Subo los pies descalzos al asiento vacío y me apoyo sobre la ventanilla sin dejar de mirar a través del cristal (como el pez que observa alucinado al exterior de su pecera). El sol cae bajo. Las plantas iluminadas parecen cosa mágica (desaparecen los tallos por lo que el efecto es de cogollos suspendidos). Hasta el asfalto me gusta. Está gastado, parcheado, descolorido. Y las señales, como arbolitos metálicos que nos acompañan en el camino. Otro pueblo. El autobús se desvía y toma una curva muy lentamente y las letras de la ventanilla, que se habían proyectado sobre mi piel, recorren mi brazo haciéndome cosquillas (visuales).
Despejo la mesa (rito solemne que celebro sólo unas pocas veces al año) y con muuuucho cuidado extraigo la delicada lámina de metal de su envoltorio. Despliego las instrucciones e identifico la figura: 05 ACCIDENT. Hace un año me quedé prendada de los Mikroman en una tiendecita fina en Barcelona. Pocos días después, curiosamente volvieron a asaltarme desde el DesignMuseum. Ahora, tengo al pobre accidentado entre mis dedos y es mi tarea manipular cuidadosamente la ilustración plana hasta volverla escultura en miniatura. La semana pasada me torcí un tobillo y mi accidente ha concluido con este exquisito regalo... ¡qué delicia!

¿¿¿es música eso que se ve en el ambiente???

Pocas sillas
Ladrillos rotos, alambres sueltos brotan de la pared
Tarima cercada entre cuatro columnas. Tocadiscos antiguos. Cachivaches. Músicos envueltos en cables
Inquietud, atracción
Agujeros de ventana tapados con tela negra
Intimidad, solo unas 20 personas disfrutando de la sesión
Pies, patadas a la tarima. Cables frotados con las manos o con arco de violín, agua.
Hacer música con el cuerpo, improvisar.
Participar con un estornudo
Un tío corre descalzo y se lanza contra un portón de metal
Flashazos crean durante un instante sombras increíbles
Bebé rubio, redondo. Tiene las rodillas negras.