Esta obscuridad que llena la boca
agria espuma de cerveza negra.
Estas oxidadas rejas que eternizan mi soledad
Las aceras se derriten de calor
aunque hace un frío del carajo,
me vuelvo loco buscando una explicación
que ordene un poco todo esto.
Este ruido que rompe mis oidos
reventando mis tímpanos.
Esta sordera de quien nada le queda.
El paso de cebra que no detiene
la mala educación,
el frenazo iracundo de quien pisa
al debil a insultos.
Esta inquietud que asola, tan sola,
tan necesaria, tan estridente.
Estas manos vacías, carentes de dulzura o cariño.
La soledad que no se añora,
que no se firma a pie de página.