25 de Diciembre 2004

Fakir

Como un fakir empujado, a punta de espada, a cruzar por un desierto de afilados cristales. Fragmentos brillantes de algo que un día fue traicioneramente bello, y hoy horada dolorosamente la carne. Lo único que puede salvar su vida es la más absoluta concentración. Sólo si esos fragmentos no existen para él, en su mente, podrá dejar que pasen a través de él, y así el suelo se deslizará bajo sus pies y tal vez un día halle refugio seguro. Fragmentos creados por él mismo, a sabiendas de que habría de caminar sobre ellos; no por esto menos cortantes.

Siempre supo que caminaría solo por el desierto; la maldición del Mentat es siempre y constantemente analizar, aunque se deje llevar por emociones ocasionalmente. Así pudo ver su destino, y desde que sopló para formar la pieza, supo que ese mismo vidrio lo lacerarían sus propias manos.

En la interminable extensión de arena en la que nació, siempre ha estado así. Sabe que nunca habrá de ser distinto, y que cualquier otra cosa es desperdiciar valiosa agua, lo único que puede salvar a un hombre en la ardiente llanura. Pero no lo evita porque necesita los huevos, y eso le provoca un profundo malestar, en ocasiones rayando el desprecio, hacia su propia humanidad, herencia de animales depredadores y depredados al tiempo, carnívoro de medias tintas.


Con ningún ser vivo a su alrededor, su mayor enemigo es él mismo, su propio cazador, el peor traidor. Deseará una y mil veces ser devorado por águilas, que sin embargo no aparecen en lugares tan adentrados en el corazón del infierno. Deseará dejarse llevar por los caprichosos vientos, a sabiendas de que cualquier tormenta de arena lo fulminaría, y sólo su instinto de supervivencia salvará al joven Atreides; el mismo que le ha librado de brutales acometidas de gusanos de arena recientemente. Así y todo, deseará estar muerto; tirarse de cabeza contra esos cristales que sobresalen y desangrarse hasta derramar su última gota.


Mas no lo hará. Seguirá caminando, sin vislumbrar su destino inmediato pero consciente de que no es este su final. El propio dolor le mantiene consciente de que el miedo es su único enemigo, y de que debe conservar la calma para no derrochar valiosas oportunidades que le presente el caprichoso desierto. Silencioso cual serpiente, solo su penetrante mirada distingue al Muad-dib del resto de los Tremen, excepcionales ya de por sí.

Escrito por jisakiel a las 7:38 AM | Comentarios (0)

19 de Diciembre 2004

Grey heavens

Qué triste destino haber descubierto el propósito de la vida para tener que dejarlo marchar. Los días carecen de sentido, y el paso de ellos se convierte en hastío, mientras no queda otra alternativa que esperar una señal que haya de mostrar mi camino. Penosa ironía que mi peor enemigo en este interminable viaje sea yo mismo.

Me gustaría poder tomar el último barco que saliera de esta tierra, para no volver jamás (estúpida trilogía, no debí haberla visto de nuevo. Cuando acabe con los apéndices, dormirá un largo sueño de años). No se debe volver, como dicen, a los lugares en los que se ha sido feliz.

O quizá volverme un fantasma, o algún otro personaje fantástico igualmente atrayente. No de los que hablan y se peinan a raya, sino de los que se deslizan y provocan temor irracional en otros. Hoy, como de costumbre, sucede que me canso de ser hombre.

Escrito por jisakiel a las 2:05 AM | Comentarios (0)

12 de Diciembre 2004

Zumbido

Zumbido, onda seno, de media frecuencia y poca amplitud, apenas sobre el umbral de la percepción. Según crece en amplitud lo nota más, aunque pretende que no está. Va creciendo hasta hacerse grito inarticulado, pero sigue haciendo como si no estuviera. Enmascara el resto del mundo con su insoportable sonido, embota sus sentidos, vuevle su visión blanca y su pulso tembloroso, pero continúa sin plantearse la naturaleza de este sonido.

A dónde lleva esto? A nada, como el zumbido. Quizá siga creciendo y creciendo hasta que le estalle el cráneo en una viscosa implosión. Quizá fuera el sonido del aire deslizandose más y más rápido a su alrededor, mientras él, inconsciente de la aceleraciòn, se dirigía de cabeza y en caída libre hacia la tumba, como en cierto polémico anuncio de Xbox. Quizás, y sólo quizás, algo fallaba en la transmisión y no encajaba del todo en matrix, para acabar siendo reciclado como aceite de juntas justo después de un aterrador momento de comprender lo miserable de su existencia.

Desapareció con él el zumbido? O acaso permanece en el mundo y nadie puede oirlo salvo unos pocos desgraciados, inconscientes de su verdadera naturaleza?

Escrito por jisakiel a las 4:14 AM | Comentarios (0)