Febrero 28, 2004

Gracias, James

El pasado verano cayó de sopetón una ola de calor encima de la península, al modo de Mr. Bean. Yo pasaba los días atocinada, porque las noches de hervidero no me dejaban dormir. Por ello, y debido al agotamiento, una noche el hombrecillo cogió el Ulises de Joyce de la estantería a petición de la que escribe, para que actuase de somnífero. Igual que a los niños pequeños se le hace, él leyó lo que tenía entre manos, como si fuera un cuento. Creo, según fuentes consultadas, que no duré más de tres páginas, pues la infalibilidad del método me dejó como un bebé lactante, salvando las diferencias.

Más de una vez he oido decir que cuando un buen libro, un escrito importante, un discurso escuchado o un mensaje son ininteligibles para el receptor medio (entendiendo por receptor medio alguien con cierta madurez de coco, de entendederas normales) es que el mensaje en cuestión no es tan buen mensaje. Estoy totalmente de acuerdo. Así las cosas, el Ulises de Joyce no debe ser un buen libro según mi criterio, y que los puristas de la literatura universal no se me echen encima... salvo, claro está, como sustitutivo de la valeriana.

Posted by Irene at 03:21 AM | Comments (5)

Febrero 26, 2004

Cuanto más y más me dan

Había un altavoz por clase sobre las pizarras, entre la cruz y la foto de la Virgen, o bien en el fondo de la clase, según cayese. Estaba pluriempleado. Retransmitía en directo y para casi todo el colegio un montón de mensajes, desde los típicos campanazos del cambio de clase, hasta el aviso de que no saliéramos al jardín porque estaba lloviendo (las monjas se empeñaban en llamarle jardín aunque hacía tiempo que el suelo estaba cementadisimo) Otras veces se nos informaba de que había que traer tal o cual cosa para alguna campaña, o escuchábamos el Pregón de Adviento todos metidos en la misma galería. Qué decepción cuando nos cambiaron el "La Virgen sueña caminos" por unas sevillanas de la Pantoja. Tampoco era raro que en ocasiones se oyera el ruidillo basto de conectar el altavoz, para que alguna profesora de cuyo nombre no quiero acordarme (y que esta mañana no me ha saludado cuando me la he encontrado) metiera la pata y se quedase sin decir lo que tenía que decir.

Siguiendo pulcramente el calendario litúrgico, teníamos oraciones también retransmitidas a primera hora o antes del recreo, acompañadas de alguna musiquilla que terminabas por saberte de memoria a base de oirla. Luego leían un par de alumnos normalmente escogidos a dedo en cada clase y para terminar volvía a sonar la musiquilla. La primera vez que oí el altavoz de mi clase, con nueve años, pegué un respingo buscando por todas partes la voz de la directora, que sonaba a un volumen bestia y que a nadie parecía sorprender.

La otra noche, de cháchara con Germán, recordé una de esas musiquillas que nos ponían. Una de las más antiguas. Una de cuando llevabamos babi. ¡Cielos! Una cancioncilla que hemos repetido hasta la saciedad y que en su momento cantábamos alegremente, imbuidos de su altruista mensaje. Y se la canté a Germán, que suele subestimar los grandes momentos nescafé de mi colegio, mientras me daba cuenta de su profundo significado:

Soy feliz, soy feliz cuando recibo
Soy feliz, cuanto más y más me dan
Pero encontré un gran descubrimiento
Soy mucho más feliz al dar...

altavoz copiar.jpg

Qué tienno

(Patri y Thais, nenas, necesito la letra entera, a ver si vosotras os acordáis, que seguro que no tiene desperdicio)

Posted by Irene at 01:49 AM | Comments (18)

Febrero 21, 2004

Momentos tiennos

Se me olvidaba decir que no sé por qué, pero a veces me dan muchas ganas de abrazar al personal. Y de decirle a tanta gente que la quiero...

Posted by Irene at 02:57 AM | Comments (6)

Nasi Goren

Reticente como soy a todo alimento no autóctono, por poco me he quedado sin probar la cena de hoy, y ha sido, como he comprobado al rato, la segunda vez en mi vida que me equivoco, gastronómicamente hablando. La primera fue en mi infancia, cuando estaba convencida de que los langostinos sabían mal. Tanto me insistieron, que los acabé probando con mucho asco. Desde ese momento soy propensa a un subidón de ácido úrico. La segunda ha sido hoy, aunque de menor intensidad, dada la situación de mi tripita en este mismo instante. Sin mucho tiempo para salir, por desgracia, y con la tarde y noche asquerositas de borrasca que se nos ha puesto, hemos ido a Diversia (extremely piji place) sin muchas esperanzas de diversiatirnos. Yo no quería, no quería, no quería entrar en un sitio oriental. No, por favor, esa comida me hace daño, más aún de noche. Pero el sitio tenía buena pinta y había que decidirse pronto, además, los ojos del hombrecillo me pedían que entráramos. Y hemos entrado y cenado allí. El trato estupendo, un ambiente muy Ikea, unos platos bastante llenitos, comidita rica (Nasi Goren se llamaba mi plato) y, oh, cielos... mi estómago dando lata. Si vuestro estómago no es tan especial como el mío, tenéis que probar esta comida. De momento solo hay un sitio en Madrid, pero dicen que abrirán más The Wok.

The Wok

Buenas noches y buen provecho.

Posted by Irene at 01:38 AM | Comments (16)

Febrero 18, 2004

Tinta huidiza

Desde pequeña tengo una manía, la de guardar cosas. Preferentemente en soporte papel. Si hay algo que guardar, que sea algo que en un momento dado del futuro me evoque cosas buenas, buenos recuerdos. Y cuando era muy jovencilla, no hacía distinción. Eso de evocar y recordar no entraba en mis planes. Simplemente, me daba una pena horrorosa tirar, por ejemplo, las etiquetas chulas de la ropa. O un anuncio un poquito gracioso de cualquier revista. O una postal de qué se yo, con tal que fuera un poco original.

Dentro de esta categoría entraban las entradas de cine. De hecho, aún hoy entran; me gusta tenerlas y no era raro encontrarlas en mis agendas de clase. "Tal día he visto tal peli con tal gente en tal cine". Al poco tiempo, mi gozo en un pozo, porque las entradas de cine, tal como las hacen ahora, duran un asalto. El papel satinado del que están hechas, y la tinta que huye al poco de comprarlas, hace que tengas que mirarlas al trasluz (técnica de Thais) para pillar algo de la información que contenían. No duran si las guardas al aire. Ni si las forras con papel transparente. Ni si las tienes entre las páginas de un libro. Y tres cuartas de lo mismo ocurre con las entradas de los conciertos, o de las obras de teatro, por ejemplo. Su tinta pone pies en polvorosa. Es inaceptable, porque imagináos que las entradas de los conciertos que dieron, mismamente... no sé... eeehh... los Beatles en España, por ejemplo, hubieran sido hechas así. ¿Quién las conservaría? Nadie. Una gran pérdida para la sociedad, sin lugar a dudas. Mientras tanto, las escanearemos, a pesar del miedo en el cuerpo que me ha metido un profesor de documentación hace poco: "Cuidado, en 30 años tus CD estarán completamente borrados".

Posted by Irene at 01:01 AM | Comments (7)

Febrero 17, 2004

Haz

Baja a Madrid, sube. Vuelve a bajar. Vuelve a subir. Destrozate los pies. Rómpete la cabeza explicando temas insulsos. Sonrie permanentemente. Bebe agua. Escribe. Ponte el delantal. Ponte los guantes. Friega los cacharros. Teclea. Teclea otra vez. Busca la tecla de borrar. CTRL + loquesea. Play. Forward. Stop. Baja las escaleras. Tropiézate. Derrama el colacao. Derrama la leche. Quémate los labios. Vístete. Apaga el despertador. Quítate el rejoj. Búscalo con desespero. Desvístete. Devánate los sesos ¿zumo de manzana? ¿zumo de piña? Besa. Abraza. Responde. Sonríe otra vez. Cierra los ojos. Lávate las manos. Respira hondo. Lee. Maldice. Saluda. No saludes. Cepíllate los dientes. Carga el móvil. Carga el cepillo eléctrico. Piensa postres. Bate. Mezcla. Hornea. Siéntate. Ve al baño. Péinate. Ponte cacao en los labios. Bebe té frio. Dobla ropa. Besa más y más fuerte. Pide. Da. Cena. Escucha. Dibuja. Rompe la hoja. Carga el portaminas. Quítate los pendientes, los anillos, las zapatillas. Tírate en la cama.


Mándalo todo al cuerno.

Posted by Irene at 01:19 AM | Comments (13)

Febrero 15, 2004

¡Huevos fritos en los pies!

Tengo unos estupendos calcetines de huevos fritos. Azules de fondo, infantiloides, pero me llamaban en la tienda, se venían detrás. No he podido dejarlos ahí. Creo que tienen superpoderes y todo. Con mis calcetines de huevos fritos y mis dos trapos de Bershka compraditos ayer en Montera he salido en busca de mi hombre. Le he encontrado, hemos cenado pasta oriental en su casa y... bueno, hemos terminado hablando, no animadamente, pero sí con una conversación atropellada a veces, serena otras, de esas que no apetece tener pero que no te queda más remedio. De momento no me quejaré, siempre acabamos más unidos de lo que estábamos. Al menos esa es mi sensación.

Prosigo. Del día de los anomorados, como dice él, ni rastro, al menos entre nosotros dos. Porque lo que es en la calle... las mujeres con rosas, con claveles, con ramos de mejor o peor pelaje. Muchas acompañadas, solas, las menos. Y en el autobús (de veras, disculpadme, pero paso un porcentaje tal de tiempo metida en esos trastos que mi vida parece transcurrir solo ahí) los plastiquitos de las flores haciendo un buen ruido. El que más, el de una pareja cuyo marido ha salido pitando del autobús después de montarle un pollo a la mujer por tener que ir "de pie, y en carretera" La pobre mujer hablando bajito, tratando de bajarle los humos aunque solo fuera por decencia ante los demás, que no éramos pocos. Como al hombre no se le pasaba el cabreo por tener que ir "de pie y en carretera", la mujer ha tirado de su brazo y ha salido pitando con él por la puerta, que estaba ya a punto de cerrarse, pero el hombre no estaba dispuesto a largarse por las buenas, porque se ha liado a gritos con el conductor pidiéndole que le devolviera el dinero.
Ese hombre había montado poco en autobús, desde luego.

Momentos antes, al entrar en el bus, he saludado al conductor (sí, saludo a veces, aunque los odie) que ha resultado ser un chaval muy majete que conozco por haber hablado con él unas cuantas, bastantes veces, y al que prometí que siempre saludaría si me sonreía.

¡Huevos fritos en los pies para él!
¡Huevos fritos en los pies para quien me sonría!

Posted by Irene at 12:22 AM | Comments (2)

Febrero 08, 2004

Arrás

He vuelto a casa en el bus de las 12:30, que ha salido puntualmente a las 12:25 dándonos a Germán y a mí con la puerta en las narices. Él me hablaba de un hostal, yo a él le decía que le avisaría cuando llegase. Ambos pestañeábamos. El autobusero nos ha separado vilmente con un "venga que cierro". Era el típico autobusero que no te abre la puerta en el último momento según está saliendo de la dársena, aunque tenga que estar parado por culpa de un semáforo, pero que luego abre en mitad de la Castellana para pegar voces a otro autobusero

-¡¿Cuándo acabas?!

-¿¿¿Eeeeh???

Y el semáforo ya en verde...

-¿¿¿¡¡¡Que cuándo acabas!!!???

-¡Éste es el último!

-¡¡¡Aaah, pues que seas bueno!!!

(¿Que seas bueno?)

Conversación inteligente donde las haya. Razón impepinable para abrir la puerta.
El autobusero de esta noche tenía prisa, y nos ha hecho un arrás nada más abandonar el andén. A mí me ha tocado pasillo, y justo al lado de uno de esos hombres genuinos que no son felices si no se espatarran. Así que me he remangado el plumas, y me he espatarrado también. Menuda soy.
Luego me ha dado pena, mi protesta no ha servido; el hombre escocido se había quedado dormido y no era capaz de controlar el ángulo de apertura de sus piennas. Pero he seguido espatarrangada, porque... menuda soy.

Y bien cómoda he contemplado cómo un viajero con pinta rarilla le decía a un crío con gorro del Real Madrid que Dios le había contado un rato antes que el Valencia iba a ganar al Atleti. Ahí me ha dado más miedo que con el arrás del conductor. Y antes de bajarme me he preguntado por qué esta noche las señoras emperifolladas no eran capaces unas de meterse decentemente en el hueco del asiento, y otras de bajarse del autobús sin espatarrarse en medio del pasillo empujándome a la vez.

Posted by Irene at 03:57 AM | Comments (5)

Febrero 05, 2004

Dieciocho

El tochazo de ayer era, efectivamente, un trabajo de clase. Pero da la casualidad de que mis deberes consisten en escribir sobre temas dados o temas libres, de modo que lo colgué animada por mi hombrecillo verde. Advierto, ya de paso, que mi cabecera ha cambiado; a nadie se le ocurra tratar de cerrarla, que no se cierra, que es más pesada que el hombre del tiempo.

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Hace hoy un año y medio que el señor Germán y yo somos el señor Germán y yo. Estamos muy contentos por ello y me gustaría tener un detalle, pero como sabéis, yo no tengo la gracia de hacer las cosas como él. Por eso solo pondré una letra.


The last that ever she saw him,
Carried away by a moonlight shadow.
He passed on worried and warning,
Carried away by a moonlight shadow.
Lost in a river that Saturday night,
Far away on the other side.
He was caught in the middle of a desperate fight
And she couldn't find how to push through.
The trees that whisper in the evening,
Carried away by a moonlight shadow.
Sing a song of sorrow and grieving,
Carried away by a moonlight shadow.
All she saw was a silhouette of a gun,
Far away on the other side.
He was shot six times by a man on the run
And she couldn't find how to push through.

I stay, I pray
See you in heaven far away.
I stay, I pray
See you in heaven one day.

Four a.m. in the morning,
Carried away by a moonlight shadow.
I watched your vision forming,
Carried away by a moonlight shadow.
Stars move slowly in a silvery night,
Far away on the other side.
Will you come to talk to me this night,
But she couldn't find how to push through.

Posted by Irene at 01:22 AM | Comments (18)

Febrero 04, 2004

Pueblos Mínimos

El poeta Miguel Hernández, en su época creativa más vigorosa y vehemente, allá por 1936, escribió un poema titulado Vientos del pueblo me llevan. Su intención, que probablemente era la de alentar a los combatientes del bando republicano a que no se subyugasen, quedó plasmada en imponentes versos como éstos: […] Asturianos de braveza / vascos de piedra blindada / valencianos de alegría / y castellanos de alma / labrados como la tierra / y airosos como las alas; / andaluces de relámpago, nacidos entre guitarras / y forjados en los yunques / torrenciales de las lágrimas; / extremeños de centeno, / gallegos de lluvia y calma / catalanes de firmeza / aragoneses de casta / murcianos de dinamita / frutalmente propagada, / leoneses, navarros, dueños / del hambre el sudor y el hacha, / reyes de la minería / señores de la labranza […]

El joven orcelitano hizo con esta poesía un repaso breve pero muy descriptivo del pasado de nuestro país, variado y uniforme a la vez. Un pasado en el que la vida se desarrollaba en los pueblos más que en la ciudad, la economía era prácticamente de subsistencia, y el mayor porcentaje de ocupación estaba concentrado en las áreas rurales, donde la gente se dedicaba a las labores del campo: la ganadería y la agricultura. Los niños estudiaban las cuatro reglas, aprendían a leer y malescribir y luego seguían el destino que le había tocado en suerte vivir a sus padres, en el mejor de los casos. Quizá esta semblanza resulte demasiado llana, muy al uso, simple acaso. Pero es reveladora si se tiene en cuenta que, con el transcurso de las décadas, muchos de esos pueblos que se autoabastecían, se fueron vaciando progresivamente. Otros, en cambio, experimentaron rápidos y sorprendentes desarrollos que hacen que lo único que compartan hoy con lo que fueron antaño, sea el nombre del pueblo y el gentilicio.

Sea como sea, y en el siglo XXI, todavía nos quedan pueblos, minúsculos, que a veces albergan cantidades de habitantes que se pueden contar con los dedos de una mano, o por desgracia, ya ninguno. El Instituto Nacional de Estadística elaboró un estudio que hacía referencia a las denominadas «entidades de población» que es el nombre con que se conoce a aquellas zonas habitables que gozan de denominación propia, así como aquellas aldeítas en las que hubiera por lo menos diez viviendas, y los resultados fueron, cuando menos, descorazonadores. Veamos con detalle el hallazgo del INE. En España, Galicia ostenta el dudoso honor de ser la comunidad española con más pueblos semideshabitados o con menos de cuatro habitantes. De hecho, en la comunidad gallega se concentra más de la mitad del total de localidades casi vacías de todo el país, que son 3.977 de un total de 7.644. Gallegos de lluvia y calma… cada vez menos.

Siguiendo a Galicia, Asturias, con sus casi 1.400 pueblos mínimos, y después, las 548 aldeas de Castilla y León. Menos mal que ancha es Castilla. Y en cuanto a los completamente vacíos, las calculadoras del Instituto de Estadística disparan estos datos, que ponen de nuevo en primer lugar a Galicia, con 1.066 pueblos sin vida, en segundo a Asturias, con 543, Castilla y León (258) y Cataluña (228) como las cuatro primeras comunidades, en contraste con las que menor número de pueblos deshabitados tienen, que son Cantabria, La Rioja y el País Vasco.

Matemáticas aparte, en estos lugares la belleza se niega a abandonar las moradas que ha habitado, y ese encanto rural tantas veces proclamado por las agencias de viajes para los sitios turísticos que sí tienen afluencia de público, también se encuentra, ¿por qué no? en los pueblos mínimos. A propósito de este tema, pocas son las salidas que le quedan a estos pueblos para remontar, para salir adelante y ser, si cabe, sombra de lo que fueron. Las casas rurales, por tanto, se presentan como una alternativa, ya que su instalación atrae habitantes, aunque solo sea temporalmente. Pero los inversores se muestran reticentes a poner en marcha estas casas si son heredadas y con cierta antigüedad, porque su estado suele hacerlas inadecuadas para el uso turístico y requieren de una inversión millonaria que no se amortiza a corto plazo ya que la demanda es solo en fines de semana y contadas fiestas. Esto ocurre más en el interior de la península, porque en las zonas costeras el turismo extranjero provoca más peticiones de alquiler.

No obstante, ha cambiado el tipo de gente atraída por los pueblecitos, por el turismo rural; antes se asociaba este modelo de ocio con una escapada barata, típica de montañeros que se arreglan con pocos recursos (lo cual, por cierto, es más afín a la esencia de lo rural) pero parece ser que desde hace tiempo la clase media – alta se está haciendo pequeños paraísos rurales para su descanso, a precios imposibles, todo sea dicho.

Pero, ¿qué ha sido de aquellos que se apuntaron a la moda de finales de los noventa de mudarse a un pueblo pequeño, casi abandonado, y empezar una nueva vida? ¿Sigue en boga? Al parecer sí, y los adeptos se encuentran entre las familias de entre 30 y 50 años, con varios hijos, cuya intención es lógicamente parecida: establecerse en un lugar alejado del ritmo de las capitales prestándose a trabajar en cualquier cosa, pese a que a menudo se trata de gente con una preparación académica que no tiene nada que ver con el trabajo que puedan encontrar en estos pueblos. Por otra parte, la población inmigrante de América latina, se muestra también muy interesada por instalarse en estos lugares, y coinciden, por ejemplo, en el hecho de ser familias con hijos. Curiosamente, estas familias se reúnen por varios medios para trasladarse a los pueblos, o se acogen a los planes de promoción de algunas localidades para que las familias se animen a incorporarse. Se juntan generalmente a través de asociaciones, o por Internet, en los foros y páginas dedicadas a la vida rural (que son muchas) para emprender una tarea cuyo futuro es incierto pero esperanzador.

La realidad es que España está envejeciendo, a pesar del empujón de la inmigración, y del diminuto aumento de décimas experimentado en la media de hijos. Un buen termómetro son las escuelas de estos lugares, donde los maestros –si es que hay más de uno- se encuentran con el problema de tener que distribuir a sus alumnos en el curso que les corresponde, y no poder hacerlo la mayoría de las veces, porque no se puede impartir clase a un solo alumno. Es por esto por lo que niños y niñas de edades distintas, y por tanto, de distintos niveles de escolarización, compartan aula y reciban una peculiar enseñanza, casi individual.

Peculiar la enseñanza, y peculiares las maneras de quienes viven en estos pueblos, no ya los recién llegados, como explicábamos antes, sino aquellas personas que nacieron, crecieron y ahora envejecen tranquilamente en la tierra que ha sido escenario del acontecer de sus vidas. El director de cine Antonio Giménez Rico, basándose en la novela de Miguel Delibes «El disputado voto del señor Cayo» (1978) dirigió en 1986 la película que lleva el mismo nombre, en la que el desaparecido Francisco Rabal interpretaba al señor Cayo, alcalde de un pueblecito de dos habitantes, que a mayor despropósito, no se hablaban entre ellos. Independientemente del argumento de la novela (que se adivina desde el título), Rabal encarnaba muy bien el prototipo de viejo campesino, sabio, melancólico, de hablar reposado, paradigma del talante de este mundo rural en progresiva desaparición. Precisamente, el vallisoletano Miguel Delibes, se caracteriza por su tratamiento de los ambientes provincianos y rurales, y plasma esta personalidad labriega en una de sus obras maestras, «El camino».
Quién sabe si alguna vez regresaremos al modo de vida que hoy tienen estos pueblos mínimos, que es ni más ni menos que el que se tenía hace no tantos años, pero con mayor cantidad de gente. Pero desde luego queda claro que esta cultura del campo, de la serenidad, que ignora a nuestra cultura de la prisa y la masificación, tiene pinta de ser más sana y en definitiva, mejor. La solución perfecta es, quizá, una conjunción de ambas.

Posted by Irene at 12:57 AM | Comments (4)

Febrero 02, 2004

¿Acaso no es perfecto?

Übermensch: Sexualle Bombe, Bizarre und Extreme


¿Acaso no es perfecto?

Posted by Irene at 03:57 AM | Comments (2)