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"Que tan difícil es ser pintor daltónico"

el hombre máquina Que tan difícil es ser pintor daltónico

Yo soy daltónico, ya lo he puesto por aquí alguna vez. Es un handicap -suena bien esta palabra-. Y tiene cosas buenas y cosas malas, como todo.
De casualidad, como siempre, he encontrado este artículo y me he sentido un poco identificado. Me ha hecho pensar.
Yo de pequeño ya tuve algún problemilla en clase cuando había que hacer tareas relacionadas con los colores. Pero no le hice mucho caso, simplemente pensaba que no me sabía bien los nombres de los colores -porque nunca le había prestado atención- y que me costaba un poco distinguirlos, sobretodo cuando estaban lejos como era el caso de la pizarra de clase.
Es un punto esto, me río. Me acuerdo un día, tengo la imagen grabada, que con un amigo hablábamos de que el hermano de un compañero era daltónico y que para distinguir los colores de los semáforos -y cruzar o no- se basaba en la posición de la luz. Yo tendría unos 13 años.
Esto del daltonismo no es algo rígido, cada persona tiene su idiosincrasia particular (pienso, por mi experiencia), igual que los que tienen una visión cromática "normal": no todos ven el mundo exactamente igual en cuanto a colores se refieren. Por ejemplo es sabido que las mujeres perciben mejor los colores que los hombres.
Yo tengo dificultades (sobretodo cuando hay poca luz) para distinguir algunos colores, pero nunca me imaginé que era daltónico. A aquel amigo que he mencionado -imagínate- le dije: "ostia, que chungo no poder ver los colores, con lo bonito que es el mundo..." Y YO ERA DALTÓNICO JAJAJA.
Que puntazo, soy el "mejor".
Yo sí distingo -cuando hay luz suficiente- el rojo del verde, y para ver si el semáforo está en verde o en rojo no me fijo (al menos conscientemente) en la posición de la luz. Aunque si que es verdad que cuando me encuentro ante algún semáforo no estándar si tengo dudas sobre si la luz es realmente verde -que pueda pasar- o es una luz ámbar -pasar con precaución o yo que sé-. Ahí se nota.
Me he pasado algún test de daltonismo y sí, confirmado, soy daltónico jeje.
Pero veo el mundo muy bonito. Y entonces pienso, como se plantea el autor del artículo siguiente, "suerte" que yo no sé como ven el mundo la gente normal -normal porque es lo que más abunda, no por otra cosa jeje. Ese es el baremo para considerar algo normal-.
Si yo viese el mundo como la gente normal por un instante y luego así pudiese comparar con mi visión cromática no sé si me tiraría de los pelos, o me daría rabia o... yo que sé. Por suerte no pasa, de momento.
Él dice que se ha probado unas gafas que filtran la luz y tal, y que así se ve más colores, pero dice que ESE NO ES SU MUNDO. Y que no le gustan, prefiere no ponérselas nunca más y vivir en su mundo de siempre.
Vaya crack.
Ah, las cosas buenas que tiene esto supongo es que al percibir menos colores -quizás por eso me fijo menos en algunas cosas- percibo más la esencia. O me gusta pensarlo, me fijo menos en los detalles y más en el "todo".


Lo que más me ha impactado del artículo:
"Existen una gafas con filtros que ayudan a corregir el daltonismo pero yo nunca he querido utilizarlas. Una vez hice la prueba y lo que sentí y vi no me gustó. Me di cuenta de que el mundo de todas maneras no era mi mundo, lo sentí artificial, ajeno. Un mundo tan diferente, tan lejano que preferí quedarme con el mío. Además, a estas alturas de mi vida no tengo tiempo ni ganas de aprender otro."

"Que tan difícil es ser pintor daltónico"

Por Juan Manuel Jaramillo

A los cuatro años tuve el primer indicio de mi daltonismo. Iba con mi padre y otra gente montando a caballo por una finca que teníamos en el Valle. Mi padre me preguntó si me gustaba el carmín encendido de sus flores, pero yo no veía nada rojo, solo veía verde sobre verde. A pesar de ser tan pequeño, el desespero de no entender lo que me quería mostrar, lo que era evidente para todos, se me quedó grabado.

He pintado desde siempre. Desde pequeño tengo una habilidad especial para hacerlo y cuando entré al Gimnasio Moderno y me inscribí en las clases de pintura que se ofrecían sobresalí de inmediato. Mis compañeros se acercaban admirados a ver mis cuadros, pero siempre notaban algo: ¿Por qué pinta el pasto naranja?, ¿porqué el cielo es violeta?. Una de las profesoras se dio cuenta de que posiblemente era daltónico y me lo dijo. La palabra me sonó horrible, como a una enfermedad mortal y asustado fui a donde mis padres y les conté. Me llevaron al médico, me hicieron los exámenes de rigor y se estableció que en efecto sufría de daltonismo. Tenía ocho años.


Seguí pintando, pero no poder utilizar los colores como los demás empezó a angustiarme. Gracias a Luis Caballero, que era de mi clase, superé el problema. Él me ordenó la paleta, me dijo: estos son los azules, aquí están los verdes y mas allá los amarillos. Desde eses momento interpreto el mundo de las otras personas y de alguna manera llevo una doble vida en la pintura. Digamos que en mí hay un pintor hacia el exterior y otro íntimo. El primero es una acuarelista, un paisajista con gran acogida que ha participado en mas de cuarenta exposiciones, que utiliza pinceles gordos y no se asusta ante formatos grandes, arriesgado, pero que te todas formas trabajo con los colores de los otros, bajo estándares que la mayoría considera son los normales. El segundo pinta con plena libertad, pinta como quiere, como ve en realidad el mundo y se reserva para si esos cuadros, no se los muestra a nadie. Ese, el íntimo, es el que mas me gusta.

Los cuadros que decido mostrar al público pasan primero por un comité de aprobación conformado por mi esposa y mis hijos. En un principio todo este proceso tenia algo de embarazoso pero nada mejor que ellos para decirme con sinceridad si una de mis obras pertenece a los cánones normales o si la tengo que dejar para mi colección personal.

En un momento aquella doble condición de pintor con doble vida, llegó a ser tan trágica, pero como todo en la vida el tiempo puso de su parte para que la superara. Afortunadamente también aprendí a manejar sin mucho misterio los inconvenientes cotidianos que parten de mi daltonismo, que es moderado con el de otros (hay quienes solo ven en blanco y negro). Aún me acuerdo de las fiestas de muchacho a las que iba con una corbata o un traje que no combinaban para nada y de todo el mundo ante mi temeraria extravagancia, como de hecho le sucedió a John Dalton, hombre que le dio el nombre a mi enfermedad. El tipo, que tenia fama de muy equilibrado, se presentó un día frente al rey vestido con una túnica roja brillante creyendo que estaba vestido de un sobrio verde.

Desde hace un buen tiempo aprendí a no sentirme raro por pedir ayuda a la hora de tener que comprar una chaqueta, a no pagar una vez por una color pistacho creyendo era un camel y llegar a la casa luciéndola como si nada.

Otra de las cosas que aprendí es que cada vez que llega una empleada nueva a mi casa le doy instrucciones precisas: le solicito comedidamente que me organice en el ropero las medias o los sacos en estricto orden con el fin de evitar confusiones.

Es un hecho que los daltónicos necesitamos más luz que los demás. Cuando cae la tarde, cuando empieza a oscurecer, los colores como tal desaparecen para mi, se convierten en tonos grises, de brumosos verdes. Creo que por eso me emociona tanto Joseph M. Turner, el pintor británico que les abrió campo a todos los impresionistas. Ese desvanecimiento cromático me obliga a utilizar una poderosa lámpara cuando pinto por las noches para poder tener una idea cercana de los colores. Igual, creo que mi forma de pintar acuarelas también ha partido de mi condición. Lo que pinto son paisajes no deudores del detalle sino mas bien impresiones, imágenes de valles, explanadas o mesetas que se han fijado en mi retina y que luego pongo sobre el papel.

Existen una gafas con filtros que ayudan a corregir el daltonismo pero yo nunca he querido utilizarlas. Una vez hice la prueba y lo que sentí y vi no me gustó. Me di cuenta de que el mundo de todas maneras no era mi mundo, lo sentí artificial, ajeno. Un mundo tan diferente, tan lejano que preferí quedarme con el mío. Además, a estas alturas de mi vida no tengo tiempo ni ganas de aprender otro.


(Tomado de la Revista SOHO)

Escrito por "el hombre máquina" a las 15:36 en APRENDER . Mayo 20, 2004.

Comentarios

Hace tiempo que tengo la teoría de que cada persona ve el mundo a su manera. Y que como nunca podremos ser otro, nunca podremos ver las cosas como nadie más que nosotros. Y por el mismo motivo, no se puede comprobar hasta que punto esta teoría es una tontería ;)
Me gusta eso del pintor de doble vida.

Escrito por sola a las Mayo 20, 2004 08:08 PM

Muy interesante el artículo, y tu testimonio como daltónico!!
Hay una frase cojonuda de una canción que dice algo como "so open your eyes and see who I am, and not who you want for me to be, I am only myself." traducción simultánea por si alguien no sabe inglés: "así que abre los ojos y mira quién soy y no como quieres verme, soy solamente yo" (más o menos... distorsionando...)

Y es cierto, todos vemos el mundo y percibimos el mundo como queremos. La realidad y nuestra percepción de ella es totalmente diferente.
Una vez me preguntaron jugando al "psiquiatra" (ya os contaré algún día de qué va el juego.... :P) si distorsionaba la realidad, podéis imaginar la respuesta.
Distorsionais la realidad?? :P

BEXETS!!

Escrito por Lux a las Mayo 20, 2004 10:39 PM

No soy Daltónica declarada, pero..." Una vez hice la prueba y lo que sentí y vi no me gustó. Me di cuenta de que el mundo de todas maneras no era mi mundo, lo sentí artificial, ajeno. Un mundo tan diferente, tan lejano que preferí quedarme con el mío.
Quiero ser daltónica.

Escrito por Lluvia a las Mayo 24, 2004 05:59 PM

daltonismo pintor daltónico visión colores cromática pensamientos

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