Diciembre 12, 2003

Bang, bang

Miró al tipo gordo dudando si descerrajarle un tiro en el estómago que acabase con su sufrimiento: un matrimonio roto, su mujer abandonada que se folllaba al primero con el que se cruzaba, dos hijos a los que no sabía como querer, una amante de rebajas obtenida en la red con la que jugaba a ser Adán y Eva en un paraiso de cristal construido con mentiras. El tipo gordo no se atrevió a mirarlo a los ojos mientras no dejaba de juzgarle ante el atónito auditorio; otras seis personas sentadas alrededor de la mesa. Sólo sonrió mientras pronunciaba las palabras proféticas que auguraban una dulce venganza: "Abusa, abusa". La conversación pronto transcurrió por otros derroteros mientras desaparecína los ecos de los últimos juicios, como una hoguera falta de leña que acaba por morir.

La ocasión la pintan calva y no es que el tipo gordo anduviese sobrado de pelo, así que cuarenta minutos más tarde se lo encontró en un pasillo de doble dirección, su ancha silueta recortándose a contraluz. Dudó si explicarle las razones por las que se había convertido en un jodido gusano; las palabras que atufaban a traición, su sibilina insistencia en dirigir ciertos negocios, los engaños que no engañaron a nadie y el resto del largo etcétera. ¿pero para que? Posiblemente para escuchar sus excusas que nunca fueron convincentes, pero ultimamente menos. Así que sin molestarse en darle siquiera las buenas tardes de rigor sacó una Beretta Cougar, apoyó el cañon en su cabeza y disparó una sola vez, un agujero perfecto, no se merecía más.

El tipo gordo cayó al suelo con el ruido sordo de sus 110 Kg contra la madera.

Tal vez ahora tuviese en cuenta que hay palabras que pasan factura, más pronto de lo que se cree. O no - pensó sonrindo mientras guardaba la pistola dentro de la chaqueta.

Escrito por J. Trallero a las Diciembre 12, 2003 11:39 PM
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