patrocina el post Entrevista a José MontillaCreo que José Montilla y Zapatero son los encargados de encarrilar este país en la buena dirección. Por lo menos lo intentan, y yo creo que lo conseguirán.
A mis 26 años nunca había visto hasta ahora a ningún gobierno -fuese del partido que fuese- ni tan siquiera intentarlo realmente (que las "cosas" vayan lo mejor posible). Así de triste.
ENTREVISTA A JOSÉ MONTILLA, primer secretario del PSC y ministro de Industria
“Hemos hecho lo difícil y ahora viene lo más difícil: hemos de gobernar bien”
JORDI BARBETA | JAUME V. AROCA - 23/07/2004
Los socialistas de Catalunya celebran este fin de semana su 10.º Congreso, el primero que afrontan con responsabilidades de gobierno en Catalunya, pero también con el propósito de revisar algunas estrategias que no les permitieron obtener en algunos casos los resultados electorales previstos. José Montilla, primer secretario del partido, ministro de Industria y artífice del pacto tripartito, es el hombre orquesta sobre el que pivota una organización política que aspira a relevar definitivamente a CiU como representante de la mayoría social en Catalunya. Para ello lanza algunas reflexiones que podrían sonar como advertencia: “Falta el más difícil todavía: gobernar bien”.
–¿Congreso triunfal?
–Hay que huir de la autocomplacencia. Ahora bien, también pienso que la izquierda es muy dada a llorar incluso cuando las cosas van bien. Todo lo que nos habíamos propuesto o al menos la parte más importante se ha alcanzado y eso quiere decir que las cosas han ido razonablemente bien.
–Perdieron las autonómicas y tuvieron algunos tropiezos en las municipales.
–Ciertamente, las elecciones locales y las autonómicas demostraron algunas de nuestras debilidades. Quedan muchas cosas por hacer para ser el partido de la mayoría, pero también hay que constatar que hoy tenemos más concejales y alcaldes que nunca. Gobernamos Catalunya y gobernamos España e incluso presidimos el Parlamento Europeo. Hemos hecho lo difícil y ahora viene lo más difícil.
–¿Qué quiere decir?
–Que ahora nos corresponde gobernar bien. Y lo hemos de hacer en una coyuntura que no es fácil porque en Catalunya no tenemos mayoría, sino un gobierno de coalición y en España estamos gobernando con una mayoría minoritaria. Eso quiere decir que las cosas no son fáciles. Cuando digo que ahora viene lo más difícil lo digo en un sentido positivo. Hemos trabajado mucho, pero no podemos irnos de vacaciones, toca seguir trabajando y con más intensidad aún.
–Desde el punto de vista organizativo tendrán que resolver el vacío que ha dejado en el partido la asunción de todas estas nuevas responsabilidades de gobierno. Pasqual Maragall sostiene que éste es el mejor momento para cambiarlo todo...
–En este congreso habrá continuidad y renovación. Habrá una dirección con personas que tengan un peso institucional y personas cuya principal ocupación y preocupación sean las tareas orgánicas. ¿Cuándo se renueva un partido? Cuando sufre una debacle electoral. No es nuestro caso. Pero eso no quiere decir que cuando las cosas van razonablemente bien, yo diría que muy bien, no tengan que hacerse cambios. Ahora ha de haber continuidad y cambio. Las dos cosas. No tendría sentido que cuando las cosas van bien los equipos que lo han hecho posible se retiraran, pero tampoco lo tendría que se perpetuaran.
–En las últimas semanas se ha comentado que Maragall le había propuesto que ambos, usted y él, se retiraran.
–No sé de dónde sale esa idea. No, en absoluto. Cuando las cosas van bien tal vez pueda haber personas que consideren que es el momento de retirarse. Pero en mi opinión ese podría ser ser un gesto irresponsable. Nadie lo entendería. Por lo tanto: renovación y también continuidad. Si no cambiáramos algunas cosas, correríamos un riesgo innecesario, el mismo que si ahora lo cambiáramos todo de arriba abajo.
–¿...Y la renovación del discurso? Tras las elecciones generales usted mismo dijo que no pueden defraudar a aquellos ciudadanos, en especial los jóvenes que acudieron a votar el 14-M, un electorado que habitualmente se sitúa en la abstención.
–En efecto. Hay segmentos del electorado joven, de clases medias urbanas que o no votan o optan por otras opciones. Es cierto que luego en las elecciones generales y europeas eso se corrigió. Pero no podemos hacer un discurso autocomplaciente y defender que el resultado de las municipales fue coyuntural y que ahora vamos por el buen camino.
–Entonces, ¿qué ha de cambiar?
–Lo que ha de cambiar, entre otras cosas, es la idea de que nosotros somos el partido del establishment. No lo somos, pero a veces podemos dar esa impresión. Eso no quiere decir que tengamos que hacer un discurso ingenuo o antisistema. Sería absurdo. Nosotros hemos de hacer un discurso que dé seguridad a la gente. Pero eso no significa que el PSC sea el partido de la gente moderada e instalada, porque además eso no se corresponde con la realidad.
–Hablando de jóvenes: ¿qué edad debe tener ahora el sucesor de Pasqual Maragall?
–No lo sé. Tenemos un president...
–... que ha dicho que sólo estará ocho años.
–Eso es hacer ciencia ficción. ¿Qué pasará en ocho años? Nadie lo sabe. El sucesor de Maragall tendrá que esperar como mínimo ocho años.
–Volviendo al discurso del partido. En la ponencia marco de este congreso ustedes sostienen que el Estado mínimo, el Estado que ha recortado sus competencias, privatizado sus empresas y reducido su gasto, ha fracasado. Es más, sostienen que es preciso incrementar el gasto público. ¿Se acentúa el discurso izquierdista?
–La izquierda es consciente de los riesgos que amenazan al Estado de bienestar. Mejorarlo y consolidarlo no es fácil pero, sin embargo, es absolutamente necesario. Y de hecho ya lo hacemos. Entre las decisiones adoptadas por el Govern ya figuran políticas destinadas a esa agenda social: la ley de barrios, los programas de choque para reducir las listas de espera... esto tiene que ver con esa preocupación. En el Congreso de los Diputados acabamos de convalidar el incremento del salario mínimo...
–Pero, ¿cómo se puede defender, como han hecho ustedes en la ponencia marco, un incremento del gasto público y al mismo tiempo la estabilidad presupuestaria?
–Se puede defender porque nosotros hemos tratado de evitar los compromisos irresponsables que nos hipotequen. Es verdad que no se puede hacer todo. Hay que establecer prioridades y eso es lo que estamos haciendo tanto en el Govern como en Madrid.
–¿Cómo le explica al trabajador industrial, que es su votante tradicional, que hay que incrementar la productividad como ustedes sostienen, que las cadenas de montaje en las que han trabajado durante muchos años ya no valen?
–Es que en muchos casos esas cadenas ya no existen. No ahora; hace años que no existen las cadenas de montaje como las conocíamos, existen otros sistemas de producción distintos. Yo creo que lo importante es que haya un incremento de la productividad porque sólo eso garantizará los puestos de trabajo del futuro. Hemos de aumentar la productividad y garantizar la competitividad de nuestras empresas, pero también hemos de crear más empresas. Hay que cultivar el espíritu emprendedor. Hay que explicar que determinadas actividades en las que el componente importante es la mano de obra y que están en nuestro país porque los salarios eran bajos... eso se ha acabado, se acabará paulatinamente. Es la historia. Como lo fue en su día el empleo agrario. ¿Cuánta gente trabaja hoy en el sector agrario? Poca en España y en Catalunya menos aún. Pero hay mucho más empleo en otros sectores de la producción.
–Cada día son menos los obreros que hay en su censo de afiliados.
–Prefiero utilizar el término trabajadores.
–¿Por qué?
–Porque el concepto trabajador define mucho mejor la base social del PSC. Aquel que vive de un trabajo y que en la mayoría de los casos lo hace por cuenta ajena. Pero que también puede hacerlo por cuenta propia.
–Pero lo cierto es que el número de trabajadores industriales del censo de afiliados del PSC está muy cerca de igualarse al de jubilados.
–Bueno, eso es normal. Mire las estadísticas de Catalunya. Cuántas personas había hace treinta años en el sector de la industria y cuántas en el sector servicios. Y cuánta gente había jubilada en el conjunto de los trabajadores. La base social del PSC evoluciona a la par que el conjunto de la sociedad. Es normal que en un partido haya cada vez más jubilados porque en la sociedad hay más jubilados. Que haya en nuestro censo de afiliados más personas que trabajan en el sector servicios sólo nos indica que somos el reflejo de la evolución de la sociedad. No nos ha de sorprender.
–¿No temen dejarse a alguien en el camino?
–Nosotros somos un reflejo de la sociedad catalana. Tal vez el mejor .
–¿Qué ha de pesar más en el discurso del PSC, la agenda social o la reforma del Estatut?
–Creo que esta disyuntiva no existe. No son cañones o mantequilla. Nosotros queremos mejorar los instrumentos de autogobierno porque, entre otras cosas, nos permitirá responder a esa demanda de políticas sociales, económicas o culturales para hacerlas mejor. Por lo tanto no son cosas que estén separadas. Todo lo contrario, van unidas. Para hacer mejores políticas sociales hay que mejorar los instrumentos de autogobierno.
–Pero eso hace falta explicarlo porque da la impresión de que la reclamación del Estatut va en detrimento de los esfuerzos en política social. O son catalanistas o son socialistas. Parece como si en Catalunya fuera imposible ser las dos cosas a la vez.
–Es que esta es precisamente la esencia del catalanismo político. Es la diferencia con el nacionalismo. Para nosotros la reforma del Estatut no es un fin, es un medio para que Catalunya esté en condiciones de decidir por sí misma y hacer mejor esas políticas. Para nosotros lo esencial no es recrearnos en el pasado, sino tener los instrumentos en el presente para hacer políticas destinadas a la gente. Y la legitimidad no nos viene del pasado. El pasado es muy importante. No estaríamos donde estamos sin él. Pero hemos de mirar al futuro.
–¿El partido tiene la misión de recordar a los gobiernos el programa electoral con el que concurrieron a las elecciones?
–No, no somos Pepito Grillo. Hemos de hacer lo posible para que los compromisos que hemos adquirido con los electores se cumplan. También con las demás fuerzas políticas y por supuesto con nuestros votantes.
–Pero en el actual contexto, el PSC corre el riesgo de ver desvirtuado su discurso en el pacto con las otras fuerzas políticas. Entre los militantes existe a veces la sensación de que se renuncia...
–No. No es así. Todo pacto significan cesión. Los que no hacen cesiones no pactan. Nadie renuncia a su programa máximo, pero todo el mundo ha de alcanzar acuerdos, excepto los partidos marginales que están instalados en verdades absolutas. Es cierto que la actual situación hace más complejo el proceso.
–Todo ha de ser negociado. Le expongo un caso reciente: el grupo propio del PSC en el Congreso de los Diputados.
–Mi opción es que ahora esto no está en la agenda. Hay que plantearse los temas cuando toca. En esta legislatura no habrá grupo socialista. Ni que nos pusiéramos todos de acuerdo lo habría. Por lo tanto, ahora toca hablar de otras cosas. ¿Eso implica que renunciamos? No.
–Pero ¿usted cree que no ha de haber grupo propio en el Congreso y sí en la cámara de representación territorial, el Senado?
–Esa es una posibilidad. Depende de cómo evolucione la reforma del Senado. ¿Los estados en Europa dónde están representados? No lo están en el Parlamento europeo. No hay un grupo de socialistas españoles. Hay un grupo socialista. Los estados están representados en el Ejecutivo porque...
–Europa no es precisamente un modelo de representatividad. ¿Pero aquí como se resolverá?
–Bueno cuando llegue el momento... Todo esto está por ver. Dentro de cuatro años veremos.
–El president Maragall se entrevista con el presidente Zapatero y regresa a Barcelona con la cartera llena de acuerdos e iniciativas. Parece que surte efecto la estrategia exigente de Maragall...
–Tal como ustedes lo explican, parece como si le hubiese arrebatado algo al presidente del Gobierno de España. Miren, esto no es así. Es evidente que nadie te acaba regalando nada. Pero la etapa de la reivindicación permanente y del agravio ya ha pasado. Ahora hay un diálogo más abierto, más franco, no mercantil, más cooperativo. Si hay resultados como el traslado del regulador de las telecomunicaciones a Catalunya es porque hay un Gobierno que tiene una visión de España que conecta más con la que tiene el Gobierno de Catalunya. Es un Gobierno que quiere aprovechar las energías de cada uno, que cree en la España en red. Y no sólo lo cree, lo pone en práctica antes de alcanzar los cien días de Gobierno. Nunca, desde que hay democracia en España, se había tomado una decisión así. La idea es: lo que es bueno para Catalunya será bueno para España y al revés. Porque Catalunya también es España. Conviene no olvidarlo. Tal vez al nacionalismo no le guste esta voluntad cooperativa...
–En esta reunión entre los presidentes se ha constatado un cambio importante respecto a la estrategia seguida desde Catalunya en los últimos 23 años. Jordi Pujol planteaba un reparto del poder, y el PSC y Maragall lo que plantean es compartir el poder.
–Claro, es participar en la configuración. No es ser un Estado, sino ser Estado.
–Hay quien sostiene que eso significa españolizar Catalunya.
–Bueno, quien dice eso es que no se ha mirado su DNI. Y eso es lo que piensa la mayoría de ciudadanos de Catalunya. La gente se siente catalana y española. Hay una minoría que se siente exclusivamente catalana o exclusivamente española, es cierto, pero son minoría.
–Pero en las últimas elecciones se puso en evidencia que hay un sector creciente del electorado dispuesto a identificarse solamente con Catalunya, no con España.
–Bueno porque la España de Aznar era muy antipática y excluyente.
–¿Cree usted que sin Aznar esas opciones exclusivamente catalanistas decaerán? ¿El cambio de talante reducirá el empuje del independentismo?
–De las opciones exclusivamente nacionalistas, creo que sí.
–No parece que CiU, que hoy por hoy sigue siendo el otro gran partido de Catalunya, lo haya entendido del mismo modo.
–Yo estoy sorprendido por los últimos acontecimientos. Creo que han optado por la estrategia del corto plazo. La coyuntura. El objetivo de CiU es tratar de romper el gobierno de Catalunya y por eso han hecho un viraje que se contradice con su trayectoria política. Se trata de desbordar a ERC con posiciones soberanistas para así crear contradicciones al propio Govern y especialmente a Esquerra. Pero de ahí emerge un discurso que no es, no ha sido nunca el discurso tradicional de CiU y de Jordi Pujol. Mire, hace sólo unos meses CiU era remisa a revisar el Estatut, la Constitución. Ellos defendieron como un éxito el programa de financiación firmado 2001 ¡y ahora exigen el concierto económico! Empiezan a enseñar sus cartas: CiU no puede permitir que un gobierno de izquierdas lidere la etapa de mejora del autogobierno de Catalunya y por eso diseñan una estrategia para llevar esto al fracaso, pero yo creo que eso les llevará a abandonar un sector del nacionalismo moderado y fracasarán políticamente..
–Pero en esto rivalizan ustedes con sus socios del Gobierno.
–Si, pero no se inquiete, no vamos a fagocitar a nuestros socios. Le aseguro que no estaríamos donde estamos si nuestros socios no tuvieran su propio espacio. Cada uno ha de tener el suyo y ha de aspirar legítimamente a ampliarlo.
–¿Se han restañado las heridas abiertas con el PSOE tras el Congreso?
–No se puede hablar de heridas. En todo caso de algún rasguño. Yo creo que aquello sirvió para dejar claro que somos un partido soberano. Que no somos una federación y que tenemos una singularidad por voluntad propia y por nuestra historia.
–Pero la pregunta es: si el PSC es clave para elegir al secretario general del PSOE y para definir su programa, ¿por qué luego no ha de obedecer la disciplina del PSOE?
–No se trata de obedecer la disciplina del PSOE. Se trata de participar con otros a definir los ejes que han de ser disciplina para todos.
–Pero eso genera más de un problema. Cuando estalló el caso Carod-Rovira, Zapatero exigió la dimisión.
–Yo puedo comprender que Zapatero reclamara la dimisión de Carod, pero estoy seguro de que dentro del PSOE también hubo comprensión respecto a nuestra posición en aquella crisis.
–Lo cierto es que ahora los intereses del PSOE y del PSC son convergentes. El Gobierno de Zapatero también pagaría las consecuencias de que el Govern de Catalunya fracasara.
–En parte, pero fundamentalmente en el éxito del Govern nos la jugamos los catalanes y de manera especial, los progresistas catalanes.
–Cuando el PSC estaba en la oposición no estaba demasiado claro si realmente compartían unos intereses. Ahora sí.
–Había una sintonía.
–Y también había menos exigencia por parte de la dirección de entonces que la de ahora.
–... (sonríe).
–¿No contesta a eso? ¿Es más exigente ahora el PSC respecto al PSOE de lo que lo ha sido en las últimas décadas?
–Eso lo dice usted. Los tiempos y las situaciones eran diferentes.
–Lleva usted casi cien días en Madrid. ¿Qué tal la experiencia?
–Bueno, complicada. Madrid tiene algunos activos que hay que reconocer. Primero el peso brutal de la Administración central. Esta ciudad ha sacado partido de ser la capital. No se miran mucho el ombligo, ni se pasan el día diciendo lo buenos que son. “Van per feina”. Eso es bueno.
–¿Qué mensaje espera que llegue a la sociedad catalana a partir del 10.º congreso del PSC?
– Que los socialistas aspiramos a ser la fuerza política que representa a la mayoría social de los catalanes. Somos la mejor garantía de progreso, igualdad y seguridad.