Enero 17, 2005

Un homenaje

Cuando uno es un trabajador ejemplar, eficaz, discreto y sacrificado puede, y debe, de vez en cuando, hacerse unos pequeños homenajes. Y en qué consisten esos homenajes? En mi caso suele manifestarse en una visita a una de las filiales de la empresa.

Por eso, esa mañana en que el solitario no sale, o no consiguo encestar los informes en la papelera, suelo coger el teléfono, llamar al gerente de una de esas filiales y comunicarles que en breve recibirán una visita sorpresa para inspeccionar algún elemento del activo o alguna partida del inventario. Normalmente elijo una empresa que está bien situada: a menos de cinco minutos de un restaurante donde se coma muy bien. No hay que llegar demasiado pronto, para no terminar antes de la hora del almuerzo, ni demasiado tarde para que no sea demasiado evidente que te estás autoinvitando.

Avisando con una hora de antelación, para que se vayan poniendo nerviosos, llego a las once a la empresa visitada. Entro por la puerta. Agudizo el oído para comprobar si el taconazo del recepcionista es lo suficientemente notorio y marcial como para que no tenga que hacer un informe negativo sobre él. A los pocos segundos llega el gerente que se lanza en plancha a mis pies de cabeza. A la tercera o cuarta genuflexión le digo que no se exceda que a su edad, el lumbago, ya se sabe... Me lleva inmediatamente a su despacho particular donde al cabo de un minuto aparece su secretaria con un café humenate. Pido los listados más ininteligibles que se me ocurran. Durante los 15 minutos que tardan en facilitarte lo pedido, tengo que aguantar la quejas y los lloros del gerente, cosa que hago adoptando una actitud como si realmente me interesara lo que me está contando. Cuando, al fín, llegan los listados los leo con estudiada atención a pesar de que en el fondo estoy pensando en si pedir chuletón o solomillo de segundo plato. Una vez pasado un tiempo prudencial, señalo tres referencias escogidas al azar y pido comprobarlas in situ. Llega la hora de la visita a la fábrica.

La entrada en la fábrica ha de ser impactante. Que todo el mundo note que entro en las instalaciones. Y me gusta poner cara de inspector. De lo que sea, pero inspector. Así resulta entretenido comprobar, por la actitud de los trabajadores, cuales tienen algo que ocultar y cuales no. Pueden ser inmigrantes ilegales, personas sin la documentación laboral en regla o que no pasan la pensión convenientemente a su mujer. Camino con firmeza y seriedad mirando arriba y abajo como si entendiera de qué va el tema. De vez en cuando me detengo fijamente ante un operario, no perdiendo detalle de lo que hace. En el fondo sigo pensando si hoy también podré tomar aquel postre de chocolate que tanto me gustó la última vez que vine. Tampoco hay que pasarse, no vaya a ser de que el currante se ponga demasiado nervioso, meta la mano donde no debe y vuelva a casa con menos dedos de los que había traído a primera hora. De vez en cuando anoto unos números en los papeles. Lo que todo el mundo piensa que es una clave mnemotécnica muy estudiada son en realidad los números de la Primitiva que jugaré para el próximo sorteo. Una vez comprobado el estado de las referencias elegidas y, sobre todo, verificado que ha llegado la hora esperada. doy por finalizada mi labor, le dedico la mejor de mis sonrisas al atribulado interlocutor, una palmadita en la espalda, una enhorabuena y a comer.

La comida ha de prolongarse lo suficiente para que, añadida al tiempo que tardo en llegar de nuevo a mi lugar de trabajo, sólo quede una media hora para empaquetar los bártulos y volver a casa. Eso sí, con la satisfacción de haberme pegado un merecido homenaje y no haber echado un día más a perder.

Escrito por Hallofon a las Enero 17, 2005 09:07 AM | TrackBack
Comentarios

Así que tu eres el capullo que el otro día vino a mi fábrica pidiendo no sé qué papeles, que me distrajo toda la cadena de producción y que puso histérica a cuatro de mis secretarias!!!!!!!!
La próxima vez el chuletón te lo pagas tú!
;-))

Escrito por odyseo a las Enero 17, 2005 09:16 AM

Donde tengo que apuntarme para un trabajo como ese????

Escrito por CEDRIK a las Enero 17, 2005 12:10 PM

Reconócelo, jactarte publicamente de ello en este blog también forma parte del homenaje xDDD.
Muy bueno volver a leerte hallofon, un gusto como siempre

Escrito por gorkamorka a las Enero 18, 2005 12:52 AM

Siempre ha habido gente con clase y clases de gente....
Muy bueno el post, hallofon

Escrito por toya a las Enero 18, 2005 11:35 AM

Creo que tengo problemas con tus comentarios. A veces no puedo entrar en ellos; a veces no graban lo que pongo.

Escrito por peke a las Enero 18, 2005 05:17 PM

Tengo un detector de comentarios incorporado. Todo lo que no sean alabanzas no lo graba, lo tritura y de paso, si puede, lo devuelve con un virus asesino irreductible incorporado. Ten cuidado con lo que dices.

Escrito por hallofon a las Enero 18, 2005 05:24 PM

A mi me jefe me tiene muy pero que muy bien instruida...

En cada visita de inspectores soy parte del soborno. El señor inspector es sentado a mi lado en el restaurante, y lugar de honor, por la cercania de las gambas de Huelva.

Y yo, que ya me se la cantinela, he venido hoy a trabajar con minifalda y escotazo, a fin de que el señor inspector no se atreva a poner su mano en mi anatomia sin que yo pueda sonreir mientras le digo.... que es una mariscada caballero.... la carne no esta en menu.

Estupendo como siempre...

Sigo leyendo.

Escrito por Sonia a las Enero 20, 2005 01:12 PM
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