Palabras, miradas, tan inmenso es tu universo, vasto sin fin, eterno y sincero, aliento inverso, necesario para mi existencia...

Los ojos parecían arderle en las cuencas.
Eran de un rojo terrorífico, como inyectados en sangre, un rojo grueso y espeso.
Las cuencas oculares parecían no poder contener esos ojos rojos.
Demasiada oscuridad contenían para poder pertenecer a un ser humano.
Ojos sin pupila, desprovistos de sentimientos, eran los ojos de un demonio o de un ser engendrado por monstruos creadores de artificios mecánicos.
Ella se negaba a creer que algo con esos ojos pudiera ser humano.
Todo podía pasarse, las garras metálicas de crueles terminaciones estriadas, la armadura iridiscente que cubría su torso, las gruesas alas negras que se abrieron majestuosamente cuando saltó a por su presa, las afilados colmillos con los que desgarró el cuello del desgraciado que ni siquiera llegó a gritar antes de ser devorado…, todas podrían pasar por adquisiciones de un Cazador, adquiridas en una de esas fábricas de armamento de nueva generación.
Pero esos ojos no...