Encendió el ordenador e, inmediatamente, consultó los mensajes que le esperaban en todas las páginas de contactos que albergaban perfil suyo alguno.
Se decepcionó tanto al no encontrar nadie lo más remotamente interesante que acudió a un chat para solucionarse el calentón que recorría su entrepierna, tenía muy claro lo que quería, y encontraba particularmente molesto saber exactamente lo que buscaba y no encontrarlo.
Tocó su sexo, que estaba caliente.
Cogió su agenda de teléfonos y le dió un rápido vistazo, nadie, ni un sólo contacto que valiera la pena volver a llamar. Cerró la agenda y volvió a mirar la pantalla de su ordenador.
Tocó su sexo, que se iba hinchando.
Tras minutos de inmovilidad frente almonitor, se levanto a por algo de beber.
Tocó su sexo, que seguía hinchándose.
Ya en la cocina oyó la inequívoca señal acústica de un nuevo mensaje en su bandeja de entrada, corrió hacía el escritorio y lo vió, lo leyó, lo volvió a leer.
Tocó su sexo, que ya estaba erecto.
Tras leer el mensaje no pudo más que meter la mano en su pantalón y estimular su glande, cogió con la llema de los dedos el líquido preseminal que expulsó su glande y con él se humedeció el pezón izquierdo, lo pellizcó y acarició tantocomo quiso, jugó con el hasta que, irremediablemente excitado sacó su polla del pantalón y empezo a masturbarse.
Arriba y abajo, dando giros con la muñeca, ejerciendo presión dónde creía oportuno, eyaculó violentamente entre gemido y gemido y lamió el poco líquido que cayó cerca de su boca.
Una vez solucionado el pequeño inconveniente de la erección matinal fue al aseo para darse una tonificante ducha. Se paró frente al espejo y pasó su mano sobre su vientre, dejó caer el pantalón y contempló su bella anatomía, sus torneadas piernas, su aún caliente miembro, goteando el poco semen que no estaba esparcido por su pecho.
Su sexo empezó a hincharse de nuevo y decidió meterse en la ducha.
Tras la tonificante y necesaría sesión de higiene sonó el timbre, parece ser que su cita se adelantó, o quizá fue él quien se ensimismó admirando su propio cuerpo, de cualquier modo, ÉL ya estaba allí.
Se decidió por abrir la puerta con una escueta toalla.
Su visita no pudo agradecer de otro modo la bienvenida que inclinandosé ante él y besarlo húmedamente mientras se deshacía de la toalla de su anfitrión y empezó a agarrar sus nalgas.
En pocos segundos ya se había visto arrastrado hasta el interior de la casa, dónde sobre la alfombra con motivos gigerianos el agradecido visitante estimulaba oralmente el pene de su señor. Sujetó con sus manos los tobillos del anfitrión y, alzandolós, metió su larga y brillante lengua por el culo de su pareja, lamiendo arriba y abajo, entrando y saliendo hasta que esta le suplicó que lo penetrara.
Y lo hizo suavemente al principio, metiendo el glande para seguir con el resto de su grueso miembro, inició entonces un rápido vaivén de embestidas hasta que, una vez convenientemente dilatado, sacó su verga y la volvió a introducir en un mete-saca que el anfitrión disfrutó como sólo él mismo sabía.
Cuando el huesped se corrió lleno el culo de su compañero de un maravilloso viscoso líquido amarillento, intentando meterlo en su boca con la lengua, se puso enfrente de su satisfecho anfitrión y le beso, llevando así su semilla, el más dulce de los néctares, hasta los labios de su amado.
Y, así tan pronto como le entregó toda su simiente, se levanto, vistió y marchó, dejando de nuevo a nuestro protagonista vacío, bien follado, pero vacío.