Desde que era muy pequeño, mis padres han demostrado un inusitado interés por conocer mi desenvoltura en el agua. De hecho, con apenas 9 meses de vida me caí al Ebro y con un año recién cumplido al río Tirón, que si bien no es tan conocido y caudaloso como el anterior, también puede resultar mortal.
Estos hechos desarrollaron en mí cierta tendencia a salir despavorido en dirección a tierra firme cada vez que me aproximaba a una concentración de agua superior a la de un charco o la bañera de mi casa.
Para vencer esta aversión, mis padres nos apuntaron a mi hermano mayor y a mí al equipo de natación de un club deportivo cercano a nuestra casa. Los entrenamientos se desarrollaban en una piscina de dimensiones olímpicas que, a su vez, era foso de saltos por lo que alcanzaba los 4,5 metros de profundidad. Es decir que semejante estanque de agua no lo calentaba ni Dios y jamás superaba la temperatura de 10 grados. Esto está muy bien para fornidos y musculosos nadadores adultos pero para un niño más bien enclenque y con cierta propensión nada marginal a pillar todo tipo de catarros, era una tortura sin igual.
Y allí, en esas heladas aguas es donde nos sumergíamos a practicar nuestro estilo natatorio. El mío era muy sui generis y original: una especie de híbrido entre el tradicional crawl y el estilo propio del perro de aguas Cántabro. Como era, con diferencia, el más lento de todos los allí presentes y el último en terminar los ejercicios impuestos, con frecuencia se olvidaban de mí hasta que mi hermano, una vez duchado y vestido, intuía que se dejaba algo y, tras cerciorarse de que la toalla y el bañador los tenía consigo, se daba cuenta que lo que faltaba era su esforzado hermano menor que seguí dando brazadas en la gélida piscina. Allí acudían pues a rescatarme y me sacaban del agua congelado, con el color y la textura de una uva pasa y castañeteando los dientes a un ritmo que bien podría servir de base para un número musical de Lord of the Dance.
Finalmente, dado que mi hermano era una de las estrellas del equipo y yo un simple subalterno que apenas sabía mantenerse a flote, mis padres me retiraron del equipo con el fin de preservar el buen nombre de la familia. No hace falta decir que aquello no hirió en absoluto mi orgullo y me sentí más contento que unas castañuelas de poder abandonar aquella sádica práctica.
Aquí un pequeño inciso en la narración para comentarles que el olímpico de mi hermano, de tanta inmersión en agua helada, sufrió una otitis de caballo, que le retiró del deporte, estuvo durante meses emanando pus de su oreja y con unos dolores que apenas podía dormir. Que se joda.
Fueron pasando los años y, si bien perdí aquella inicial fobia, mis preferencias se tornaron hacia otros deportes en los que, si he de ser sincero, tampoco destaqué en demasía. Solamente al llegar a la Universidad encontré la práctica deportiva que mejor se acomodaba a mis condiciones y mi espíritu: el mus y el tute con sus variantes de la brisca, la pocha o el subastado. Creo que también podría ser bueno jugando al golf pero todavía no tengo ni el patrimonio ni las hechuras idóneas para darle al drive y embocar putts desde el green.
Y héteme aquí, cuarenta años después de mis primeras hazañas submarinas, que tras leer en una revista que la natación es uno de los deportes más completos y sanos que hay, me he comprado un gorro y unas gafas de nadador y me he autoimpuesto la obligación de acudir diariamente a tonificar mi cuerpo y mente luchando contra el líquido elemento. Uno de estos días tengo que comprarme un bañador que sea más aerodinámico porque el que tengo me lo dio mi padre hace ya unos años y está tan dado de sí que hasta a Manuel Fraga le quedaría pequeño (lamentablemente de este hecho me di cuenta tras lanzarme a lo Johnny Weismuller para impresionar a un cursillo de natación de niños y niñas de ocho a diez años. Impresionados sí que quedaron)
Pero una vez más he de rendirme a la cruda realidad. Como me temía sigo siendo una nulidad acuática de primer orden. Me adelantan hasta los viejos a los que su médico les ha recomendado que hagan un poco de ejercicio. Por más que intento alargar la brazada, batiendo con fuerza mis piernas, aplicando un molinillo supersónico a mis brazos, sólo consigo agotarme, quedarme sin respiración y formar un atasco en mitad de la piscina.
Pero de momento mi moral sigue firme, y espero notar dentro de poco en mi cuerpo esos milagrosos efectos que me han prometido.
Buenos días y muy buen post... refrescante para empezar bien el día. Todavía me estoy riendo con lo de Lord of the Dance ... jajaja
Escrito por krida a las Agosto 12, 2004 10:15 AMEl truco está en deslizarse en el agua y no ir contra el agua.
Yo nadé durante unos años y aún lo hago de vez en cuando.
Lo que nunca te enseñan cuando aprendes a nadar es a mover el tronco, que se ha de mover como un tornillo.
Aunque lo mejor será que hagas como hice yo, graba las pruebas de natación de las Olimpiadas y fíjate cuando pongan la cámara submarina.
Entenderás porqué a Ian Thorp le llaman "el torpedo".
Y si no te quieres aburrir aprende a nadar los estilos que no sepas, además, aunque todos los estilos fortalecen todo el cuerpo, cada uno fortalece especialmente una parte.
Crawl: espalda-triceps
Braza: pecho-triceps.
Espalda: espalda-triceps-piernas
Mariposa: espalda-abdomen
Y no, el triceps NO es un dinosaurio.
Jajaja... pues yo todavía me río del susto que se debieron llevar los niños!
Y lo que dice Pródigo de grabar las pruebas de natación, y sobre todo la cámara submarina para ver no sé qué torpedo... yo juraría que te quiere llevar al lado oscuro (bueno, a la acera oscura...). Mejor investiga a ver si el equipo sueco femenino está clasificado ;)
Escrito por prox a las Agosto 12, 2004 11:31 AMVaya, ya iras superando con tranquilidad ese miedo, unicamente e sponerse y comprobar que el agua al fin y al cabo no es tan malo..CUando lo superes, no0 podras salir del agua de lo bien que se esta.
Y si, es muy cierto que es el deporta mas completo ya que mueves todos los musculos del cuerpo, lo tienes cooordinar, es muy sano para el corazon y en definitiva es un deporte que realaja.
Escrito por HeydY a las Agosto 12, 2004 12:18 PM
Es uno de los deportes mas completos que hay.
Yo lo practico desde que era pequeñita y estoy encantada...!!!
Te pone las cosas muy en su sitio...ji,ji,ji!!!
Desengáñate, amigo Hallofon, el agua no está hecha para tí, pero ni en piscina ni en vaso (como mucho en hielo y acompañada de buen escocés).
Todo lo que sea perder la gravedad sin haber ingerido espirituoso alguno no es bueno para el cuerpo, que, no olvidemos, está hecho sólo para la tierra (vertical u horizontal según la compañía).
Saludos desde el fondo del vaso.
Compra pronto ese bañador no sea que te detengan por perversion de menores,jejejejeje
Escrito por cedrik a las Agosto 12, 2004 04:23 PMPara que te sirva de consuelo, yo tarde 4 años en aprender a nadar, me daba un panico tremendo y como mi madre no sabia nadar la mujer decidio que no queria que a mi me pasara lo mismo.Total que me apuntaron a natacion y me escapaba cada vez que me tocaba nadar a mi.Los monitores corriendo detras de mi alrededor de la piscina.Me escondia en vestuarios,duchas o baños, el caso era que no me econtraran y salia ya cuando daba la hora de marcharse.Casi ahogo a uno de mis monitores apoyando mis manos sobre su cabeza hundiendole hacia abajo para salir yo hacia arriba.
Vamos que los hay peores que tu jejej.Eso si termine aprendiendo.Llego el "malas pulgas"(otro monitor)y ya se encargo el de q aprendiera.
Chico esta visto que nuestros inicios fueron mas de secano.
Saludos
Hacia tiempo que no me reia tanto, tu estilo narrativo es cojonudo!
Escrito por e-ninho a las Septiembre 7, 2004 06:11 AMUff... no se si decirte que el relato me ha resultado escalofriante o desternillante... ^_^U
No me acuerdo mucho de mis inicios natatorios, ya que creo (y según dicen mis padres) mi primer contacto con el agua de una piscina fue a los 3 meses. Asi a la fuerza aprendí a nadar bien (supongo que era eso o ahogarme ¬_¬), y también estuve en un club de natación siendo niña.
Pero si te sirve de algo, y muy a pesar mio, siempre he tenido una torpeza innata fuera del elemento acuático (que le vamos a hacer, la gravedad juega malas pasadas). ¡¡¡Que me sigue durando incluso después de dejar el club de natación!!! No es justo -_-
¿le pasaba eso a tu hermano? ¿o por el contrario su única habilidad fuera del agua era la de segregar guarrerías por las orejas?
(Nota de la Autora: pobrecillo XD)
Saludos.
PD. Es la primera vez que me paso por tu blog y me parece genial.
me parece interesante tu sinceridad, pero continua practicando es necesario te ayudara a salvar tu vida y el de los demas , asi como fortalecer tu cuerpo...adelante
Escrito por carlos segura castilla a las Septiembre 27, 2005 01:50 AM