Junio 21, 2003

Monótono anclaje

Este texto pertenece a la version 1.0 del blog:

una manzana al día... (aleja la locura mía)

Cuando me levanto pienso en cómo hacer que este día sea un poco menos estresante que el anterior.

Después de "desayunar" (nunca terminaré de agradecerle a la televisión el haberme inculcado unos valores estéticos tan destructores) con un vaso de concentrado defrutas y lácteos me voy a laducha. Me froto la piel con mi mano impregnada de un gel hidroactivo, en cuanto me he aclarado la espuma resultante del contacto del agua con el gel utilizo un acondicionador, un champú y una mascarilla con el fin de dejar bien presentable mi cabello. Me seco con una toallade rizo blanca (siemre blanca) y me embadurno la cara con un gel exfoliante que hará salir el vello enquistado de mí matinal barba antes de afeitarme, con la vana esperanza de evitar el enquistamiento del vello, me aplicaré ese gel después del afeitado, como siempre, mañana seguiré con ese rebelde vello negándose a salir de mi cara y produciéndome un inenarrable malestar.

Abro el armario y elijo un traje color siena para ir a trabajar, jamás comprendré por qué desperdicio diez minutos en elegir un traje si todos tienen elmismo corte y color.
Me calzo unos calcetines de algodón color siena, unos calzoncillos de lycra color negro y una camisa de seda italiana color blanco. Me subo los pntalones, abrocho la cremallera, cojo la chaqueta y salgo de casa con diez minutos de retraso, como todos los días.

Creo que soy un poco maniático.

La cama, que la haga Rita, supongo que mi asistenta podrá hacer una pausa mientras escuadriña en la comoda de mi cuarto en busca de dinero para adecentar un poco la casa.

¿Metro o autobús? La infancia de aislamiento forzoso a la que me sometieron mis padres no me preparo para la dura realidad del nulo espacio personal, así que cogeré el autobús.

Para variar llego justo cuando el autobús se va, por lo que toca correr tras el.

Odio correr tras el.

Los niños de la parte trasera me señalan, se ríen y me increpan, si fueran conscientes de cómo los detesto, si tan solo pudiera obtener el deseo que esta noche deseo, todos esos pequeños proyectos de hombre, esos futuros yonquis que pegaran a vuestros hijos y violaran a vuestras hijas, que se reirán en vuestra cara cuando un juez los obligue a cambiar los cartones donde duermen por la confortable cama de una cárcel, si alguien de ahí abajo me echase una mano, seguiría corriendo tras el autobús todos los días.

Creo que estoy un poco resentido con la juventud.

Recorro el medio kilómetro que separa las dos primeras paradas a carrera viva, cuando por fin subo, el conductor me sonríe, quizá esta noche alivie sus tensiones pensando en mi mientras su oronda señora ronca. Apuesto a que es de esa clase de desalmados que se ríen de los chistes de minusválidos.

Estoy sudando y odio sudar.

Para cuando llego a la oficina ya tengo a tres citas esperando, la recepcionista se me acerca, finge algo de preocupación por mi y me desliza una nota dentro del bolsillo izquierdo de la chaqueta, lleva un bonito vestido gris, el pelo recogido en un elegante pero pasado de moda moño, dos meses deslizando su numero de teléfono en mi bolsillo y dos meses esperando.

Despacho a mis tres citas y pido a mi secretaria que no me pase ninguna llamada. Me quito la corbata y pongo los pies sobre la mesa, es la hora de mi café.

Tras esa hora recibo a la mujer de un funcionario, pongo cara de interés por su obra mientras pienso en donde ir a comer. Tras dos horas pensándolo salgo a la calle y no tengo ni idea de donde recibir mi ración de carbohidratos.

En plena calle me asalta una terrible duda, ¿turco o griego? Como no me gusta la carne de perro me iré a un McDonalds y pediré una ensalada.

Tampoco es de mi agrado la carne de rata.

A las cuatro y media vuelvo a mi despacho, poder disfrutar de dos horas y media para comer hace que me apremie por no haber aceptado el móvil de la empresa.

Recibo dos llamadas de mi exmujer y me quedo a oír sonar el teléfono ambas veces. Mas tarde se presenta en mi despacho Ángel Alcázar, un educado pero pomposo marchante de arte que viene a convencerme de que Jesús Vidal es un artista único, que su arte va a revolucionar el medio (lo que me sonó muy pretencioso), mientras me habla observo su traje de corte francés, si lo hicieran en color siena me compraría un par.

He observado que no escucho a la gente que me habla, debería hacérmelo mirar.

Es broma.

Otras dos visitas citadas y una espontánea e hipócrita conversación con mi secretaria (a la que no tengo ni idea de porque he invitado a sentarse en el caro sillón de diseño de mi despacho) termino mi dura jornada laboral.

Vuelvo a casa, reviso mi cómoda y refuto lo que Rita me califico de irrefutable: “Yo no robo señor”. Me faltan setenta euros.

Un arranque de ira y dos calmantes después me siento ante la falsa chimenea y releo “Watchmen” por sexta vez. En esta ocasión me limito a buscar cuantas pintadas con la leyenda “Who watches the watchmen?” aparecen escondidas en sus viñetas. Mucha gente califica este tebeo como una de las obras maestras de Alan Moore.

Y a mi me gusta mas Gibbons.

A las once menos cuarto de la noche me preparo una ensalada mientras escucho una de las bandas sonoras de Alberto Iglesias. Lechuga, tomate, huevo duro, espárragos blancos, pepinillos y algo de maíz. Lo aliño, lo pruebo y lo escupo, llamare a algún servicio de comidas a domicilio. Alberto Iglesias es el único compositor vivo que me pone el vello de punta cada vez que lo escucho.

Excepto el que tengo enquistado, claro.

Antes de acostarme decido darme una ducha siguiendo miméticamente los pasos que doy cada mañana. Cuatro horas después me meto en mi habitación, pulso el “play” de la mini cadena y, mientras escucho a Mozart, me quito el albornoz, escojo un pijama, me lo pongo, retiro la colcha, me meto en la cama y me dejo abrazar por Morfeo.

El muy condenado se niega a acogerme en sus brazos, así que me dedico a la causa de todos los problemas del mundo.

Me dedico a pensar.

Quizá mañana haga de tripas corazón y coja el metro para ir a trabajar.
Quizá mañana haga acopio de mis fuerzas y escuche a mis clientes cuando me hablan.
Quizá mañana me arme de valor y despida a Rita.
Quizá mañana sea condescendiente y llame a la recepcionista.
Quizá eso haga que pasado mañana sea un día menos desagradable.

Que no creo...

FIN

Posted by mario at Junio 21, 2003 06:55 PM
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