Mi tío aparcó en una calle que daba a Goya, me quería enseńar la plaza de Colón y luego algo que "merecía la pena", quería conocer mi parecer de "joven", y ver mi primera reacción sin que él me indicara su opinión. Como ya lo conocía un poquito supuse que sería una plaza llena de travestis. Anduvimos kilómetros mientras él me contaba historias de cuando trabajaba en el Banco Central, me contó una historia que quisiera poder narrar aquí en todas sus inflexiones de persona amarrada por la obligación católica. El caso es que llegamos a una plaza bajo un puente, en cuatro de los pilares estaba sujeta una escultura, Chillida fijo, pero era sobrecogedora. No se me ocurre otra palabra aunque esto quede tan varguiano. Mi tío decía (y yo lo oía lejos) que el Rey vino a inaugurarla porque ya había muerto el dictador, la escultura se trajo de Francia porque ya no estaba prohibida, y me miraba y esperaba que yo dijera todas esas cosas que él no puede decir: degenerados caraduras, etc. Aunque muy contento me contó que la gente se cagaba en la escultura y no dejaba de preguntar qué dónde demonios estaba la sirena. Pero a mí que Chillida siempre me ha parecido una nada, estaba allí anonadada con el hormigón armado. Fua. Qué chula. Mi tío siempre será "la persona que me llevó allí".
