Hola de nuevo a todos. Oficialmente éste va a ser mi primer post en el blog del hombre máquina ya que el anterior fue más que nada una rallada escrita a las 7 de la mañana al volver de fiesta.
Como ya bien expliqué en mi propio blog, aquí van a caer los temas más "serios" de los que yo escriba y dejaré los más "tontos" para el mío propio, que para eso tiene uno una fama que mantener.
Comentaba el otro día el propietario de blog que él estudia psicología, una materia que a mí siempre me ha llamado la atención y que, de no ser por mi inconstancia en los estudios, podría haber estudiado aunque luego quedara todo en agua de borrajas. Una buena amiga mía, psicóloga para más señas aunque no ejerza, me dice siempre que los que queremos estudiar psicología en el fondo lo que queremos es entendernos a nosotros mismos. Vamos, en pocas palabras, que estamos como cencerros. La verdad es que, pensandolo bien, tiene mucha parte de razón. Ella misma, sin ir más lejos, no está muy centrada que digamos. Yo, siguiendo el mismo ejemplo, también soy carne de psiquiatra, aunque las pocas veces que he ido a alguno me he limitado a reirme de ellos simulando enfermedades que no poseo y ocultando las que sí.
Es verdad, de todas maneras, que uno siempre busca respuestas para las cosas que no entiende y lo más preocupante que le puede pasar a una persona es que no se entienda a sí misma. Y lo digo por experiencia ya que yo no sé lo que pasa por mi cabeza la mitad del tiempo. Hay días, hoy por ejemplo, en los que tengo lo que yo llamo el día ñoño. No me pasa nada pero estoy como melancólico y tonto. Me gusta escuchar canciones que me recuerdan épocas de mi vida y me paso el día a puntito de echar un par de lágrimas tontamente. Y no tengo especial motivo ya que ha sido un día como otro cualquiera pero, mira, a veces me da por ahí. Otros días, sin embargo, estoy como eufórico, todo me parece más bonito, mejor y me rio por todo y tengo energías para todo.
Hace unos años me preguntaba qué narices me pasaba porque no me parecía normal esta forma de actuar. Después de un episodio bastante patético por mi parte me hicieron un diagnóstico en condiciones y me dijeron que tenía un trastorno bipolar. Bien. Ahora que ya lo sé no me sirve de gran cosa. Vale, sí, ya sé por qué me dan. Pero me siguen dando igual por lo que supongo que carece de importancia. De hecho es fustrante porque antes, al menos, me aprovechaba inconscientemente de mis estados de euforia y me atrevía a hacer cosas que normalmente no haría. Ahora, por el contrario, como sé que al día siguiente voy a tener un bajón ya no las hago porque sé que es un estado de ánimo artificial y perecedero.
¿Realmente me beneficia el conocimiento de mi problema? ¿Me ayuda a ser más feliz? Yo creo que no. Como decía Cifra en Matrix: "La ignorancia es la felicidad". No es nueva la frase, ni mucho menos. Nos hemos de remitir al mito de la Caverna para tener un boceto fantástico sobre ello. Pero la frase más evolucionada es, al menos para mí, escalofriante. Es realmente cierto que cuanto más sabe uno, más infeliz resulta la vida. Y eso para una persona que se jacta de estar continuamente absorviendo conocimientos no es grato de escuchar. Miro a mi alrededor y veo mucha gente ignorante, muchísima. Me sorprende que haya tantos. Y, sin embargo, son felices en su ignorancia porque no ven más allá de ella. Por usar la analogía, que me encanta, es como si tú estuvieras hablando con Einstein y de repente, debido a un extraño rayo venido de más allá de las fronteras de la galaxia, se volviera el doble de inteligente. ¿Acaso notarías la diferencia? Pues es más o menos lo mismo. Yo cada día aprendo más cosas y me doy más cuenta de lo complejo del mundo, la psique humana, de lo que llamamos felicidad y ellos, los ignorantes, los que no dan o no quieren dar para más, son felices con sus Gran Hermanos, sus Crónicas Marcianas y sus coches tuneados. Y tienen al lado a ignorantes partenaires que comparten sus sencillas aficiones, sus escasas ambiciones y son felices.
¿Realmente quiero saber lo que me pasa? ¿O sería más feliz si lo ignorase?
Emm... ¿gracias? O no, ¿quien sabe?
Acabo de llegar de fiesta, de salir a tomar algo (alcohol principalmente, aunque cierto es que me he regocijado engullendo cual tragaldabas un increible cochinillo al ajillo) y de estar con mis amigos cuando, de repente, me encuentro una velada invitación para escribir en este blog propiedad del Hombre Máquina al cual tuve un buen día la idea de, por lo visto, hacer la pelota.
Pues no lo recuerdo, mire Vd., aunque recuerdo perfectamente el post que tuvo a bien reseñar en este su blog. Algo sobre las dualidades humanas, la parte mala y la parte buena, algo sobre Tyler y Jack, algo sobre Mr. Jekill y el Dr. Hyde. No se si ese fue mi mejor post pero sin duda fue uno de los más comentados y uno de los más apreciados dada la trascendencia de los comentarios. Tal vez eso me haya dado derecho a escribir en este blog (aparte de haberme sentido muy orgulloso en su día por haberlo escrito, no tanto por el estilo por el haber sido capaz de expresar tan bien lo que sentía en el momento, poniendo ejemplos populares y tal) pero aún no sé si me merezco el tener tal privilegio. De todas maneras tampoco sé si me merezco la deformación que se le ha aplicado a mi nombre (Kitifollen? Ojalá...) pero no estoy en disposición de rechazar nada, tal es mi necesidad.
El si me merezco estar en compañía de Chloe y Mamm en un mismo texto aún me merece más reservas. Mamm es un comentador habitual, alguien con cierta presencia en el Cyberespacio, no como yo, que no soy más que alguien que de vez en cuando suelta alguna parida con más o menos (más menos que más) gracia en los blogs ajenos. Y Chloe... ¿qué decir de Chloe? Bárbara hembra que enhiesta mástiles con sutiles palabras y subrepticias imágenes. Aún hoy en día voy visitando su propio blog en busca de imágenes que me enturbien la mente o me muestren algún cm. de su piel que no conozca, o ambas cosas, si se diera el caso. Sueño, he de confesarlo, con pasar una noche rozando su cuerpo, inhalando su aliento y sintiendo sus dedos por mi cuerpo desnudo. Claro que, ¿y quien no?
Así que aún no sé si soy merecedor de tal mérito, si tengo algo que decir que no soy capaz de hacer en mi propio espacio. Tal vez vosotros sí lo tengais claro y ya esteis echando pestes de mí, pero yo aún tengo mis dudas. ¿Tengo algo que decir o no? Yo creo que si, pero la verdad es que mi propio blog empieza a resultar una carga más que un alivio ya que, salvo contadas excepciones a las cuales agradezco su dedicación, es bastante poco visitado y ya me sentía un poco agobiado porque sé lo que esperaban de mí. Así que tomo la resolución de intentar escribir algo coherente y con un mínimo de interés. Tomo el testigo dejado por el Hombre Máquina y prometo dar lo mejor de mí de vez en cuando en este espacio.
Tomada esta resolución, doy las gracias al responsable. Espero estar a la altura.