Este texto pertenece a la version 1.0 del blog:

Siete y media de la mañana.
Ahora es cuando me toca pagar los excesos nocturnos.
Estoy tumbado sobre mi costado derecho, abriendo los ojos poco a poco, enfocando cada vez más mi campo de visión. Noto una ligera molestia en mi vientre, medito seriamente si hacer algo por mejorar mi estado actual y me decanto por apartar el objeto que mi estomago aplasta contra el colchón. Acerco a mi cara el misterioso artefacto y lo asocio con un teléfono móvil. Debí quedarme dormido mientras hablaba con alguien, al desactivar el bloqueo automático del teclado, la luz del teléfono me daña la vista, cuándo me recupero veo que el último número marcado fue el de Juan. A saber de que estaría hablando con un tío al que he visto tres veces en los últimos dos años.
Lanzo el teléfono a los pies de la cama y trato de incorporarme, una arcada me deja un agrio sabor en la boca y una amarga expresión en la cara. Mientras estoy sentado en la cama, miro fijamente mi tobillo. Nunca había visto esa peca, me pregunto si la veré luego.

Me decido a levantarme y observo llevo puestos unos calzoncillos que, pese a ser muy cómodos, no son míos, un ligero movimiento con la mano derecha me recoloca el paquete en una posición más placentera para mi erección matutina. Cojo el mando a distancia del reproductor de cedés y acciono el botón en forma de triángulo, no tengo ni idea de qué es lo que hay puesto, lo cual, sinceramente, me importa un carajo, ya reconoceré el estribillo.
Resoplo mientras escucho los primeros sonidos que emite el disco, mis pies descalzos están húmedos, bajo la vista y veo que una botella de agua derramada esta estropeando un libro tirado junto a ella. Intento agudizar la vista para leer el titulo....”Meditaciones”... No tengo ni idea de dónde ha salido ese libro.
Me parece que tendré que recomponer la noche anterior si quiero averiguar algo, francamente no me apetece nada empezar a rascarme la cabeza de buena mañana, dejaré que los recuerdos me asalten a medida que la resaca se retire, de momento, mi único punto de atención esta sobre el vaso de zumo que me espera en la cocina.
Nada como el desayuno para despejar la cabeza, el espidifén también ayuda, sí, pero llenar el estomago tras un duro despertar es muy reconfortante.
Ahora mismo recuerdo que tras la cena con Isabel nos fuimos a un café teatro a tomar unas copas, la decoración era muy típica, eso lo recuerdo claramente.

Hay que ver la de tonterías que se le quedan a uno en la cabeza, no recuerdo como llegué a ponerme unos calzoncillos ajenos, pero sí que la decoración del bar dónde quizá empezó todo era espantosa. Hay veces en que me odio de un modo especialmente sangrante.
Sangre...rojo...neón... sí, lo recuerdo, un neón rojo en una zona del local... pero no era el mismo local, o eso creo... “...state of emergency...” Björk es lo del CD… céntrate Mario, céntrate…
El neón rojo... el neón rojo no era rojo, creo que era rosa o algo así, pero no estoy seguro de lo que ponía, sé que Isabel se metió con un tío raro y que luego salió ella sola riendo como una loca... no recuerdo si entre yo también.

¡Bufff! Se me esta poniendo la cabeza como un bombo. Creo que hasta dentro de dos días nada de lo que pueda haber hecho me pasará cuenta (alcohol aparte), así que será mejor que deje al propietario del libro y al de estos gayumbos descansar hasta entonces.
Y eso es lo que voy a hacer, descansar, que ya está bien de darle vueltas al coco de buena mañana.
Aunque sean las dos de la tarde.
