Como es primavera, tenemos deshieloaunque aquí en Madrid marzo ventoso y abril lluvioso. He tenido que sacar los gorros de lana de nuevo de su hermosa caja encontrada en la puerta del restaurante japonés de mi calle.
No quiero que desaparezca el invierno en la tierra ahora que empieza a gustarme, claro que on its terms, en medio de glaciares o pastizales helados, en Siberia o Tierra del Fuego o Noruega, en la ciudad el invierno es un asco sino fuera por las luces de Navidad de la Cibeles, las bufandas (salvo cuando se te enganchan los pendientes), los chicos con abrigos.
Cada mañana cuando cruzo el semáforo de la Avenida de los Toreros y ese viento gélido me barre la cara, bajando de alguna sierra pero sin sierra en derredor, me rebelo. Enfrente el Colegio Brains cuyo edificio es totalmente barilochense, incomprensiblemente sólido, enorme y piedra, ahí me resguardo los ojos mientras la luz roja, imaginándome que realmente es invierno y no simple rasca, ça caille.
A lo que iba, que se acaba el mundo, que hay hermosos días que se nos van, me ahogo frente a la pantalla, quiero campo abierto, vida abierta, dos semanas en la carretera, esta misma ciudad pero de otra forma, más urbana, más con él, más de aspirar en vez de inspirar, unos días últimos de la humanidad llenos de momentos como ése de ayer de prender la luz del salón y ver la casa mía, apaciguada después de dos días de trastorno.
Se acaba el mundo pero arriba más arriba, aún, claro, queda sitio, time for you and time for me. No comprendo cómo es que no nos asesina un rayo fulgurante, cómo no se nos oxida el alma.
Se muere el planeta, pero yo no.
LouLou Marzo 27, 2008 07:59 PM |