25 de Diciembre 2003

El Almuerzo Desnudo

Durante ese mes el site tomo su version 4.0

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Marte siempre quiso leer “El Almuerzo Desnudo” de William Burroughs.

Se despertó a las dos de la tarde, fingió no saber que hora era y se quedó tumbado cuarenta minutos más. De repente se sintió melancólico y empezó a recordar noches de su pasado reciente, empezó a observar como cada vez le parecían menos recientes, quiso autoanalizarse y empezó a llorar, sin saber por qué, sin entender el motivo por el que memorias agradables le causaban esa sensación. Entonces se dio cuenta de lo vacío que se sintió tras su último polvo, lo poco que duró aquella satisfacción y lo mucho que significaron para él aquellos últimos gemidos de aquel último amante.

Recompuso su espíritu lo mejor que pudo y decidió darle al mundo la mejor de sus sonrisas.

Entonces se dio cuenta de que ya no le quedaban sonrisas.

Salió de la cama, se arrastro a la bañera y dejó el grifo del agua caliente abierto, mientras se llenaba la bañera el se desvestía sin mirarse al espejo, temía ver su cuerpo, su físico reflejaba su estado emocional y, por más que quisiera, le horrorizaban las cicatrices de pasados fracasos. Suya era la desdicha de ver cada día unas ojeras enormes bajo una triste mirada, unos labios cortados cuyas secas comisuras hacía tiempo que no se movían, una piel grasa que rehuía del contacto ajeno, un pelo seco que se enmarañaba sobre la frente, un cuerpo roto que albergaba una consciencia aún más rota.

Se metió en la bañera pausadamente, sintió el agua calentar sus testículos y se paró en seco, dudó unos instantes y se sumergió definitivamente.

Dentro del agua cerró los ojos y se hundió hasta la cabeza, intentó aguantar la respiración bajo el agua y, sintiendo la que la presión era muy fuerte, gritó y vació de oxigeno sus pulmones a la vez que su mente de ira.

Porque lo que Marte sentía era ira.

Hacía una vida que no quería y tenía.
Hacía un sueño que distaba mucho de materializarse algún día.
Hacía una hermana que nunca lo comprendió.

Tras dos horas salió de la bañera y se atrevió a mirarse, desnudo, empapado, vacío de nuevo. Palpó su cuerpo con una toalla húmeda y tocó su sexo con indiferencia, lo miró como si fuese un extraño habitando su propio cuerpo y entonces comprendió que la relación que mantenían sólo era rentable para uno de los dos, pensó en la alternativa mientras acariciaba su glande y se estremeció, sintió un atisbo de excitación y se paró en seco, todavía no estaba preparado para enfrentarse al frenesí de un orgasmo.

Pensó en su falta de vida social y trató de buscarle una explicación, no la halló. Quiso leer un libro y buscó uno que le gustó mucho en su juventud, entonces recordó que se lo regaló a una amiga para que lo leyera durante su primer viaje a Londres en un tiempo más feliz. Buscó su agenda de teléfonos, la abrió y marcó en su móvil el número de su hermano, colgó al primer tono y decidió deshacerse de esa agenda que siempre lo tentaba a cometer temeridades.

Marte se dio cuenta entonces de que ya eran las seis de la tarde –“Ahora que he conseguido saltarme la comida, esperaré a la cena”-, pensó y se sentó junto a la ventana de su habitación a ver tender la ropa a su vecina. Soliloquió sobre sexo y amor para sí mismo y se tumbó sobre la cama sin hacer que esa misma tarde había abandonado con desgana.

Mirando al techo tomó conciencia de cuanto se despreciaba por su nula capacidad para salir adelante, cerró los ojos tras esta revelación y se durmió, desnudo y sin cenar. Esa noche soñó con que su hermana llegaba a su casa y le regalaba “El Almuerzo Desnudo” de William Burroughs.

saberse sabio es a veces más importante que serlo
Posted by mario at 25 de Diciembre 2003 a las 04:35 AM
Comments

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