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Diciembre 01, 2004

Pobres Costras

¡Hola, amiguitos y parientes! ¿Harto de la cotidianidad? ¿Aburrido, quizás? ¿Quién no se ha planteado alguna vez, quizás en un estado etílico por encima de la media, la indigencia como alternativa viable al capitalismo feroz, como contrapunto radical al stablishment vital de la basura blanca: despertarse-currar-comer-cama (ad nauseam)? Porque la pobreza, amigos, puede llegar como un infortunio, como un azote bíblico, como una de las siete (7) plagas que asolaron Egipto o por pura mala suerte; pero ¡oh, increible!, los hay en este mundo que impelidos por una mezcla de valor heroico y rebeldía ciega asumen los votos de pobreza como filosofía vital. Y aunque ser unos émulos de Diógenes de Sínope les pueda paracer nauseabundo, aunque les pueda resultar díficil de creer que haya gente que decide huir de los lujos de la era moderna, ellos son legión: los Costras, la tribu urbana que huele mal.
"... a mí es que el rollo punki ese no me va, ¿sabessss? Toma el peta. ¡Gnrrfff, jja-pfuaaaa!" - oido en la Plaza del Parque (Ibiza), Meca del Costrismo estudiantil.
Pese a lo que dijese en su día este pobre ignorante, los costras (o jipunkis) han adoptado gran cantidad de elementos identificativos de la estética punk así como de la jipi. Cadenas colgantes, chupas tachonadas, botacas pestilentes, poco amor por la higiene corporal (todo un placer para el olfato) y la que probablemente sea la peor pelambrera que puede existir en el mundo conocido: las rastas. Incomodas, trabajosas, pesadas y asquerosas. Personalmente, hemos llegado a ver peinados en los que podían vivir cómodamente toda la comunidad de insectos arborícolas de los insalubres pantanos de Florida.
Pero si hay algo que identifique a este subgrupo humano (¿?) por encima de otras peculiaridades es el perro o perros. Indefectiblemente de raza bastarda, hijo de mil leches, escualido, pulgoso y de inteligencia mermada por el hambre atroz y los tortazos. En sus acusoso ojos a menudo se puede leer un ruego para que una alma misercordiosa acabe con su torturada vida, que suele consitir en oler a los inoncentes transeuntes mientras su amo se dedica a buscarse la vida (infructuosamente) y/o a insultar a los ciudadanos de a pie... y aquí es donde queriamos llegar: a la flauta.
Imaginénse que cualquiera de ustedes, hombres y mujer(es) en plenas facultades físicas y mentales, estuviese seis (6) horas diarias, seis (6) días a la semana tocando la flauta, pidiendo una monedilla. ¿Verdad que tarde o temprano aprenderían a tocar? No decimos ya como unos virtuosos del instrumento, sino hacer que la flauta emita sonidos no-molestos. Barajamos dos (2) hipótesis que podrían llegar a resolver esta duda existencial.

  1. Los costras, a medida que van tocando jornada tras jornada su infernal instrumento, llegan a aprender y dominar el arte de la flauta de pan de tal forma que se envalentonan para presentarse a los rigurosos exámenes de la Filharmónica de Barcelona, rapándose las rastas, dándose por fin una ducha e integrándose así como unos miembros más de la sociedad de consumo. Probablemente se compren un DVD acto seguido.
  2. El costrismo no es una opción vital, sino una incapacidad total de aprendizaje, de origen claramente genético. Seguramente, tras varios años de fracasos laborales en todas las cajas de supermercado, la opción de la flauta y el perro sea justamente la única que les permite ocupar un sitio en la gran urbe, entre el resto de los gregarios humanos.

Así pues, niños, la lección que hemos aprendido hoy es que no hay que odiar ni temer a los jipunkis. Si quieren sentir algo por ellos debería ser pena. Pena porque ellos no tendrán la oportunidad de conseguir trabajo en el IKEA, y se verán forzados lavarse y a hacer de camarero o de dependiente en algún antro moderno de Barcelona. Tiempo al tiempo.

Matadme, por favor...

Perpetrado por Amanda y Casimiro a las Diciembre 1, 2004 03:36 PM
Comentarios

Pues a mí no me dan pena. Todos estos costras, (buskers en inglés) lo han elegido (bueno, quizás un 0,01% no). Son los hippies modernos, sin oficio ni beneficio, queriendo vivir sin dar palo al agua. Y sobre converisón a modernos... los veo mas como regentando una tienda, así como underground-alternativa. Pagada con el direno de los padres, o del ayuntamiento, para que intenten dejar de dar asco.

Zeros Metallium || Diciembre 1, 2004 04:07 PM

Les amo, les amo, les amo como amo a mi amo...., auuuuaaauuuaaaauuu!!!( risa perruna )...Tengo unos cuantos amigos costras, y no cicatrizan jamás.

Scooby "El Perro Rave" || Diciembre 2, 2004 03:35 AM

¿Amigos? Guay, pero no los meta en su casa, JAMáS. Yo tuve a un compañero de piso costril (e italiano) que con el pretexto "¿me puedo traer unos amigos el fin de semana?" nos llenó la casa de costras italianos durante ¡2 meses!

Yo ahora me rio de aquello pero en su día hice planes para asesinarle con la maceta de aloe-vera.

Casimiro Godzi || Diciembre 2, 2004 12:06 PM

Y le cojían los discos sin permiso. ¿Pero qué coño querían escuchar? Si estaban todo el día con el Manolo Chau de los cojones. Y lo peor, su casa fue como el camarote de los Hnos. Marx. Pero en rastas y futuros yonkis.

Zeros Metallium || Diciembre 2, 2004 04:03 PM

Jajajajajajaja! Qué risa me ha entrado!

Esta gente para mí tiene un nombre muy sencillo, y que viene al pelo. Cuando ves uno de estos 'costras', 'jipunkis' y demás por la calle, sólo tienes que pensar en sus dos posesiones más valiosas. Así obtenemos una grata palabra para definirlos:

Perroflautas.

Y así queda:

Perroflauta (nombre, neutro, singular) Dícese del que acomete la acción de perroflautear.

Perroflautear (verbo, 1ª conjugación) Ejercer el perroflautismo.

Perroflautismo (nombre, neutro, singular) Úsese para definir el estilo de vida o profesión perroflautista. Es decir, pasear por las calles con un perro y una flauta mientras pides dinero a la gente por tocarles una bonita canción que aprendiste en el colegio, creyéndote así más moderno, independiente y alternativo; pero chupando soimepre de los padres, podridos en dinero.

Warrior || Diciembre 2, 2004 04:29 PM

Juaaaaaa, jua, juaaa. Que risa. Muy bueno. A partir de ahora incluiré en mi diccionario dichas palabras.

Zeros Metallium || Diciembre 2, 2004 06:58 PM

Se les critica mucho pero...¿y esa cara bondadosa con la que te miran cuando,agitando el vaso(probablemente usado) del BOCATTA te piden unas monedillas?.Eso no tiene parangòn,hombre.Son capaces de alegrarte hasta el peor dìa.
Y no crean que todos estàn cualificados para tocar la flauta.Ni mucho menos.A ese nivel tan sòlo se llega tras pasar varios años en el mundo del costrismo.Al principio,han de conformarse con agitar una pandereta o,a lo sumo,unos cascabeles...

Delfinin || Diciembre 9, 2004 12:24 AM

Si los amorfos y necios dioses sin nombre que bailan alrededor de Azatoth en el centro del universo no tocasen la flauta, esgrimirían sin duda "La pandereta": el malvado punto de unión entre el costrismo y la tuna.

Casimiro Godzi || Diciembre 9, 2004 12:35 PM
Apórtenos su sabiduría:









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