Noviembre 11, 2007

Vendiendo el producto

Intento mirar las cosas con ojos de psicóloga, pero trabajo en el mundo del periodismo, de ahí mi estrabismo intelectual. Tengo un ojo aquí y el otro allá.
Me dí cuenta de mi bizquera mental cuando contemplé en el informativo de televisión el "tirón de moños" entre Zapatero, Hugo Chavez y Don Juan Carlos de Borbón en la Cumbre Americana. Yo que siempre había creído que los moños se tironeaban en los patios de vecinos, en las casa-puertas y en la calles donde orinan los gatos y cantan los pájaros enjaulados desde la ventana al compás del transistor y veo en televisión que el "moño es mundial", para más séñas hay un moño internacional con bastantes marañas. Este es el moño del bien y el mal.
A mi el bien y el mal no es que no me interesen, todo lo contrario, es que siento un pudor terrible en señalarlos con mi dedo. Este pudor no significa una excelencia por mi parte, sino, todo lo contrario, una limitación. Sospecho que para la mayor parte de la personas que me conocen no paso por ser otra cosa que una pusilánime, y lo que es peor, también sospecho que estén en lo cierto.
Por eso, cuando contemplo la arena donde la gente se jala del pelo, mi condición de atrincherada calva y mixta me da esta perspectiva tan perpleja y tan bifocal. Cuando desde la mesa de mi salón, donde descansaban las lagrimitas de pollo que prepara mi carnicera y el queso viejo y picante y la botella de vino fráncés que guardé de este verano,sentada a la mesa con mi hija y alguien más, viendo las noticias mientras cenábamos, aparece el Rey de España entre la cabeza ponderada de Zapatero y la cabeza desatada de Chavez diciendo "¿Te quieres callar ya?, pensé "Este es el momento de guardar el vino frances o de rellenar la copa".
Rellené la copa y pensé. (Pensé después, siempre después...):"¿Pero ese era el Rey de España?".
Si, era Don Juan Carlos I de Borbón, Rey de España, mandando a callar con autoridad primitiva de patriarca gitano al estadista díscolo y absurdo que es el presidente de Venezuela, mientras Zapatero cogía la calavera del talante y proclamaba "Ser o no ser respetuoso, !que bien declamo!" Don Juan Carlos secuestrado por su sistema límbico, siendo incorrecto y afuncional. Retomando su lugar en la historia más despeinado que nunca. Insinuando para algunos bizcos como yo que es consciente de que cuando se acabe la fenomenología de su personalidad monarquica, la Monarquía española va a perder todo su sentido, porque nadie en la casa Real está dispuesto a despeinarse como él, tan pendientes de los fotos del Hola...
Rodriguez Zapatero cumplió un deber que se perdió en las formas. Me encantaría ser la madre de Zapatero a veces (Y aquí hablo como psicóloga). Coger un telefóno móvil y marcar su número y cuando me estuviera explicando cómo es el mundo, cúal es el verdadero respeto, qué es lo que hay que hacer y lo que no, yo le pudiera interrumpir y decir cosas como "Vale, pero no hables tanto y cambia de estilista". Esas son las cosas que sólo pueden decir una madre, y luego colgar sabiendo que el mensaje ha calado. "Jose Luis, no hables tanto, no aproveches cualquier circunstancia para demostrar lo bien que piensas, di lo que debes decir. Haz tu trabajo y come bien".
Ahora bien, no me gustaría ser la madre de Hugo Chavez, ni siquiera para llamarle y cuando me quisiera hacer ver la verdad que el sólo cree ver decirle "¿Te quieres callar ya"? Pero ya hay quien lo haga. Preferiría que lo hiciera el pueblo de Venezuela, pero de momento lo hace el Rey de España. Un Rey que cuenta ya hacia atrás los minutos de sus despeines, consciente que valen por mil cumpleaños de Florián y cien trajes de Caprile para Letizia. Pero que sin embargo, y paradógicamente, en ese momento, era el único de los tres que no estaba vendiendo el producto.

Escrito por La caminante a las Noviembre 11, 2007 05:11 PM | TrackBack
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