No es que existan sobrados motivos de celebración, o por lo menos no de momento, pero la semana pasada salimos a comer todos los de la oficina de Huesca. Nos metimos un chuletón de 1 kg entre pecho y espalda por persona. Algo con esta pinta:
La sobremesa, ese periodo típicamente español que se da después de las comilonas y antes del sesteo (o de no hacer absolutamente nada útil en el trabajo) vino cargada de emociones, gintonics y el mejor bourbon del lugar:
Y que viva la madre que nos parió.