En una obra infantil Rodrigo tuvo que hacer de Circe y también de Polifemo, los dos con un solo ojo, sólo que en sitios diferentes. Así que ante el espejo Rodrigo podría haberse dicho a sí mismo:
-Y yo tengo un ojo con el que todo lo veo, bastardo.
Circe pecaría de modesta en su maldad, porque cabría añadir: "y que todos quieren ver".
