George heredó de su padre una pequeña tienda. Estaba en Loran, en el corazón de Alejandría, y vendía de todo. Para la gente del barrio seguía siendo la tienda de Bules, o, en el mejor de los casos, la tienda del hijo de Bules. Yo bajaba en chanclas y con mi mejor sonrisa de verano: George necesito una esponja, George necesito zumo de mango, George necesito algo contra los mosquitos. Y claro, siempre tenía.
Un día estaba hablando por el móvil cuando llegué. Había conseguido el teléfono de un cura copto de El Cairo y le había llamado. Le pedía que rezara por él. Que le ayudara para que las cosas le fueran mejor y pudiera escapar de esa tienda. Yo pensé, Enchufes hasta para los milagros. Pero había algo entrañable en como se lo pedía, en la extraña y desconcertante mezcla de indiferencia y cansancio, mientras explicaba que su hija esto, que la tienda lo otro y que, claro, quería salir. Si yo hubiera sido un cura copto, hubiera rezado por él, vaya. Cuando colgó, me miró, y sin saludarme me dijo, ¿Sabes? Hay algunas personas que son puras de corazón, están limpias por dentro, y pueden ayudar a la gente ¿no crees?
No sé si pensábamos en lo mismo. Claro, estoy de acuerdo, le contesté.
Sirag
Saluditos. Hace tiempo que mis instrumentos de escritura no funcionan, así que no puedo relatar mierda, ni leer nada. Pero... ahora mismo puedo, tíos. Y os leo, y he escrito algo. Y vuestro blog sigue siendo jodidamente encantador. No sigáis "así", seguid como os de la puta gana, joder. Muy buenos.
Posted by: Ted, la Ardilla Caótica en: Diciembre 25, 2006 01:54 PMPues sí, todavia queda gente así.
Posted by: el angel de las mil violetas en: Diciembre 26, 2006 01:18 AM Escribe un comentario