Me voilà, en la ciudad tanto tiempo pretendida. Tengo libros barceloneses, ahora, y sobres de cafeterías barcelonesas, aunque estoy tan cansada como antes.
Escribo mis aventuras en el cuaderno que me compré en la tienda china de la calle Gracia de Granada. Y todos esos tesoritos del principio de la ciudad son míos, no son de aquí, al mismo tiempo sé que si no escribo para la red ya no existen las frases.
Una vez más me mudo para cambiar mi mierda de escenario, y más ahora, con la tecnología global estás menos a salvo que nunca. Estoy tan enferma como hace dos semanas, dos meses, dos años. Ah, la ciudad, y la curación que creo que me procurará.
