dalia L. a las Agosto 13, 2004 04:22 AM

La historia me parece de lo mas romatica, pero poco probable, es dificil que se encuentren chicos por lo menos un poco sinceros y mentiria si dijera que no me gustaria encontrar uno,por que por lo regular siempre me topo con los olvidadisos jajajajajaja

Escrito por teresa a las Octubre 4, 2004 10:41 PM

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Escrito por debt consolidation a las Octubre 16, 2004 07:30 AM

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