Dejando de lado el amor y ciertos odios infundados
con más o menos razón
poco nos queda por no decir
que nada.
Dejando de lado algunos amores infundados
que podían no haber sucedido
o si
nada hubiera cambiado
o si.
Y añadiendo al azar un par de causas
imposibles:
tiempo invencible y monótono;
costumbre y gritos demasiado altos.
Y añadiendo las mentiras ineludibles y de rigor
piadosas algunas, febriles otras,
crueles las más.
Y añadiendo el desafio de imponer tus defectos
sobre las pocas virtudes
que sobreviven
al tiempo.
Y añadiendo los estragos causados
por desdenes
amables y otros ofensivos.
Queda tan poco
que parece ser nada
que parece ser menos
de lo que fue en esa realidad
de dos.
En esa realidad jugada a medias
en esa vida
vivida a medias,
eso que llamamos, comunmente,
amor.