Octubre 11, 2004

11 de Octubre

Hoy, 11 de Octubre, es una efemérides muy especial para mí. Y no sólo porque es el cumpleaños de Daryl Hall, mi cantante favorito, sino por otro motivo mucho más importante que tal vez cuente algún día aquí, en este blog, dentro de unos años. Pero hoy no me voy a detener ni en una cosa ni en otra sino en otro día como hoy, concretamente el del año 1.992.

Aquel día se casaba uno de mis mejores amigos, un compañero de facultad. Nacido en un pequeño pueblo rural del interior, se había labrado su camino a base de becas, con las que había recorrido internados de todo el país. En la Universidad, a pesar de provenir de ambientes opuestos, hicimos muy buenas migas y, a día de hoy, cuando él es ya un ejecutivo importante en una gran empresa, seguimos siendo grandes amigos.

Pero vayamos a aquel 11 de Octubre. Se casaba con su novia de toda la vida, vecina de otro minúsculo pueblo colindante. Como el lugar donde se casaba, un monasterio semi-abandonado y que sólo se abría para acontecimientos puntuales, se encontraba en un recóndito lugar donde los únicos pobladores eran un par de monjes nonagenarios, unas cuantas alimañas y algún que otro peruano que tocaba la flauta de pan, los compañeros de estudios que habíamos sido invitados quedamos en la capital de la provincia para dirigirnos allí en un sólo vehículo. Así que montamos en mi coche un gallego, un asturiano, un madrileño y un vasco. Tranquilos que no voy a contar ningún chiste.

Dada nuestra experiencia en terrenos rurales y a mi pericia como conductor y estratega llegamos justo en el momento adecuado: aquel en el que terminaba la celebración y los invitados se aprestaban a salir. Yo, que llegaba en ese instante, atisbé a dos fornidos mocetones provistos de cohetes y petardos que ya le hubiera gustado a Saddam Hussein tenerlos en su poder. Como soy un fisonomista de primera, pude intuir que aquellos dos muchachos eran Ingeniero de Telecomunicaciones de las últimas promociones el uno e Ingeniero Aeronáutico con amplia experiencia en la Agencia espacial Española el otro. Así que corrí a refuigiarme bajo un lejano y frondoso árbol. El primer cohete salió disparado hacia arriba, realizando posteriormente un escorzo y dirigiéndose raudo y veloz hacia donde yo me encontraba, explosionando a escasos centímetros de mis tímpanos. Del susto se me cayeron todos los botones de la americana. Al segundo cohete le pasó exactamente igual, con lo cual tenía ya el corazón a punto de salírseme por la garganta. Afortunadamente, lograron ajustar el punto de mira y los siguientes ya tomaron su pretendido objetivo: la muchedumbre que en esos momentos abandonaba el templo.

Posteriormente se produjo el acontecimiento central del día: el ágape. A los cuatro universitarios, todos solteros, se nos colocó estratégicamente en las mesa con las solteras más apetecibles de la región. Teniendo en cuenta que se trataba de una zona rural, apenas habitada y en franco declive, donde cualquiera que tuviera mínimamente una mínima posibilidad había ahuecado el ala, no hace falta que les diga que la belleza exterior de las dichas muchachas no era como para tirar cohetes, ya que estamos hoy muy pirotécnicos (de su belleza interior no puedo hablarles porque no me dediqué a investigarla). Así que nos dedicamos preferentemente a las botellas de vino colocadas sobre la mesa. Nuestras vecinas no paraban de lanzarnos insinuaciones. Pero, a cada aleteo de pestaña, más prieto sentía el nudo de la corbata y con más sed me lanzaba a por la copa de vino.

Una vez comidos nos dirigimos a la discotheque. Allí, y con el fin de no desperdigarnos y ofrecer un blanco fácil, los cuatro amigos permanecimos en el centro de la pista bailando sin resuello. En el momento en que el disjockey colocó una de esas canciones lentas para bailar a lo agarrao, los cuatro corrimos a los urinarios y estuvimos miccionando allí los más de veinte minutos que duró la música de confraternización. Cuando volvieron a resonar los conocidos sones de "Saca el wiki Cheli para el personal", corrimos raudos hacia el centro de la pista, bajo los focos, para proseguir con nuestras maniobras de distracción.

Afortunadamente, no sucedió nada aquella noche de lo cual pueda arrepentirme y no es más que una anécdota más que, simplemente, sucedió en una fecha muy señalada y querida.

Escrito por Hallofon a las Octubre 11, 2004 01:08 PM | TrackBack
Comentarios

Un chicarrón del norte como tú asustado por dos cohetitos de nada. Aquí tendrías que venirte tú a vivir, que por menos de nada te montan la mascletá. En estos momentos en mi casa disfrutamos de una maravillosa demostración pirotécnica por obra y gracia de la benemérita........viva la virgen del pilar y la madre que la parió!!

Escrito por toya a las Octubre 11, 2004 04:50 PM

"Así que montamos en mi coche un gallego, un asturiano, un madrileño y un vasco. Tranquilos que no voy a contar ningún chiste."

Este ha sido de los puntos más graciosos que te he leído.

Qué bueno joder!

SC

Pródigo

Ah! se me olvidaba hacer spam: Actualizado blog!!!

Escrito por Pródigo a las Octubre 11, 2004 07:22 PM

xD seguroq hay alguna pueblerina por ahí diciéndole a otra "hay chica si en aquella boda hubiésemos estado mas listas" xD.
Otro de esos posts chachis tío xD

Escrito por gorkamorka a las Octubre 12, 2004 08:42 PM

Aunque fuera de servicio, aún me arrancan risas tus post.
Saludos.!!

Escrito por odyseo a las Octubre 13, 2004 11:50 AM

Actualiza YA!!!!

MAMONA!!!!!

Saludos cordiales

P.

Escrito por Pródigo a las Octubre 13, 2004 06:13 PM

Pues fijate que porque hace ya tiempo de esa boda que si no, despues de leer tu post te diria que cuidado, que de una boda sale otra jejejejejeje.

Saludos.

Escrito por Ginebra a las Octubre 14, 2004 11:07 AM

Llego tarde, pero cuánto me acabo de reír. ¡Gracias!

Escrito por peke a las Octubre 17, 2004 02:03 AM
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