El sol quema si te expones demasiado...

Intentó ver.
Una negra densidad llenó su vista.
Notó que nada en su cuerpo podía moverse.
Se concentró en un dedo.
Pasaron días sin que nada sucediera.
Escuchaba cantos, difusos como el humo, y luego silencio.
Sintió el transcurrir de las semanas y los meses.
Una voz familiar aparecía de repente y se ausentaba así, como a escondidas.
Una araña, lo supo por las muchas patas, jugó en su nariz; pasó sobre sus ojos; ella no dijo nada.
Es un sueño, pensó.
Entonces intentó gritar pero ni su garganta ni sus labios respondieron.
Quiso llorar pero sus ojos no lagrimearon.
Las semanas sucedieron a los días.
Intentaba moverse.
De concentrarse en un dedo cambió a dos y luego a cuatro, después fueron siete y al final todos.
Nada ocurrió.
Trató de sentarse sin lograrlo.
Frente a ella un reflejo opaco la retaba a moverse, a salir del sueño.
Un gusano cosquilleó desde dentro de su nariz hasta su garganta, algunos otros jugaban en su cuello y su abdomen.
Sintió el pasar de los meses y los años.
Su cuerpo ya era un tejido flaco, pero lo intentó; hasta que la ausencia de la carne la cansó de hacerlo.