Mayo 20, 2004

LA BOA... CONSTRICTOR!

Leo con interés una noticia en Interviu en que se hace una aproximación al coste total de la boda del próximo sábado y no puedo evitar indignarme profundamente. He pasado toda la tarde intentando animar a una amiga, que tiene una niña de dos años, y a la que han echado a la calle. Su mayor quebradero de cabeza, ahora mismo, es encontrar otro trabajo lo antes posible para no tener problemas con la hipoteca.

Hay cosas que no comprendo. Quizás porque no me considero monárquica. Ni siquiera, como muchos se proclaman, juancarlista.

A día de hoy todavía hay quien afirma que la monarquía se ha acercado notablemente al pueblo. Y lo dicen, y eso es justamente lo que más me desanima, absolutamente convencidos. Cuando se supo la identidad de “la elegida”, rostro televisivo donde los haya, muchos comentaron que era una buena elección. No discuto eso. El nombre de la prometida del príncipe, para mí (y según mi opinión debiera ser así para todos excepto para Don Felipe), es lo de menos. Sin embargo, desde el primer momento, muchos nos dieron a entender que su origen “plebeyo” (si me permitís la licencia quisiera añadir que plebeyos somos todos hasta que se demuestre lo contrario) era algo positivo. “Por fin alguien que sabe cuánto cuesta una barra de pan”, comentaban. Supongo que todavía sabe cuánto cuesta el pan. Pero desconoce, estoy segura, el coste total de los trajes que ha llevado a Dinamarca. Doña Letizia Ortiz todavía no es un miembro de la monarquía, sin embargo ya puede permitirse el lujo (ignoro si además capricho) de vestir de Chanel, Dolce & Gabbana y no repetir traje ni una sola vez.

No hace mucho se informó del gesto de Doña Letizia cuando, en Madrid, se acercó a los periodistas y les comentó aquello que sobre ella se había dicho y que, evidentemente, no compartía. Opino que ha perdido parte de su naturalidad inicial. Periodista como es, debería entender que cualquier gesto, cualquier movimiento, para bien o para mal, sería analizado hasta el absurdo. Nadie está (o nadie debería estar) por encima de la prensa. Dudo que meses atrás se enfadara porque alguien comentara cuántos centímetros la separaban del suelo: entonces todavía tenía los pies sobre la tierra.

Todos, tras lo del 11-M, seguimos de duelo. Quizás ello influya y colabore en que andemos algo cortos de sueños, de ilusiones y, si se me apura, hasta de cuentos con final feliz... Pero tras una tarde como la de hoy, al leer que el banquete costará aproximadamente 360.000 euros, no puedo evitar despertarme de golpe y sentirme profundamente decepcionada. Dicen que la vida es una lucha constante. Me pregunto contra qué...

Escrito por Kieta a las Mayo 20, 2004 08:50 PM
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