Columpiando el paraguas podremos hacerlo girar alrededor del brazo gracias a la curvatura del mango (acto prescindible, que sin embargo aportará estilo a la demostración). Tras esto se debe sujetar bien el paraguas y ayudándonos de la otra mano se presionará en el botón o saliente situado en el tallo. Esto provocará la tensión completa de la tela de un paraguas.
ella dice: "sólo los infelices bailan mal".
A cada movimiento de los niños el padre reacciona con severidad. Agotado por la rutina parece incapaz de reírse, aunque la escena, y más a esas horas de la mañana, sea graciosa. Ellos atienden un segundo a la advertencia. Bajan la mirada obedientes hasta que al fin una patada escondida reanuda la partida.
Entonces el padre le da un toque en el cogote al más rubio. Esto en realidad no hace que nada cambie. El juego continúa en el vagón, pero ahora en mi cabeza se cambia la historia y veo por dentro de mis ojos que el niño se queda quieto y obedece a las insistentes peticiones de su padre. Su expresión divertida se borra y deja de jugar.
Las mismas frases que salen de su boca, caminan en horizontal hacia su oreja. Y cuando adelanta el pie, las letras le acarician la mejilla... ¿cómo puede aguantar las cosquillas?
Hace unos días recorté unos dientes. En realidad ocurrió de forma casual. Estaba buscando colores y manchas vivas en una revista y los trocitos sobrantes se quedaron en la mesa esparcidos como invitándome a entender una señal. Los dientes han quedado atravesados por un alfiler y a veces miro el adorno y sigo pensando en mis cosas, aunque de algún modo podrían haber provocado mi sueño: tengo un diente hueco y no puedo dejar de pasarle la lengua por encima...
O es el recorte el que me ha recordado el sueño...