Dentro de cada persona se esconde un deportista en potencia. El caso consiste en encontrar ese deporte en el cual podamos explayar convenientemente nuestras mejores cualidades y conseguir una maestría en el mismo de la cual podamos estar orgullosos. En mi caso, ese deporte es el tute.
Pero para llegar a esta conclusión he tenido que, a través de los años, ir probando toda clase de disciplinas en las cuales he hecho mis pinitos en algunas con un éxito relativo y en otras con un fracaso absoluto. Aquí van, desgranadas y en orden más o menos cronológico dichas experiencias:
- La natación: Ya he comentado en otro post mi experiencia en este campo. Para no ser repetitivo les resumiré que mi hermano y yo fracasamos en este campo, él por una otitis muy dolorosa y yo por mi negativa a hacer algo más que flotar.
- El judo: Con ocho años, yo daba clases de solfeo y de piano los lunes, miércoles y viernes después del colegio. Así que mis padres consideraron que todavía tenía los martes y los jueves libres y que debía aprovecharlos si no quería caer en las garras de la holgazanería y el consumismo. Por ello nos apuntaron a mi hermano y a mi a clases de judo. Yo, que soy de natural pacífico y dialogante y no me gusta hacer daño a los demás, no colaboraba con el deseado interés. Si a ello añadimos que en aquella época era un enclenque y subdesarrollado palillo y me daban unas palizas de campeonato, quedó bastante diáfano que aquel deporte no era para mí. Asi como mi hermano fue cambiando el color del cinturón de su vestimenta con bastante asiduidad, el único cambio que se producía en la mía era que cada vez estaba más sucio de todas las veces que rodaba por el tatami. Finalmente, tras consultarlo con mis maestros me retiraron de la circulación con gran alegría por mi parte.
El tenis: Mirando el calendario mis padres se fijaron en que también tenía los fines de semana libres así que por qué no madrugar los sábados para dar unas sanas clases de tenis? Recuerdo frecuentemente aquel período por un acontecimiento extradeportivo: fue el año en que mi madre se sacó el carnet de conducir. Así que recorríamos toda la ciudad con mi madre al volante. Una experiencia inolvidable. Todavía me acuerdo cómo consiguió la proeza de que en una sola calle se le calara el coche 17 veces con las consiguientes recomendaciones de los automovilistas que nos rodeaban.
El esquí: Y Ustedes se preguntarán.. Y el domingo? Pues el domingo tocaba esquí. Ya he tratado este tema en otro post. Así que repetiré lo ya dicho. El único recuerdo que me queda de aquellos días es que pasaba frío, hambre, sueño y las chicas no me hacían ni caso.
Como ven, no había ningun día de la semana en el que no tuviera que madrugar. Desde entonces ando con falta de horas de sueño y me duermo por todas las esquinas.
- El baloncesto: Una vez terminado el judo y para rellenar el hueco en el calendario, decidí, esta vez no fue impuesto, meterme en algún deporte de equipo. Como todavía ningún ojeador me había reclamado para el fútbol, me incliné por el baloncesto. En el colegio había dos equipos: el A y el B. Por supuesto yo estaba en el B. Eramos lamentables. El único partido que ganamos en tres años fue porque el contrincante no se presentó. Por lo demás, los partidos más igualados eran contra los equipos B de otros colegios que sólo los perdíamos por 30 puntos. Contra los equipos A los perdíamos por más de 100. Y nunca llegábamos a meter más de 10. En los tres años no fui capaz de anotar un solo punto. No está mal no?
- El atletismo: Como era de los más rápidos del colegio, me apuntaron a un club de atletismo. Cuando llegué a la pista de entrenamiento, el entrenador me preguntó: Tu, en qué eres bueno? Sprint, medio fondo o vallas? Y yo respondí: ... bueno.... Así que el primer día hice sprint, el segundo medio fondo y el tercero vallas. Al cuarto ni me llamaron. Lo mejor de aquello es que mi hermano mayor, que me acompañó el segundo día, fue inmediatamente fichado y consiguió ser campeón provincial ese mismo año.
- El rugby: Este deporte lo practiqué ya de mayorcito, en la Universidad. Se formó un equipo en el COlegio Mayor donde estaba y nos apuntamos varios amigos. Yo, como ya he dicho, que rehuyo la violencia, me adjudiqué el puesto de alero, ya que, en estos equipos, el balón nunca llega hasta él con lo que evita encontronazos y ensuciarse la ropa. Y así fue durante los primeros partidos. Pero un dí en que faltó el primer medio centro me colocaron en su lugar. Nada más empezar el partido me encontré con el balón entre las manos y antes de que pudiera pasárselo a otro, un animal salvaje me dió un soplamocos que me dejó sin respiración durante toda la primera parte. No éramos muy malos porque nuestro zaguero era de la selección española sub21 y la cosa consistía en darle el balón a él y él solito se encargaba de anotar. El caso es que conseguí desenvolverme bastante bien y llegué a anotar algún ensayo. Además nos invitaron a participar en un torneo en París durante una semana y aquello estuvo muy bien.
Este es más o menos mi historial deportivo. Como ven, hace al menos 20 años que no practico ningún deporte y, a pesar de todo, todavía consigo subir las escaleras de mi casa sin cansarme (aunque he de reconocer que vivo en un primer piso)
Escrito por Hallofon a las Junio 28, 2004 09:50 AM | TrackBack