Marzo 27, 2008

Barrilete cósmico

Ahora me siento un poco culpable por frivolizar el paquetismo, a mí que me duelen tanto las casapuertas de Libertador y Billinghurst, las calles arboladas de Chamberí, las aceras con mármol de Vistahermosa, la rue du Faubourg Saint-Honoré, no porque deban desaparecer, sino porque así deberían ser también las casapuertas, calles, aceras de todas partes. Si uno se pasea en tenue Cruella de Ville frente a una villa de emergencia (y Argentina es toda una villa de emergencia al mismo tiempo que es el Jockey Club), no puede esperar que no vengan a aporrearle la cabeza. Si uno es pobre, como bien dijo el Selu, a los ricos les molestará el ruido que hace tu estómago. El hombre es cruel, el hombre es sublime. Y esa extraña mezcla se exalta en ese país asalvajado. No en vano el Dios de los argentinos es quien es, el que personifica en sí mismo esa capacidad de grandeza y esa tendencia a la trampa, el camino seguro a la derrota. El Diego en la final del 86 se marcó el gol del siglo y la mano de Dios en cuestión de minutos. Es sintomático que allá se hable más de la mano de Dios que del preciosismo singular y único de su jugada del minuto 54. La patria de lo trucho. Qué pena más grande.

LouLou Marzo 27, 2008 08:40 PM |