patrocina el post Por madridEstuve en Madrid desde el miércoles al viernes. Nunca había estado... y se notaba. Me sorprendía a cada momento. Había veces que incluso me sentia de pueblo. Como cuando entré en la estación de Atocha que parece una selva con los pajaritos volando cómo quién no quiere la cosa. Ele!! Que la casa es grande! Tortuguitas por aquí, tortuguitas por allá, pajaritos libres en la estación, humidificadores pa que las plantas vivan...
Bonito de ver. La consigna se atascó y por poco me quedo en Madrid otro día más. La verdad es que ya estaba cansado, se me habría hecho bastante largo, tenía ganas de volver a casa pero vayamos por partes, como dos partes son las que jugó el Espanyol en la final de copa del Santiago Bernabéu.
Sí, yo fui allí con la excusa del fútbol. Tenía que ir allí, no sé por qué, y fuí. A la capital del Reino, porque allí todo es real. Y no me extraña! Ah no!! que la realidad no existe.
Parece real. Me encantó Madrid. Casi que al segundo día sopesaba el venirme a vivir aquí pero claro, estaba en una nube. Una nube tan grande que quitó todas las del cielo mientras yo estuve en Madrid. Yo y mis dos amigos pillamos la Semana Santa (han sido divinos estos tres días) y los madrileños se habían largado fuera. Días soleados, temperaturas dignas del mejor climatizador y la gente justa para sentirte acompañado, arropado y nunca agobiado. Arropado sí.
Si no fueron 50 los madrileños que nos daban suerte antes del partido y la enhorabuena después entonces fueron 500. La final fue espectacular, tanto como el Estadio. Gradas verticales que no dejan que un solo decibelio escape al infinito, todo se queda en el campo y llega a las orejas del capitán de tu equipo y un tipo rapado que se llama Iván de la Peña y le hace pases inverosímiles al delantero más en forma del partido: Luis garcía.
Un trío al que recordaré toda la vida junto a esos madrileños que nos alargaron la euforia hasta que ya nos daba incluso vergüenza estar tan cochinamente felices. En aquel momento pensaba: me gustan más los madrileños que los catalanes. Son más abiertos, con menos complejos y más dadivosos (quizás).
Luego se fue pasando la euforia. En cuanto nos sacamos la camiseta del equipo y las bufandas todo se fue tornando más normal, volvieron las nubes al cielo y los pies a la tierra, por ende.
Madrid no era más que una ciudad y la final de Copa un partido que habíamos ganado. Pero bueno... siempre me quedarán esos jardines.
Que jardines más cochinamente hermosos y bonitos, bellos incluso.
Mantener esos setos tan milimétricamente bien cortados debe valer por lo menos como mantener a todos los teruelenses (o terolenses). Venían a mi cabeza ideas nunca vistas: daba gracias a Dios a Gaudí por haber nacido porque comparaba Madrid con Barcelona y visto las ayudas que uno recibe y la otra si no fuera por Gaudí, Barcelona no sería nada de cara al turismo.
Tanto jardín del Edén, tanto edificio "regio", tantas calles imponentes, poesía hasta en los transportes metropolitanos... Subterfugios para Goya, el desengaño, noviciado, esperanza, delicias, palos de la frontera, Eugenia de Montijo, vista alegre, acacias, embajadores, avenida de la Paz, la cruz del Rayo... Parecía que estuviera en un cuento de hadas o en un recuento de todo lo que se va de Catalunya para Madrid. Por cojones ha de ser así.
Me daba la sensación de que Madrid siempre había recibido y Barcelona había tenido que repartir. Que madrid era el niño querido y Barcelona la hija mayor que había sido destronada al nacer el querubín y al faltar los padres había tenido que cuidar de sus hermanos. Madrid siempre lo había tenido todo, desde su nacimiento. Barcelona se lo tenía que ganar y como no le quedaba otro remedio (Madrid es su hermano) había de cuidarlo.
Ahora Barcelona ya no está por la labor, los hermanos han crecido y se siente menos responsable. Con suerte algún día se lo agradecerán pero al menos por ahora que cada uno vele por lo suyo.
Me gustó el Retiro, el jardín del moro, la Gran Vía, el paseo de la castellana (de camino y vuelta del partido), el jardín botánico -lo pillamos en primavera, cómo no-, y sobretodo, el Palacio de Cristal. Luego todas esas plazas o puertas, los bares de tapeo -en Barcelona no se encuentra ni uno solo que le haga sombra-, esa apabullante arquitectura a lo alto y ancho que te dice que estás en la capital de un reino (sí, Barcelona parece un pueblecito a su lado) y yo que sé... que la gente era muy considerada. Me daban envidia incluso, yo me sentía madrileño.
Llegó el viernes y se nubló el día. La bufanda se quedó en la habitación del hotel y entonces pasé de ser divino a ciudadano del montón. El cansancio se metía en mí y la paciencia se quería ir tan rápido como yo a Barcelona. El viaje se tenía que acabar.
Recuerdo las excursiones nocturnas a Fuencarral, Malasaña, Chueca, a ver que se cocía por allí y ya que estábamos inundar de alcohol nuestro cerebelo. Nos encontramos a Raúl o su doble -no se lo preguntamos-, a la madrileña "simpática" de rigor, a un hijo de catalanes (ya digo yo que podemos mejorar como especie) que le pusieron de nombre Jordi sabiendo que su vida transcurriría por allí y que decía a sus amigos que no era catalán sino "polaquín" pa dar por saco y que era del Barça por idéntico motivo sintiendo el mismo cariño por ese club que por la china a la que mandaba a las 5 de la mañana a buscar una cerveza que no estuviera caliente, que sino no se la compraba. Era de Vallecas, lejos de nuestra calle, la del Barco, en la que encuentras de todo menos pan y agua.
Me gusta tu visión sobre madrid, pero yo, que soy de madrid, me pasa algo parecido a ti cuando voy a Barcelona.
Madrid un día de diario a las siete y media de la mañana no tiene jardines, ni monumentos ni edificios, ni gente amable, solo una sorda y torpe manada de personas grises atadas a una yunta.
EL ver una ciudad de turista es como el primer noviazgo: todo perfecto. El día a día es otro:
miles de problemas precisamente por ser capital que sufrimos los que aquí vivimos sin otra esperanza que resignarnos y una ciudad que ha quedado muerta culturalmente y cuyas infraestructuras cambian pero muy lentamente.
Yo, sinceramente, te cambiaba sin mirar Madrid por Barcelona a pesar de los nacionalismos miopes o de los integrismos abstractos.
bonhamled
Hola, si fuera posible me gustaría que me dijeras que es lo que te gusta de Barcelona y que me explicases un poco más estos tres puntos comparando Madrid con Barcelona también:
-miles de problemas precisamente por ser capital
-una ciudad que ha quedado muerta culturalmente
-cuyas infraestructuras cambian pero muy lentamente
Saludetes