
Soñé con una casa que era mía pero en la que las mujeres eran las dueñas y administradoras y conocían todos los rincones, hasta una cripta que había en el sótano pero que estaba iluminada por la luz del día, suelo de damero blanco y negro muy gastado, de mármol. Verja de hierro. Y había fantasmas y las mujeres los conocían por sus nombres. Se sentaban frente a la reja a coser y bordar. Yo tenía miedo y nunca bajaba. Hasta que pensé que por qué debía
temerlos si tenían nombres y ellas, las mujeres, no les tenían ni tanto así.
La calle estaba llena de caballos muertos partidos transversalmente por la mitad. te acercabas y veías que eran caballos de plástico, como los d elos indios de juguete.Mi hermano y yo corríamos porque una vieja celestina, que antes del sueño había sido yo, nos perseguía para que yo trabajase para ella en un pajar.Sabíamos que nadie podría socorrernos. Mi padre en forma de diablo gigante con grandes cuernos a los lados, negros, opacos, quiso matarnos con un hacha peor en el último momento nos dejó escapar, notó en cierto modo que éramos sus hijos.Mi hermano corre como el viento por la ciudad y me salva, pero no sé de qué.
He ido a ver Post coitum animal triste al Institut Français. Qué cosas, la otra vez que fui ví 24 heures dans la vie d´une femme, parece que los franceses sólo hacen películas sobre mujeres que pierden la cabeza ante un polvo performed con maestría.
Reconozco que soy una enganchada de las buenas historias, y en cuanto puedo quedarme una para mí, si estoy en una época de atrevimiento como ésta, me arrojo como una posesa tras la cola de la posibilidad de una historia que merezca luego ser contada. Estoy viva y absorbida por un futuro rey con cuerpo de niño sin terminar, un cuerpo que cabe entre mis piernas, lo he comprobado, un cuerpo que ahora me duele no tener. I could drink a case of you and I´d still be on my feet. Diez noches seguidas podría tomarme contigo y seguiría despierta y lúcida. Como anoche que no hubo sesión mis orgasmos pero me mataste la voluntad de control en un gesto, ya sólo importa la continuación de esta historia y sus enredos.
El gatito de mi Word se duerme mientras yo en vez de escribir escucho Joni Mitchell, que me tiene envenenada desde hace una semana. Sigo hablando de él. Y si escribo nuestra escena introductoria en la cama, o volver atrás y hablar de nuestra escena introductoria en la cocina o de hace dos semanas en la estación del metro cuando me besó en la frente, o hace dos meses cuando me dio el mechero mano a mano o tantos he touched me, pero mejor hablar de él y de mí tan cerca en su cama durante tres horas hasta que ya no había más remedio que rendirse a la evidencia. Bésame. Él sabe hablar, no se tienen que cubrir sus huecos en el diálogo, it´s so challenging, tienes que estar en guardia porque en cualquier momento tienes una frase con pie (cambiaste el juego); quiero coleccionar sus frases pero ahora tengo tanto sueño, prefiero arrebujarme en el edredón y recordar, inflexiones, flexiones, cuerpos retocados, la historia de siempre pero diferente.
Me gusta por su nombre y porque antes de gustarme me gustara, por sus gestos y su cazadora gris cuchirripristosa, por el café que tomamos, por el Caixa Forum, porque siempre que lo ví me dió un vuelco el corazón y quise morder su barbilla (anoche por fin lo hice), por sus dedos largos que amenazan siempre con tocarme y volverme del revés, por su mirada tan rematadamente intensa, porque es travieso y divertido y me observa todo el rato, por las veces en que lo he visto fumar, por su descarada forma de estar, sus hombros, sus clavículas y el lunar de su oreja izquierda, porque me ha adoptado, porque vino a casa a cenar de acompañante y eso hizo que me cambiara de camiseta, porque me llama pelirroja y me ha buscado las cosquillas y me ha tocado el pelo en Diagonal, por todas las veces en que me quedé sin respiración si me puso la mano en la rodilla, en la espalda, en la goma del pelo que no sigue en mi muñeca, por su voz, por su voz hablándome, por los mensajes que me manda al móvil, por todas las pastillas de regaliz que me ha costado acostumbrarlo a mi sabor, por su capacidad de sorprenderme y pillarme con la guardia y las bragas bajadas, porque sabe que me gusta y por la terrible sinrazón a la que me ha sometido conocerlo, porque ha mentido por mí. Por anoche. Por el beso frente a su ropero y por el beso frente a mi puerta y toda la desnudez intermedia.
Me hace daño mirarlo, pero tengo que verlo, tengo que dejar que se me acerque y juegue con mi voluntad como si todavía estuviéramos en el instituto. Tengo que dejarlo entrar y ocupar todos los huecos. Tengo que hacerme a la idea de que él quiere que yo también entre y le deje ver. Quiero quiero quiero entrar.
Jesús me llamó el otro día Ruedaporlascamas la Interpretadora de sueños. Yo que siempre quiero escribir me doy cuenta ayer de que primero tengo que saber contar bien una historia. También me di cuenta de que sé contar una historia cuando en la cena mallorquina conté la tarde y la cena con Miguel y por un rato tuve un auditorio y me gustó. Todas esas gravedades que te pasan y pareces que te ahogas, cuando más me he agobiado durante más divertidas las compongo luego. Tendría que grabar y transcribir para empezar a comprender cómo es posible que sepa improvisar una historia oralmente y luego me pongo delante de la pantalla y nada. También he pensado que estaría bien tener un diálogo y tener que interpretarlo. Y que a veces me doy un personaje y lo creo, me voy dando las frases conforme hablo. También he pensado que me tengo que relajar, tranquila LouLou.
El miércoles Álvaro y yo nos fuimos andando hasta la Barceloneta, tiempo desapacible, empacho mío de Joni Mitchell que aún se me puede apreciar, nunca había estado en el puerto y es un poco como la lonja de mi ciudad (qué me pasa que he recortado una foto del castillo de San Marcos del diario Expansión, anuncio de Caballero, lo he pegado en la pared), olor a mar parado, la arena de esta playa de mentira que da tanto asquito, mi saxofonista privado y yo intercambiándonos historias para no dormir; cenamos en una pizzería y me enseñó una foto de cuando conoció a Elena y entonces lo reconocí, nos habíamos visto en casa de mi prima hace dos años, de un salón con piano al Passeig Joan de Borbón, ahora sólo lleva dos pendientes, ninguna rasta y le brillan menos los ojos, él también está cansado, no estés cansado, niño, podremos estar mejor, podremos recuperar nuestras ganas, sí, lo juro. Me invitó a Tarragona hoy a su ensayo y yo no he ido porque me había acostado tres horas antes de eso, después de una cena alargada con gente que parecía de mentira de tan maravillosa, me siento fatal, Álvaro, tú no leerás esto pero lo siento tanto, el teléfono a las diez de la mañana, Álvaro, todos esos jazzistas en la plaza Tetuán y yo durmiendo en Gracia (me dejé las llaves dentro de mi casa y mejor, he pasado el día con Cris). Pero eres la primera persona con la que he estado en el centro de la plaza Catalunya aunque las francesas nos quitaran el sitio. Y tengo tu libro del Kind of blue y tantas ganas de verte tocar y de verte tout simple, bichito.

He comes for conversation. Se acerca tanto que me hace daño su cercanía. Don´t stand so close to me. Su voz cerca de mí, diciéndome cosas a mí, trazando un camino que se aleja, trazando caminos varios cuando sólo hay una manera, golpear la puerta, tan fácil, y que se acabe la fiebre, dar paso a una dos tres cuatro manos sin manos, acabemos de una vez, déjame estar viva una semana y luego volver a una cajita, pagar el precio de la intensidad. Sé que me estoy metiendo en una historia equivocada, pero ya es tarde, hasta el calcañar.
Ésta es mi medicina, dejarme caer por caer por la pendiente, respirar más hondo y más lejos, más cerca de él. Y me faltan cinco días para el atrevimiento, cuando empiece a asfixiarme su nombre y la niebla en mi cabeza sea tan espesa que no pueda pensar, que sólo pueda como una autómata acercarme tanto para acercarme de verdad, salga el sol por donde quiera.
He comes for conversation
I comfort him sometimes
I only say hello and turn away before his lady knows
How much I wanna see him
I've lost all taste for life. Eso me pasaba hace 12 días. Ahora tengo el paladar saturado. Vance dice “yes, I want to see you”: se me paran los pelitos del brazo que acaba en la mano con la que tengo que escribir, se me calza el pulso, topito mesure up your words o moriré. Tengo hambre de Historia, de palabras ajenas, de dolor provocado, hambre de lo que sea, hambre de desabrochar un abrigo que hoy no he visto, me apoyo en las paredes de los vagones del metro o en las paredes de azulejo de las estaciones y cierro los ojos, me pueden las sensaciones, me mareo, Eva sigue siendo idiota y viviendo su vida revenida, o dice: voy a comprar y tarda cuatro horas veinte y sabemos que está con ese muchacho fantasma al que creíamos cadáver en el armario. Vuelve a casa sola y no concede nada, Eva sola, Eva triste, Eva tan absurda cada día más un cuerpo con la casa, más metida dentro de la pared, como Mercedes Samprieto cuando hacía de Dama Blanca en La tía de Frankestein.
No sé cómo hacer comentarios en mi propio blog, y por eso no os contesto, pero gracias por estar por ahí, si no no me darían ganas de escribir nada.
Estimada Srta. ,
todavía no tengo idea que Vds. quieren :-(
Por lo menos intenté abrir la parte Transit como "proyecto ingresando",
pero me quedé con la pantalla vacía. (Podría ser por el disco duro
lleno.)
La memoria siendo vacía,
resultó en efecto una traducción por mano. Conservé la forma de archivo
más "sucia" que puedo imaginar y espero que es de Su gusto.
En nivel idioma, es un inglés tipo japonés. Sin dibujos es pura
adivinación, necesitaba la bola de cristal más que la computadora.
¡Que todas tengan un feliz fin de semana!
Saludos atentos
Debo de estar fatal porque hoy he jugado a Louise W. Me he vestido de rara y me he ido a comer sola al McDonalds de Sagrada Familia. Hacía un viento horrible pero aún así me he sentado en la terraza. He intentado ser lo más patética posible, y a la vista está que lo he conseguido. ¿Algo peor que comer un big mac sola frente a la Sagrada Familia, con un viento de cara de 50 km/h, rodeada de seguidores del Glasgow, y disfrazada de muchacha deshauciada?
Toda esta pandilla que no hace más que m´engueuler a la mínima, cuando cualquier milímetro mío entra en alguna de sus parcelas fantásticas cuyas delimitaciones soy siempre incapaz (y no ser capaz implica esfuerzo sin consecución) de ver, porque juro que jamás intentaría sobrepasar esos límites tan arbitrarios si los conociera.
A todas esas mujeres amargadas solas que intentan zancadillearme, gracias por devolverme las ganas de ser misógina. No me extraña que nadie os aguante, perras.
La política de mi empresa de contratar sólo mujeres nos conduce a situaciones como la bolsas de pan integral o con fibra, quesos para untar bajos en calorías, zumos energéticos, margarina light, tés dietéticos, crema de espárragos en sobre...en fin, una pena. Me he sentido sofisticada con mi fiambrera con potaje de lentejas y mi barra de pan.
Mira, anoche una chica sola subió unas escaleras y entró en un bar, se sentó y pidió un té con limón y un bolígrafo. Tocaba un trío de jazz. Ella no estaba triste, pero se encontraba en ese estado febril o nervioso en el que se encuentran las chicas cuando van a los bares solas, cuestión cultural. Durante 45 minutos, sola. Habló por teléfono con un danés y con su hermano. Luego se puso a escribir. Llegó la persona que esperaba cuando ella ya había dejado de esperar y el bar empezaba a ser un sitio con atributos más allá de la cita. Cálida luz, buen saxofonista, contrabajo patata, té con limón, mejor aquí que en casa.
Cuando llega un muchacho a un bar y se desabotona su abrigo abotonado y sorprende a una chica que escribe en una mesa al lado de una lámpara, no importa que la cita no fuera una cita, importa la calidad de la imagen y como alguien dijo, la intensidad dramática. Y la calle Aribau a las dos de la mañana.
Mi gorro por supuesto no ha aparecido. Hablé con todos los guardias de seguridad en un rasgo histérico pensando que si se lo encontraban ellos en vez de dárselo a sus novias o hijas se acordarían de la muchacita que buscaba el sábado por la tarde su gorro. Naranja. De lana. Ahora el buen tiempo ha venido a fastidiarme porque el que lo tenga no se lo pondrá ahora después del equinocio. Si el invierno que viene sigo aquí, ¿hay alguna ley que establezca los plazos de reclamación de gorros tuyos encontrados en la cabeza de otros?
Si no se hubiese acostado con la cantante no habría historia. En la elipsis de esa noche está la verdad. Ninguno de los dos habría comprendido, no habrían podido resistirse al ascensor, y si hubiera habido sexo no habríamos tenido secretitos al oído.

Adelantó su mano, de alguna manera lo decidió, acercó sus dedos a mi muñeca y tocó la gomilla del pelo que llevo alrededor. De hecho su gesto preciso fue:
Dedo con uña sobre mi suertuda muñeca, yema en gomilla, hacia un lado, hacia el otro. Me rozó la piel como tantas otras veces lo ha hecho y como dice la canción
It wasn´t accidental, he touched me
Hay historias que estallan dentro de sí mismas, que se desarrollan eclosionan y explotan dentro de su propia burbuja de posibilidad. Nacen en un segundo nadie sabe cómo y mueren dos días después. Y son tan deliciosamente bellas. Luego no las puedes contar porque cómo se aprehende algo que quizá ni siquiera ha pasado (pero estuviste allí y aspiraste la fragancia de la historia que podía ser o estaba siendo) Luego cuando todo está muerto respiras hondo y cierras los ojos apretados los párpados y el pulso en ellos. Fue bonito mientras no duró.
Ya sé cuál será el argumento de la obra. Escribiré la noche del guante de látex, éste será el escenario:

“Cuando algo te duela deja que te duela”. Pero si le tienes pánico al dolor insultarás y morderás antes de dejar que te escuezan las heridas. Tengo épocas en las que me vuelvo masoquista y lo que es peor, ávida de dolor (digamos murkovic, digamos diciembre), y ahora, que necesito dejar que me duela todo o desapareceré en la ataraxia. Creo que voy por buen camino. Por lo pronto me he caído de la cama y me ha dado un ataque de risa. Por lo pronto el Madrid encaja goles con la misma ansia que yo.
A veces me parece que estoy cerca de ti y que sé cosas. Y es porque las sé y porque estoy cerca, porque quiero. Es importante para mí, tú, quiero decir. Me das miedo. Porque a veces repulsión y otras daría muchas cosas por
tu mano en mi espalda
Y siempre me gusta estar contigo, siempre me gusta saber cosas de ti. Pero a veces me das miedo porque no sé si eres de
Clase A o Clase E,
si tú sabes que hay algo entre nosotros más allá de mis tetas o de mi manera de tener amigos, de tomar café.
Está bien así. Es como una historia en un libro, un libro que se titulara
Tu mano en mi espalda, una casa en La Caleta.
Porque
luego soy rara y soy serpiente y me pone tan triste el deseo porque alguien como yo no se lo puede permitir.
Si eres clase A no puedo decirte
tu mano en mi espalda
Si eres clase E
te lo diré y sabrás que todo es lo mismo, hay un tesoro abajo que nos resplandece y no soy una mística o una colgada o una buscadora de sangre, sólo que sé cosas que los demás no saben,
como que eres coto de veda
pero qué ganas de saltarme la valla.
Sólo se acordaba, y fugazmente, de entrar en un After con alguien a quien ni siquiera conocía, ya era de día, y luego de que una ambulancia lo recogiera tirado en una calle del Eixample a las cuatro de la tarde. Un día en el hospital, el abrigo que con tanto orgullo lució un día, cerca de la estatua de Colón, perdido, el móvil, la cartera, las ganas, muerto y perdido. Había sido su cumpleaños el día antes, organizó una fiesta en un sitio que ni siquiera le gusta y no apareció nadie, lo mejor es que unos cuantos de sus amigos lo llamaron diciendo que preferían ir a otro bar. Qué poco refinada maldad. Todos habían decidido no ir. Yo estaba a 1000 Km. Se bebió todas las invitaciones él solo.
Te lo cuenta y tú que conoces su amargura te preguntas por qué no deja que la veas. Por qué protegerse cuando ya no puede ser peor el abandono. Cuando estás muerto, ¿no sería mejor dejar que los otros vean tu cabecita cubierta de ceniza? Soplad soplad malditos. Grita, David, haz algo por salir, yo no puedo hacer nada, no puedo pisotearte el orgullo, no puedo golpear y entrar porque nunca me lo perdonarías y porque, francamente, malditas las ganas que tengo de ser tu enfermera.

Martín su Alteza Real de la Patagonia vino a cenar con una botella de René Barbier y un cuadro bajo el brazo. Juan Martín está empeñado en que se parece a Joseph Fiennes, creo que puede permitírselo porque es un centro magnético perfecto y sabe desplegar sus piezas sobre el tablero. El 1 de abril lo veremos actuar sobre el escenario y a ver si nos gusta más que en un andén de metro o en los bares (difícil).
Álvaro me dijo que había un concierto en la Cova del Drac, que fuéramos que él conseguiría las entradas más baratas. Quedamos en la salida de Muntaner, pero nos encontramos en la estación de Provença. Cómo me gusta encontrarme con la gente en el metro o en el tren, le saca brillo a todos esos viajes que haces todos los días esperando siempre algún encuentro casual que no sea casual. Y si veo a Álvaro tres estaciones antes de lo previsto y pienso en la frecuencia de los Ferrocarrils de Catalunya y las horas a las que yo he cerrado la puerta de mi casa y él ha sacado a su perro de paseo me da un mareo que casi no me deja disfrutar de habérmelo encontrado. Así que le agarro de la manga y le digo niñooo y compramos la entrada que no es más barata sino que él me invita. Luego nos paseamos por Muntaner y nos sorprendemos por la magnificencia, nos sentamos en un escalón, luego en otro frente a la boca de la estación para esperar al clarinetista fricandó.
Mirar a Álvaro es raro porque es un bebé pero si lo miras sin verlo y sólo escuchas se le nota todo el entusiasmo por vivir, y te preguntas si no será que hacerse mayor es encoger y olvidarse de lo claro que es todo a los 22, olvidarse de lo fácil que es llevar argollas en las orejas y no pensar en lo triste en lo triste en lo triste, ir a ver a Kenny Garrett y ser capaz de la intensidad. Crecer es desfallecer y apagarse. Qué asco.
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Cando salí toda la Plaça de Catalunya estaba llena de mujeres con gorros, pañuelos y foulards de color naranja.
Me dedico a cosas raras en la oficina como desincrustar la cal de la kettle, en secreto. Me gusta saber que yo he quitado las plaquitas calcáreas y que nadie lo sabe, porque ¿hay alguien que piense en los depósitos de cal de la kettle?
Modelos femeninas amateur 12-1-2004
Para producciones de fotos y videos en Barcelona necesitamos modelos amateur de 18 a 40 años. Es imprescindible tener unos pies en condiciones porque se trata de producciones de fetichismo. ¡Es un anuncio serio y no tiene nada que ver con pornografía! Las protagonistas estarán completamente vestidas y las sesiones están remunerados. Interesadas mandar email a: bcnuniversal@hotmail.com
BCN Universal
bcnuniversal@hotmail.com
Cuando vives un poco en un mundo imaginario como yo, o más bien cinematográfico, y el mundo a veces te responde, te quedas más estupefacta que si fueras una persona que viva indistintamente en lo real, nunca esperas que los gestos que tú destacas signifiquen nada para nadie. Viene Vance y arranca una hoja, y se apoya en un cristal a lo Catalano, la ciudad queda señalada, tú quedas señalada. Lo increíble es que Vance también se señala y se tacha y sabe.