Marzo 29, 2004

Tío Moncho y transgénicos

Ayer el pibe mío se pasó toda la tarde comiendo papas Pringles hasta que le dije que le iban a salir callos hasta en el ocote por comer esa porquería. Obviamente yo sé que los de los callos es una burrada mía, pero lo que no lo es es que las papas fritas Pringles, contiene maíz transgénico.

Se llaman alimentos transgénicos a todos aquellos que con manipulación genética se introducen genes específicos de otras especies o de la misma, en el genotipo de un organismo, es decir que muchas veces el gen que se introduce proviene del mismo género, pero precisamente la ventaja de la ingeniería genética es que permite alterar los genes sin depender de los procesos naturales de reproducción. Por ejemplo tenemos nueces brasileras a las que se les introduce genes de un pez ártico, para hacerlas resistentes a heladas. Obviamente pueden acarrear problemas de salud a personas alérgicas al pescado.

En Argentina el 90 % de la soja que se cultiva en los campos es transgénica. Las empresas dicen que son inofensivos, pero se niegan a informar en los envases el origen transgénico. Algunas companías venden aquí lo que no ofrecen en Europa o Estados Unidos. 

En Argentina existen serias deficiencias en los controles sobre los alimentos (y otros elementos de consumo masivo). Pero además, muchos alimentos, como el pan y la leche, pueden estar elaborados con organismos genéticamente modificados (OGM). 

Argentina es uno de los principales países del mundo (entre los 3 primeros) que utiliza semillas modificadas genéticamente. La soja que se siembra en los campos, un 90 % es producto de la ingeniería genética, y actualmente se suma a la lista el algodón (un 1,2% del total es transgénico) y el maíz (representa un 25 % del total).

AL decir esto, no falta algun intrépido que salte argumentando que la manipulación genética combate el hambre y la pobreza, como así también que el uso de estos alimentos libra al medio ambiente de toneladas de agroquímicos y fertilizantes. 

No seamos ignorantes - si investigamos un poquito, la ingeniería genética aplicada a los alimentos ha contribuido a aumentar y controlar un mercado que facturó 23.000 millones de dólares en 1998. 

Los organismos transgénicos no obedecen a un requerimiento de la Unicef o de la OMS, sino a la lógica misma de la tendencia del mercado. 

Sería bueno que las empresas argentinas adviertan en etiquetas si los alimentos son de origen transgénico o no. Porque bancarse que Knorr no me lo informe y si lo haga en Europa? Es mi derecho poder elegir.



Ah...me olvidaba, las Papas Pringles contienen maíz transgénico del tipo Bt 176-Novartis.

Posted by NaTáN PinzóN at Marzo 29, 2004 06:38 PM | TrackBack
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