Blasfemia, ese pecado
¡Hola amigos! Hoy venimos a este espacio virtual para hablarles de uno de los temas favoritos de sus siempre serviles webmasters, pero no se crean que les vamos a hablar de monstruos de cartón piedra escupiendose fuego de mentirijillas, de personajes que entre patéticos y odiados preferimos reirnos con ellos (siempre con) o de extrañas invocaciones para traer a seres inmundos del espacio exterior, y no es porque nos falten ganas. Hoy, hermanos, venimos para hablarles de un tema exacerbadamente latino: la blasfemia. Pero qué es la blasfemia, se preguntaran ustedes. Porque lo que no vale ahora es hacernos una idea simplona del concepto y reducirlo a cuatro palabras, y menos cuando estamos hablando de un pecado mortal ex generis. Podríamos llegar a extendernos bastante, pero preferimos remitirles a una de las fuentes originales que nos ha hecho más gracia, sobre todo por las referencias a la Inquisición y por cometer constantemente pecado de blasfemia cordis.
Quizás no se hayan parado a pensarlo porque simplemente no entra dentro de sus posibilidades lógicas, pero no todo el mundo blasfema. De hecho la blasfemia entendida prácticamente como un arte es una propiedad casi exclusiva de unos pueblos de una religiosidad fervorosa, croquetamente el español y el italiano, que han llevado la blasfemia a un nivel casi inimaginable. De hecho, este nível tan elevado a la hora de calumniar a las distintas representaciones de divinidad trae serios quebraderos de cabeza a la hora de traducir según que filmes españoles, profusos ellos en blasfemias, a otras lenguas que no son tan prolíficas, como puede ser el inglés por poner un ejemplo. Pero no sólo nosotros y nuestros hermanos ítalos nos dedicamos a expeler tremendísimas e imaginativas barbaridades sobre Dios, la Virgen, el Santoral; también griegos, sudamericanos y franceses al menos desde Rabelais pasando por el marqués de Sade y amiguitos, ¡pero qué divinamente blasfemáis, vizconde!
Entonces, cómo es posible que unas personas con una religiosidad tan enraizada se dediquen continuamente a estos actos pecaminosos (no esos que están pensando, no, guarretes) que se podrían pensar como más propios de herejes descreídos. No olviden ustedes que la blasfemia es la forma más cercana de acercarse a la divinidad coloquial, casi podríamos decir, familiarmente. Como colegas. Así pues, piensen, si quieren, que cada vez que blasfeman cometen pecado mortal y que a la vez se acercan a Dios.
Perpetrado por Amanda y Casimiro a las Abril 2, 2004 01:23 PM