Febrero 01, 2005

Otra estúpida anécdota amaricona

Hace aproximadamente 20 años yo vivía en Madrid. Mi hermano mayor en Estados Unidos. Yo tenía un Renault 5 TL Rojo. Ahora no me acuerdo si mi hermano tenía un Porsche 911 o un Saab además de una Harley Davidson. Un día que vino de visita a España me hizo un magnífico regalo: un teléfono para el coche. Lo que hoy es algo normal entonces era un lujo sólo al alcance de unos cuantos ejecutivos de primer orden para sus Jaguars o Mercedes.

Tal vez por ello, y para que no desentonara con el conjunto, el teléfono que mi hermano me regaló era DE PEGA. O sea, aparentemente tenía sus botoncitos, su cablecito y sus auriculares ergonómicos, pero era de puro plástico. De allí no salía ni línea ni siquiera un mísero punto. Eso sí, no tenía interferencias y no comunicaba

Pero a mí me encantó el invento. Rápidamente lo coloqué al lado del volante. Lo utilizaba sobre todo en momentos puntuales. Por ejemplo, cuando me tocaba en un semáforo al lado de uno de los ejecutivos mencionados en el primer párrafo y que osaba mirarme con aire de superioridad mientras mantenía una conversación, se supone, de importancia capital con su reluciente aparato (me refiero al teléfono). Entonces sacaba yo el mío y a ver quien lo tenía más grande (el aparato, o sea el teléfono). También lo intenté unas cuantas veces cuando mi compañero de parada era un coche lleno de chicas guapas pero intuyo que se fijaban más en la precariedad del vehículo y su lamentable aspecto que en la inigualable gracia cómica del conductor.

Un fin de semana que estaba yo en un pueblo de la costa vizcaína sucedió la anécdota que da título a este artículo. El caso es que el R5 tenía una peculiaridad (bueno, en realidad tenía dos siendo la otra que la calefacción funcionaba siempre, en invierno o en verano, hecho que ya comenté en su día). Resulta que la cerradura de la puerta estaba rota por lo que siempre estaba abierto. Tampoco me preocupaba en demasía porque a quién se le podría ocurrir robar semejante cacharro. El caso es que por motivos de la instalación de unas barracas de feria, la Ertzaintza tuvo que mover mi coche de sitio. Y el encargado de hacerlo se percató de que tenía la puerta abierta y que cerca del salpicadero había un flamante artilugio electrónico que podría suscitar el interés de algún amante de lo ajeno.

En un exceso de celo lo retiró y me dejó una nota en el parabrisas que decía “El teléfono está guardado en Comisaría. Puede parar a recogerlo cuando quiera”. No me hizo mucha gracia el tener que ir a Comisaría a ser objeto de escarnio y mofa por parte del personal de esta. Y efectivamente, tras entrar en Comisaría me acerqué al mostrador y, en voz muy baja, me identifiqué como el propietario del insigne teléfono. Inmediatamente el agente de guardia me miró con mirada maliciosa y una sonrisilla cómplice mientras por señas avisaba a sus compañeros de que había llegado el que, probablemente, llevaban todo el día esperando. Desapareció por unos segundos y volvió con mi apreciado instrumento. Me hizo algún comentario pretendidamente gracioso sobre lo ocurrente y original de mi posesión y lo bien que quedaba en un R5 tan cochambroso, comentario que no oí pues me encaminé como alma que lleva el diablo hacia la salida.

El caso es que no volví a instalarlo. Había perdido toda la gracia para mí. Pero curiosamente debió cundir el ejemplo porque un par de años más tarde leí en un periódico que el 30% de los teléfonos instalados en los coches eran de broma.

Escrito por Hallofon a las Febrero 1, 2005 03:35 PM | TrackBack
Comentarios

Lástima que tu olfato para los negocios en aquella ocasión dejara pasar la oportunidad inestimable de haber montado un negocio de venta de aparatos de esos por todo el país. Te hubieras forrado y hubieras sido un gran ejecutivo, con Jaguar y teléfono de verdad, con suecas en el asiento de atrás y preguntándote hasta cuando ibas a seguir pasando suelduchos a tus empleados.
;-)))

Escrito por odyseo a las Febrero 1, 2005 08:16 PM

No te creas. No tengo para nada alma de empresario. Prefiero arriesgar el dinero de los demás. Y soy de los que opina que todos los asalariados deberían cobrar un buen sueldo. Hay que topar los ingresos por arriba, no por abajo.
Eso sí. Lo del jaguar y las suecas es otra cosa.

Escrito por hallofon a las Febrero 1, 2005 10:57 PM

Con razón me daba comunicando....

La imagen de un R5 con un movil de la época, si, es graciosa, pero que la ertzaina se mofara... no tiene precio (como 2anesdota" digo) Jajajaja

Escrito por Alfred a las Febrero 1, 2005 11:06 PM

en aquellos tiempos el ir hablando con el movil - se llamaba portátil - no se multaba, pero podías haber adquirido el manos libres, así bacilabas más a la gente..

Escrito por dawu a las Febrero 2, 2005 11:01 AM

Demasiado el artículo, oiga.

Me ha recordado a este otro:

http://www.policias.org/anect.htm#maquina

Un saludo,

Antonio

Escrito por academia informatica a las Febrero 2, 2005 05:30 PM

Entiendo el bochorno que pasaste, pero la poli se pasó también un huevo, ¿no? Mofarse así de un honesto ciudadano no tiene nombre. ;)

Escrito por peke a las Febrero 3, 2005 06:22 PM

Disfruta de los carnavales!!!!!!!!

Escrito por odyseo a las Febrero 4, 2005 10:09 AM