Septiembre 30, 2004

El día que nací yo

Vamos a dejar de momento las trepidantes aventuras de nuestras fuerzas de élite en busca de recuperar el honor perdido y voy a bucear de nuevo en mi particular baúl de los recuerdos para rescatar algún período de mi historia pasada. Y qué mejor momento que el día de mi alumbramiento, el día en que vine al mundo. Todo lo que voy a contar lo sé de fuentes externas que estaban allí presentes porque he de confesar que yo apenas recuerdo algo del momento (quizá los azotes en el culo para que comenzara a respirar lo que ha terminando derivando en... bueno mejor sigamos por otro camino)

Como Ustedes ya sabrán si son asiduos lectores de mi blog yo nací un 18 de Julio. Eso marca. Lo que seguramente ignoran es que nací con el color umbilical a modo de foulard enroscado unas cuantas vueltas alrededor de mi cuello. Eso también marca y, sobre todo, deja marcas. Según todos los estudios médicos, semejante evento puede causar daños irreversibles al bebé porque impide que el oxígeno llegue correctamente al cerebro y sufrir como consecuencia parálisis cerebral o algo similar. En mi caso, y como habrán podido comprobar, la única secuela que me dejó el evento fue una alergia a llevar bufanda y ciertos desvaríos varios en mis funciones cerebrales sin consecuencias visibles exteriormente.

Y allí estaba yo, una vez liberada mi garganta. El médico Mayor, y no me refiero a que era un galeno de avanzada edad ni a que pertenecía a una especie de corporación hipocrática sino a que se apellidaba así, consideró que, para evitar riesgos y antes de hacer las pruebas para determinar si era tonto de remate o una persona normal, me aplicaran oxígeno mediante una mascarilla. La encargada de tal operación fue mi abuela. Afortunadamente, el parkinson que posteriormente le llevó a la tumba a la pobre, le sobrevino unos años después por lo que pude aspirar de la botella sin vaivenes totalmente innecesarios.

Así que cuando al final el resto de mi familia fue a conocer al nuevo miembro de ella, con sus ramos de flores y cajas de bombones, se encontraron al entrar en la habitación con el panorama de mi madre llorando en una esquina ante la posibilidad de tener que pasar el resto de su vida con una carga realmente pesada y mi abuela aplicando una mascarilla de oxígeno a mi congestionado rostro. El shock fue especialmente fuerte para mi tío que llegaba en ese momento de Pamplona, de pasar los San Fermines, fiesta que por cierto, había terminado cuatro días antes.

Si creen Ustedes que con esto había terminado con mi primer día es que no conocen mi afán de protagonismo y la necesidad imperiosa que tengo de dar la nota allí donde me encuentre.

Un par de horas más tarde, y cuando ya se entrevía que yo iba a ser una persona sin taras ni minusvalías me puse de color azul. Y cuando digo azul no lo digo en plan "mira que mono el niño que colorcito más original tiene", sino azul AZUL. Sin explicación aparente y respuesta convincente por parte de los médicos. Afortunadamente en aquella época todavía no estaban de moda los Pitufos por lo que me evité que me cargaran inmediatamente con un apodo que hubiera marcado mi vida para siempre.

Ante el color que estaba tomando la situación, decidieron llamar al pediatra más conocido de San Sebastián para ver si podía aportar algo de luz al tema. Además este médico era amigo de mi abuelo luego no se podía negar a echar una mano.

El susodicho era un bon vivant de reconocido prestigio y un ludópata de armas tomar. En ese momento, las ocho de la tarde más o menos de un día festivo en España, se encontraba en el casino de Biarritz dedicándose a sus aficiones favoritas luego supongo que el tener que abandonarlas para acudir en ayuda de un bebé con pinta de extraterrestre supongo que no le haría ninguna gracia. El caso es que cuando llegó a la clínica mi piel había recuperado el color normal, sin explicación ni motivo aparente, así que su viaje fue en vano y podía haber continuado perfectamente haciendo lo que cualquiera sabe estaba haciendo el viejete. Con el paso de los años siempre me pareció que este hombre me miraba de forma extraña, achacando sus vitriólicas miradas a la faena que le hice aquel día, hasta que mi madre me comentó que tenía un ojo de cristal y que miraba de igual forma a todo el mundo.

En definitiva, nunca se supo por qué ese cambio de color, ni los médicos encontraron explicación plausible alguna. Mi abuelo echó las culpas a haber nacido en tan infausto día y el caso quedó aparcado para siempre. Como ven, entré con fuerza en este mundo causando problemas a mi familia.

Afortunadamente pocos quebraderos de cabeza he dado posteriormente y no ha quedado ningún rastro del aquel accidentado día.


Escrito por Hallofon a las Septiembre 30, 2004 11:50 PM | TrackBack
Comentarios

Posteriormente no ha quedado ningun rastro.....
Seguro? entonces que es este blog......

Escrito por cedrik a las Septiembre 30, 2004 11:52 PM

¿No te vuelves a poner azul cada 18 de Julio?...es una pena, porque tal y como anda el mundo en general, y España muy en particular, te podías haber ganado la vida estupendamente con eso sin pegar palo al agua.
Buenos dias, hallofon.

Escrito por toya a las Septiembre 30, 2004 11:53 PM

Vale pues mi opinión es q eres un mutante q no ha sabido explotar sus poderes cromáticos.
Deberías trabajar en ello y a lo mejor podrías camuflarte con las paredes..,. espiar sin ser visto agggg xD asíq ánimo ¿llamo al doctor xavier?

Escrito por gorkamorka a las Octubre 1, 2004 04:00 PM

azotes.. en el culo.. ummm.. ¿no serás de esos no? amigo Hallofon

Escrito por krida a las Octubre 1, 2004 05:17 PM

azotes.. en el culo.. ummm.. ¿no serás de esos no? amigo Hallofon

Escrito por krida a las Octubre 1, 2004 05:17 PM
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