Una de aquellas baladas con las que Elvis
detenía el tiempo a tu alrededor.
Eras tan joven, tan bonita,
que hubiera jurado que te quería
para siempre
en el hotel del corazón quebrado
o donde quiera que estuvieramos
pero nada es tan eterno.
Anque continues solitaria ciertas noches
y recuerdes que yo fui aquel, primero y único
que te enseño a mentir,
a besar... o no.