He dejado de buscarte entre la multitud. Buscaba tu cara, que tras la segunda copa aparecía mas vívida de lo que sereno puedo recordar y sólo veía un desfile de rostros anónimos y ninguna de las mil o dos mil rubias que oteé buscándote se parecía en lo más mínimo a ti. Ninguna tenía tus párpados agachados y tu mohín de tristeza - ese si lo recuerdo más de lo que quiero - pero el tiempo ha pasado y ahora tan solo te recuerdo si recorro una de las 24 calles que recorrí contigo y voy lo suficientemente borracho, sino no.
Es triste decirlo así, pero tampoco te mereces más aunque me gustaría invitarte a un café para saber que ha sido de ti, sin embargo tu teléfono está en mi vieja agenda que no sé donde quedó.
Supongo que te habrás casado y tendrás uno o dos churumbeles, espero que seas feliz y todo te vaya todo lo bien que querías, aunque me parece que no sabías ni lo que querías ni, lo que es peor, lo que no querías. Pero de todos modos desearte felicidad no me cuesta nada y soy más cínico de lo que era cuando nos conocimos y te besé aquella madrugada que nada tuvo de madrugadora.
He dejado de buscarte entre la multitud porque no sabría que decirte si te encontrara, sin quererlo, un día, incómoda casualidad.
Escrito por J. Trallero a las 12 de Enero 2004 a las 01:02 AM