Amado público, he vuelto con mi monotema. Quería hablar del paro, de la capa de ozono... quería hablar del caótico plan de estudios de mi Facultad... pero es que el deber me llama, porque anoche, después de cinco - meses - cinco sin hacerlo, descargué toda mi tensión, mis nervios y mi mala leche acumulada en Una Nueva Reclamación al Consorcio de Transportes.
Un autobús, vale. Dos autobuses, me pone... digamos... alterada. Pero que se coman tres autobuses ¡tres!, eso ya clama al cielo. Atómica perdida me puse ayer por la mañana, cuando habiéndome dejado la cama sin hacer, la ropa interior esparcida de mi cuarto al baño, y los bollos hipercalóricos del desayuno en la mesita del salón, bajé para comprobar que la parada estaba llena. Atestadita de gente.
A mi es que se me cae el alma a los pies cuando veo la parada desierta, pero si adolece de overbooking, me pone aún peor. Como diría mi Germán, ¡viva la semiótica!. Haré una sucinta explicación para profanos, ministros y usuarios de coche propio en general. La parada vacía viene a significar que el autobús ya ha pasado. Que ha pasado hace cero coma. Que ha pasado justo cuando tú echabas la llave y bajabas corriendo y trastabillándote por las escaleras. ¡Utiliza el transporte público, tu corazón no te lo agradecerá!
El índice de llenamiento de una parada, por contra, es directamente proporcional al número de autobuses que la empresa se ha comido. Si ves mucha gente, échate a temblar, primero, porque te tocará ir de pie (señores, no vivo en la capital, que nadie me llame ñoña) segundo, porque en las demás paradas habrá un número similar de gente esperando para darle un bocao en la yugular al autobusero, y tercero, porque el dolor de cabeza que se te va a poner cuando la gente le grite a coro al mismo, no se te va a ir en todo el día.
(La explicación no me ha quedado muy sucinta, pero la ocasión merecía que me explayase)
Pero como soy una persona muy objetiva, por una vez voy a hacer una defensa del autobusero.
No os acostumbréis.
Ayer, dos autobuseros se portaron conmigo. El primero era el conductor del artefacto que por fin me recogió después de que los tres anteriores no pasaran. Cuando le pedí el libro de reclamaciones, me dijo que no tenía, y me enseñó la propia reclamación que él, minutos antes, le había hecho a su empresa por no haberle proporcionado uno. Me explicó que ha visto con sus propios ojos las cajas de reclamaciones que la empresa desecha. Que su jefe es un tirano traidor cerdo asqueroso y que si veía algún inspector cuando llegásemos a Madrid, me daba permiso para darle un par de ostias. Con esas palabras, señores. Yo no pude sino compadecerme de él, y la gente que iba conmigo, igual. Nos pusimos todos de su parte, como en las películas. ¡Qué momento! ¡Qué emoción! ¡Un autobusero que nos daba la razón!
Pero cuando llegué a Madrid no había ningún inspector, así que no pude pegarme con él. Mi gozo en un pozo, porque tampoco pude poner mi reclamación, de modo que a la noche, cuando volví a montarme en otro bus, otro autobusero amable, atento, que yo creo que olía bien y todo, me dijo, después de consultarle yo, que me dejaba poner todas las reclamaciones que quisiera en el libro que llevaba. Solo pude poner una, porque la hoja que rellené era la última de ese cuaderno. Ahora voy a esperar a que me contesten, y cuando lo hagan, lo compartiré con vosotros.
Que sé que os vais a reir mucho.
[Como querrá mi madre que engorde con este castigo]
Posted by Irene at Octubre 16, 2003 08:07 PMIrenilla, prueba a cambiar donde tienes lo de los enlaces a nuestros blogs por si no te sale busca en tu hoja de estilo la fuente que corresponde al apartado de "HACE TIEMPO". Me imagino que así te saldrá...
Posted by: k-c on Octubre 17, 2003 02:48 AMJoe, no ha salido el codigo, bueno a ver si entrecomillado sale
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Posted by: k-c on Octubre 17, 2003 02:50 AMSniff
Posted by: k-c on Octubre 17, 2003 02:50 AM